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7 12 08 LA IMAGEN Trapos sucios de Bombay TEXTO: FERNANDO PASTRANO FOTO: PILAR ARCOS os graznidos de los cuervos- -ubicua banda sonora de la India- -sobrevuelan el paraje. Treinta y un grados a la sombra, 80 por ciento de humedad. El olor a gasoil mal quemado pugna con el hedor a cloaca de la miseria y la fragancia angelical de la ropa limpia. ¿A qué huelen las nubes? A Dhobi Ghat desde luego que no. Porque Dhobi Ghat es un enorme descampado- -donde podrían caber varios campos de fútbol- -dedicado exclusivamente a lavar la ropa. La mayor lavandería al aire libre del mundo se encuentra en medio de Bombay, una de las mayores urbes de la tierra (20 millones de habitantes) con vocación de ser la más poblada en pocos años. La construyeron los británicos a finales del siglo XIX para limpiar los uniformes de sus tropas. Ahora tiene más de mil pozas de cemento para empapar, mesas para enjabonar y largas cuerdas para- -cuando el monzón lo permite- -secar la ropa ordenada por tipos (saris, dhotis, salwar kamis... y por colores. Cerca de diez mil lavanderos (dhobis) todos hombres, en tres turnos que cubren las 24 horas, despachan a diario cerca de un millón de prendas por un salario de unas 150 rupias, poco más de dos euros. Bombay, epítome de la India, es una ciudad de trapos sucios- -no sólo los de Dhobi Ghat- -lavados y vueltos a lavar. Limpios y relimpios hacen que la ciudad reluzca como el motor de la potencia emergente que es, con el casi el 40 del PIB del país, con la bolsa de valores más antigua, los bancos más activos, la mayor producción de software y el mayor número de empresas de outsourcing (externalización) Y, sobre todo, con esa sonrisa multicolor, sonora, deslumbrante que es su industria cinematográfica, Bollywood, con el doble de producción que Hollywood. Bandra y Marine Drive, dos barrios pijos de Bombay, quedan muy lejos del lavadero, pero casi al lado están los de Dharabi y Kamathipura en los que ni la policía se atreve a entrar. Andurriales en los que vivió a sus anchas el mítico terrorista venezolano Carlos y donde se supone que campan por sus respetos los acólitos de Dawood Ibrahim, uno de los capos del narcotráfico más buscados del mundo y del que se sospecha que está detrás de los atentados de 1993, 2006 y la semana pasada. L