Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE LO PENSARÉ MAÑANA La ola educativa catalana POR E. RODRÍGUEZ MARCHANTE I uno fuera francés, viviera en París y tuviera un hijo en edad escolar, podría leer el llamado Pla per a la llengua i la cohesió social (no hace falta traducirlo del catalán al español) y sorprenderse, o reírse, o aburrirse... en fin, cualquier cosa. Pero si uno es español, vive en Barcelona y tiene un hijo en edad escolar, al leer semajante plan no puede más que preocuparse, asustarse o mirar los horarios de vuelo. Y si quiere tener pesadillas con uniformes y desfiles, puede leerse lo que la Generalitat llama El projecte S lingüístic per als centres educatius de la Catalunya del segle XXI De un modo melifluo, sibilino, convergente, el texto muestra y a la vez oculta sus intenciones, sus objetivos, que así se definen con esa verborrea propia de quien te va a vender una burra: Los objetivos del Plan son adecuar la metodología de inmersión lingüística a la nueva realidad de las aulas y la diversidad lingüística y cultural Tras varias páginas de seminarios, aplicaciones, programas, planes, cohesiones y más ruido de botas, se llega al apartado La nova inmersió en el que se pueden leer puntos realmente bochornosos, co- mo el que propone que los padres y madres han de compartir esos objetivos de inmersión y han de desarrollar actitudes positivas (es decir, que ellos mismos se han de comprar un traje de neopreno para estar a bien con el Plan) o este otro que da vergüenza hasta transcribir y que dice que se han de concretar los contextos situacionales dentro y fuera del aula donde se produce la adquisición de la lengua. El docente ha de asegurar, desde el primer día, que cada uno de los alumnos tenga una adecuada comprensión de los inputs a través de un lenguaje muy contextualizado y de soportes no verbales, en el aula, en el patio, en los pasillos... O lo que es lo mismo, Jordi, te he oído hablar en castellano por la calle. Que no vuelva a ocurrir... Con todo el fárrago de que son capaces, en su proyecto para el Siglo XXI incluyen apartados sobre las actividades no docentes en los que alertan a educadores y padres de la conveniencia de no apearse nunca del catalán con sus hijos, ni dentro ni fuera, ni aquí ni allá, con el fin de evitar la percepción de diglosia o sea para que no parezca que el catalán es el idioma sólo académico y sufra algún menosprecio con respecto al español si se utilizara éste para actividades lúdicas y más estimulantes. En fin, y el ruido de botas se convierte ya en un a formar y taconazo cuando se lee el apartado evaluación que propone evaluar al alumnado no por sus conocimientos de la lengua, sino que se ha de hacer una evaluación más personalizada, en la que tenga más peso su actuación global, interactiva y real... o sea, si no habla castellano en los pasillos. En la película La ola tras ensayos de este tipo empiezan con los uniformes, el saludo y la bronca con los no uniformados. TIRA Y AFLOJA Por César Oroz NO SIEMPRE ES DOMINGO La tiranía del deporte POR XAVIER PERICAY unque es historia vieja y algo trillada, no queda más remedio que volver a ella. Y no porque lo dicho y oído no sea, en general, pertinente, sino porque olvida, a mi entender, lo esencial. Me refiero a la creación de un Ministerio del Deporte, que el presidente Rodríguez Zapatero, haciendo gala de su proverbial inconsciencia, prometió para cuando advenga la próxima crisis ministerial. Entre las múltiples razones aducidas para oponerse al propósito presidencial están, en primerísi- A mo lugar, las que resultan de la coyuntura económica. En tiempos de crisis, sólo falta que nuestros gobernantes, en vez de reducir- -o, como mínimo, procurar contener- -el gasto de la Administración, lo fomenten sin necesidad ninguna. Y, además, de forma estructural. Si bien los ministerios, en cualquier Gobierno, son de quita y pon, cuando su engendramiento no reviste otros tintes que los ideológicos o propagandísticos- -como es el caso, en España, de los de Igualdad y Vivienda- -tienen la vida asegurada. Al menos, mientras sigan mandando los que mandan. Pero, dejando a un lado estas y otras razones, lo que en verdad justifica una oposición decidida a la hipotética creación de un Ministerio del Deporte es, por muy paradójico que parezca, el papel cenital que ha adquirido en nuestras vidas la propia práctica deportiva. Y, en especial, quienes la protagonizan. Como muy bien observa Robert Redeker en Le sport est- il inhumain? el deporte y sus estrellas han ido ocupando el lugar que otrora ocupaba la política- -entendida como la actividad de quienes rigen los asuntos públicos, pero también como la imprescindible intervención de los ciudadanos en esos mismos asuntos- Y en ese proceso, auspiciado por los medios de comunicación y que ha terminado por convertir a la propia política en un espectáculo, los intelectuales han tenido mucho que ver. Baste recordar, por ejemplo, la ex- plosión de adhesiones inquebrantables generada este verano por la conquista del Campeonato de Europa de Fútbol. O los sempiternos artículos de ilustres plumíferos cada vez que se avecina un Barça- Madrid. Así las cosas, elevar el deporte al rango ministerial sería el colmo de los despropósitos. Y es que el deporte, como la cultura, debería seguir cosido a la educación. Sí, al Ministerio de Educación, como una parte más del proceso formativo. Este es su lugar en la esfera pública, el único razonable. Uno de los grandes errores de los socialistas fue la creación, a imitación de nuestros vecinos franceses, de un Ministerio de Cultura. Desde entonces, la política cultural ha consistido básicamente en fomentar el espectáculo y el negocio, subvencionando a espuertas. Y está visto que no hemos escarmentado.