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7 12 08 ACTUALIDAD Estefanía que repasa su vida con gracia de mujer de mundo, desenvuelta, coqueta, sabia... POR JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL EN PARÍS stefanía de Mónaco cambia de imagen sin cambiar de vida, dando un nuevo rumbo a su condición de mujer libre, madre alejada de sucesivos matrimonios, artista circense reconvertida en empresaria de lujo, cantante por vocación, modista de tradición erótico- subversiva, Princesa que luce con tatuajes su libertad de costumbres y sus amoríos no siempre difuntos. Vogue tuvo la idea de ofrecer a Estefanía el cargo de directora de un número especial de Navidad. Y la Princesa asume el cargo con mucho brío, para pasar revista a su vida con la gracia de una mujer de mundo, desenvuelta, coqueta, sabia, oscilando entre varios estilos no siempre incompatibles: chic canalla de dos matrimonios de doce y catorce meses, respectivamente; heroin chic de jovencísima cantante refugiada en Los Ángeles, que descubre cómo la muerte llama a sus ángeles amigos tocados con la nieve que no es la nieve de Blancanieves; glamour chic de hija de otra princesa de leyenda; glamour deportivo de la joven diseñadora que barre imaginando bañadores de rompe y rasga; cantante de tonos trash principescos y jazzy pop, innecesariamente millonaria; mamá madura que sabe lo que cuesta ganarse la vida y no duda en abrir una tienda de moda y un restaurante en la Costa para La Princesa pasa revista a su vida Estefanía de Mónaco se reinventa como periodista, como directora de un número especial de Navidad de Vogue, en el E La Princesa, ya madura, mira hacia atrás sin ira, pero con melancolía. De su madre guarda la imagen de una mujer muy bella, enamorada de un padre principesco He tatuado mi cuerpo a lo largo de más de veinte años de mi vida. Cada tatuaje, en mi piel, es una huella profunda de momentos inolvidables. No los oculto confiesa dar ejemplo a sus tres hijos de padre hijo de pescatero, guardaespaldas y acróbata circense, respectivamente... Estefanía es todo eso y mucho más. Y lo lleva a flor de piel con gracia discreta y desafiante a un tiempo: decidió tatuar su piel, al rojo pasión, para marcar su cuerpo con las huellas de una vida sorbida con pasión a cada instante. Quizá los tatuajes de la princesa sean la parábola más íntima de su libertad audaz y desafiante, una locura de juventud asumida con el garbo de una señora cuarentona que pudiera parecer diez años más joven, gracias a una dieta y una gimnasia de deportista de alto nivel. Jamás se me ha pasado por la cabeza borrar o hacer desaparecer ninguno de mis tatuajes comenta. Y agrega con irónica simplicidad provocadora: Mis tatuajes forman parte de mi vida. Son la huella de mis pasiones, mis aventuras, mis deseos, mi forma de entender el mundo y mi libertad. He tatuado mi cuerpo a lo largo de más de veinte años de mi vida. Cada tatuaje, en mi piel, es una huella profunda de momentos inolvidables. No los oculto, jamás, ni siquiera cuando estoy en bikini. Los tatuajes son, para mí, un símbolo de libertad. Para cada tatuaje elegí un lugar bello de mi cuerpo, en lugares que serán los últimos en envejecer. No me gusta la idea de un tatuaje en una piel arrugada... A través de sus tatuajes íntimos, Estefanía evoca de manera elíptica la historia de sus pasiones de juventud. Su primer amor fugitivo. Sus primeras ilusiones mundanas. Su celebridad como cantante. Su pasión por la moda. Su primer matrimonio con el hijo de Pasiones de juventud