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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE unos pescateros de Niza. Su segundo matrimonio con un acróbata portugués... Queda muy atrás la tragedia íntima: la muerte de su madre, aquella tarde de 1982, cuando el automóvil deportivo que conducía Grace de Mónaco se precipitó por una de las cornisas donde Grace Kelly se había abrazado con Cary Grant, en secuencia filmada por Alfred Hitchcock. La Princesa, ya madura, mira hacia atrás sin ira, pero con melancolía. De su madre guarda la imagen de una mujer muy bella, enamorada de un padre principesco que la hija recuerda por su humor más negro. Como Princesa, Estefanía asume sus responsabilidades oficiales. Su hermano, el Príncipe reinante en su diminuto reino de opereta cosmopolita, fue su primer amigo y cómplice, consagrado ahora a inventar el Mónaco- Monte Carlo del siglo XXI, robando tierra al mar, construyendo un reino de nuevo cuño, orgulloso de su frágil independencia en la nueva geografía del poder, la influencia, el lujo y las instituciones internacionales. Estefanía asume con rigor sus nuevas responsabilidades como Princesa, como presidenta del Festival mundial de circo de Mónaco- Monte Carlo, como presidenta de la fundación de lucha contra el sida de Monaco, sin esquivar las huellas inolvidables de su pasado íntimo. En definitiva, tras la reforma constitucional deseada por su padre y consumada por su hermano, recuerda la Princesa, sus tres hijos también están en la línea sucesoria. Carolina y sus cuatro hijos la preceden. Pero ella misma y sus tres hijos no pueden olvidar su puesto en el orden sucesorio. Louis y Pauline Ducruet, hijos del primer marido de la Princesa, de quien se divorcio tras una penosas fotografías con el bañador caído, junto a una piscina, víctima de una pasión apremiante, también son herederos de los Grimaldi. Como Camilla Gottlieb, hija de una pasión circense de su madre. Corriendo un tupido velo sobre dos matrimonio fallidos en doce y catorce meses, Estefanía exige para sus hijos el respeto debido a los posibles herederos de un reino defendido por su linaje fa- Un reino de nuevo cuño miliar desde hace seis siglos, en un diminuto peñón que fue sucesivamente genovés, español, italiano y francés, para recobrar siempre una independencia que es la divisa familiar más profunda. De ahí, quizá, el orgullo con el que en su labor de periodista la más joven de los Grimaldi avanza y luce con elegancia sus otros talentos de cantante y modista de moda. Estefanía fue millonaria en dólares, cantando y vendiendo discos, antes de que existiera el euro. Y pudo hacer una carrera en California, donde vio cómo algunos de sus amigos se quedaban tiesos en una bañera de lujo, víctimas de la basura del caballo o la nieve sucia comprada en los hoteles de Beverly Hills. Y reclama un puesto propio en la historia de la moda europea de finales del siglo XX. Yo inventé cosas que luego asumieron grandes modistos dice la Princesa, orgullosa de sí misma: Me divertía ser creadora de moda. Estaba muy por delante de mi tiempo. Cuando creé mi línea de ropa sport, Pool Position, yo inventé los leggins (medias apantalonadas) en algodón Fui la primera, con Asedien Alaïa en imaginar la ropa de moda en lycra. Las vendedoras de los grandes almacenes, y muchos fabricantes, pensaban que estaba loca. Luego... Luego... la Princesa decidió sentar cabeza. Dentro de un orden. Quedan muy lejos sus canciones inspiradas en Las flores del mal de Baudelaire. Adiós a la California que se precipitaría en heroin chic y otras locuras de juventud. Sobre su marido pescatero, mejor correr un tupido velo. ¡Dejarse fotografiar con el culo al aire, el esposo de una Princesa! Exit igualmente del marido acróbata de circo. La Princesa se debe a su rango. Y a sus hijos. A las leyendas familiares, que ella cultiva con pudor: Todo se lo debo a mis padres. Mi madre me decía: Sé tú misma sé fiel a ti misma Esa fidelidad también pasa por la construcción de una imagen siempre cambiante. Hace veinte años, la Princesa se dejaba fotografiar por Helmut Newton, en Mónaco- Monte Carlo. Hoy son Mario Testino, Thomas Lagrange o Peter Lindbergh quienes disparan, intentando captar algo del perfume y los pigmentos de colores de una piel de mariposa fascinada y curtida por las luces artificiales de la vida nocturna más cosmopolita. Detrás de ese ejemplar único de princesa de la noche, esperando el Vladimir Nabokov que encuentre su nicho exacto, en el catálogo de las más bellas mariposas de la Costa Azul, la Princesa revolotea sin cesar por los senderos más oscuros y tentadores de un reino encantado. Sé tú misma