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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE EFE Herminia Buceta muestra la puerta de su casa. Su ex marido, que confesó que quería matarla, la forzó para acceder al domicilio MIGUEL MUÑIZ la autoridad. Para su novia comenzó en ese mismo momento su particular cruzada y calvario, al lado del animal del que se enamoró. La de Herminia se había finiquitado con la deseada separación en 1995 del hijo del sastre de Mourente que en su día la cortejó. La llevó al altar hace ahora 35 años. Para la contrayente, su infierno comenzó casi tan pronto como su matrimonio, pero se recrudeció con el tiempo. Al principio era normal, y yo lo quería. ¡Por eso llegó el enlace! Pero luego, empezó a beber, y muy mal. Siempre esperas que cambien las cosas, y... ¡qué sé yo! teníamos cuatro hijos, yo no trabajaba, ¿a dónde iba? Eché mis cuentas y aguanté hasta que se fueron haciendo mayores. Él ya era en esa época la maldad personificada puertas adentro rememora. Su martirio aún la encrespa. Si no hacía lo que él decía, ya estaba la fiesta armada continúa. Juntos estuvimos bien los primeros años, muy pocos, porque su mal beber lo estropeó todo Los regalos mudaron en cardenales, las comidas y cenas en agarradas, y las salidas nocturnas en encierros forzosos. Ella calla muchos episodios dolorosos, pero los desvela Aurora, la mayor de sus hijas, de 34 años, que lleva la contabilidad a unas empresas. La agarraba del cuello, muy fuerte. A veces le metía la cabeza en el lavadero para pe- Aguantó por sus cuatro hijos garle allí mismo. Aguantaba por nosotros relata Aurora. Olga es la hija pequeña, con 28 primaveras y una niña de ocho meses. No sólo repartía azotes; a mi madre la denigraba, abusaba de ella; y en ocasiones nos echaba a dormir a la calle al frío manifiesta. Manuel es su hermano. Treintañero, y fontanero de profesión. Bebía vino, y cubatas de Larios con Cola; y nos daba panaderas (cachetes) a mí también; mi madre aparecía con los ojos hinchados, y nosotros con correazos en las piernas El joven atiende a ABC en el segundo piso del número 28 de Ángel Limeses, la planta que le quedó a su progenitora tras la ruptura. En el domicilio no hay una sola fotografía de su padre. Lo repudia. Ni siquiera guarda aquellas de cuando salían a cabalgar, antes de las masivas ingestas alcohólicas. Las tiramos, ¿para qué queríamos verlo? Manuel narra que, desaparecido el vínculo conyugal, Máximo, como también se le conoce, ocupó el primer piso del edificio. Primero llevó con él a una novia de Lalín, con la que estuvo tres años, y que lo dejó por maltrato. Más tarde, a Rosario Peso, de la que fue amante y, finalmente, su ejecutor confeso. Tenerlo ahí era insoportable asegura. Y viene a la mente el salvaje caso de Ana Orantes Ruiz, de 60 años, que encontró una muerte brutal el 17 de diciembre de 1997. Su ex marido, José, le prendió fuego después de ¡Que les den por el culo! Un año de prisión y 20.000 de las antiguas pesetas de multa. El 2 de octubre de 1995, el Ford Granada que conducía Maximino Couto Durán se llevó por delante a la motocicleta en la que circulaban Juan Fuentes Eiras, de 26 años y natural de Poio (Pontevedra) y su esposa, Celeste Acuña López, de 24, y oriunda de Marín, municipio de la misma provincia. La pareja estaba a punto de cumplir dos años de casados, y tenían en común un bebé de apenas dos años, y que en la actualidad ha cumplido los 14. El recluso que mató a su novia e hirió a tres personas el pasado fin de semana iba hacia Marín, y la pareja a Pontevedra. Ebrio y sin las luces puestas, se les cruzó en la carretera. María del Carmen Fuentes sufrió un escalofrío cuando vio de nuevo el nombre de este hombre en un episodio sangriento. Cuando pasó lo de mi hermano, llegó a decir ¡qué les den por el culo! y como antes, las leyes no eran tan duras, le salió barato el accidente Herminia Buceta se acuerda de aquel infortunio, y su hijo Manuel que no olvida la frase de su padre: ¡Que se jodan, que iban a toda ostia! rociarla con gasolina en el chalet que compartían, ella arriba y él abajo, desde que habían puesto tierra de por medio a su matrimonio. Manuel detalla que su viejo era albañil y que trabajó en la fábrica de cloro de Elnosa, en Pontevedra. Hace dos décadas lo despidieron por su difícil carácter y, enfadado por la destitución, estudió fastidiar al mensajero: intentó clavarle unas tenacillas al encargado. Afortunadamente, no exhibió su saña con esta acción. Es cruel, pe- ro viene de familia de pasta, y muchos por pelotear hicieron siempre de abogado del diablo evoca su vástago indignado. Rosario ideó una hoja para sacarlo de la cárcel, y se la firmaron varios, e incluso decían que le pegábamos nosotros alega. Herminia lo suscribe, y aventura que algunos lo pensarán ahora también En Mourente residen dos hermanas del recluso. Una es Olga, y no entiende su infernal deriva. ¿Por qué? pregunta. Solamente se ha puesto en contacto con nosotros una de mis tías paternas; la otra no ilustra Manuel. Ana, de 32 años, y empleada en un geriátrico, es la última de sus hermanas. A ella le cuesta más hablar. Quizás porque sabe que la cárcel no ha frenado la violencia de este maltratador reincidente. La familia, al completo, se pregunta qué buena conducta habían visto en el convicto para la concesión de un permiso penitenciario. Saben que le tocaba salir próximamente, el 19, y que entonces habría hecho algo parecido, pero no comprenden el regalo de esta salida, ni de las cuatro anteriores apuntan. Rosario suplicó al director de la penitenciaría, José Antonio Gómez Novoa, el tercer grado para su compañero. Se le dio, porque cumplía todos los requisitos y los informes eran favorables justificó el responsable del centro, que cuando dirigía la cárcel de Ta (Pasa a la página siguiente)