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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE IN MEMORIAM Gerald Schoenfeld Un rey Midas de la escena Puesto al frente de una empresa teatral en bancarrota, reinventó Broadway con espectáculos como Cats, A Chorus Line o El fantasma de la Ópera. Murió el 25 de noviembre, dando consejos a sus colegas POR EDUARDOCHAMORRO o inventó el Sueño Americano pero sí supo convertir Times Square en el centro de un sueño llamado Nueva York, y de transformar Broadway en una factoría de musicales que dieron la vuelta al mundo con un renovado catálogo de expresiones para el teatro de los hombres, las mujeres, los animales, las cosas y los fantasmas. Sobre todo si se trataba del Fantasma de la Ópera: el musical con la más prolongada permanencia en la escena neoyorquina. Era judío, nació en Nueva York en 1922, estudio leyes y al volver de la guerra encontró trabajo en un despacho de abogados con un cliente, la Shubert Organization, propietaria de una cadena de teatros que en 1972 se encontraban a las puertas de la bancarrota. JJ Schubert, uno de los tres hermanos fundadores de aquella empresa tan en precario, decidió enseñarle cuanto sabía. Y Gerald Schoenfeld demostró ser un alumno avispado y tan despierto como para quedarse con la empresa cuando su maestro falleció. Hubo de resolver algún que otro pleito con quienes competían por la propiedad, pero no vaciló ante la oportunidad de conseguir el mando de la empresa y la capacidad de variar su repertorio. A partir de ese momento demostró que podía tratar a los dramaturgos con un desapego y un desdén similares a los que presidían la relación de Alfred Hitchcock con sus actores y actrices. La Shubert Organizatión, y la Fundación subsidiaria del mismo nombre- -una especie de ONG del y para el teatropasó a ser la mayor empresa teatral de los Estados Unidos, con diecisiete teatros en Broadway, más el Shubert de Boston, el Forrest de Filadelfia y el National de Washington. Puede que el mejor acierto de Schoenfeld fuera el de aplicarse a sí mismo una desconfianza cercana a la que aplicaba a los artistas. Por eso buscó y logró la ayuda de un colega, Bernard B. Jacobs, con el que compartió criterios, juicios, N decisiones, destinos y fortunas durante veinticuatro años, hasta la muerte de su amigo y socio. En ese momento, 1996, la Shubert Organization alcanzaba una cotización de 300 millones de dólares. Una cifra impensable a comienzos de los Setenta, cuando Schoenfeld y Jacobs supieron hacer frente a la amenaza de la bancarrota mediante el contrato de tres espectáculos afortunados: Pippin Equus y A Chorus Line una producción que en 1975 consiguió un premio Tony y el Pulitzer. No pretendían otra cosa que ganar dinero para salvar la empresa que tenían entre manos. Pero algunos críticos aseguran que salvaron el teatro neoyorquino. Una se- mana antes de su muerte, Schoenfel acudió al estreno de Dividing the Estate en el Booth Theater donde felicitó al director de la obra: Para salvar este negocio- -le dijo- hay que reflotar continuamente los barcos Pero cuando las cosas no funcionaban podía demoler los escenarios. Lo hizo a principios de los Ochenta, para hacerse con un solar que vendió. Tu no produces nada, Schoenfeld- -le dijo entonces David Mamet- Sólo sabes destruir Calla, vago le respondió Schoenfeld, que pocos años después volvía a contratarle. Sabía gozar del teatro. Murió sin perderse un estreno y sin dejar de festejar el éxito de sus discípulos. Con Al Pacino y Ricardo III Le gustaba ganar dinero. Pero gozaba del teatro y de dar consejos a monstruos como Al Pacino, a quien abraza antes de una representación de la shakespeariana Ricardo III Convirtió Broadway en una factoría de musicales que dieron la vuelta al mundo. El Fantasma de la Ópera, a la izquierda, ha sido el clásico de las postrimerías del siglo XX. A la derecha, Cats, el felino espectáculo también apadrinado por este magnate de la escena Factoría de musicales