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7 12 08 ACTUALIDAD Los agentes escoltan al convicto Maximino Couto Durán, de 60 años. Manuel, hijo del recluso, cuenta que el alcohol lo ha desfigurado físicamente por completo Era la personificación de la maldad puertas adentro Maximino Couto era una bestia que, si no se hacía lo que pedía, molía a golpes a su mujer. Así, un infierno de 22 años de infame matrimonio. Su última novia rogó para él la libertad y el preso se lo pagó matándola TEXTO ANA MARTÍNEZ l pasado 29 de noviembre, Herminia Buceta Luna estaba en Portas, su pueblo natal, auxiliando a sus consuegros en la secular matanza del cerdo. A no muchos kilómetros de allí, Maximino Couto Durán, su marido durante 22 agotadores años, pergeñaba la orgía de sangre que invocó tras los grilletes de su celda, en la prisión pontevedresa de A Lama. Ingresó el 24 de mayo de 2006. El suceso que propició su condena se inventarió en 2004. Ocurrió en enero. Vivir con un verdugo policías trataron de persuadirla para que denunciase, ante el temor de que estos lances degenerasen. Cuando ya se marchaban, llegó un Audi y, al volante, iba el instigador. Ultrajó a su primera y única esposa (la llamó puta y vejó a una de sus hijas. Le pegó una sonora bofetada, la tiró al suelo y escupió sobre ella. Los efectivos se arrojaron sobre aquel sujeto para tratar de reducirlo. Airado, violento y con mirada demoníaca, trató de resistir. Cuando por fin lo sujetaron y se disponían a esposarlo, apareció en escena María del Rosario Peso André, su conquista de entonces. ¡Déjenlo! espetó y, sin mediar más palabra, se lió a paraguazos con los guardias. Ella también fue detenida y ambos fueron conducidos a la comisaría. A él le cayeron dos años, siete meses y 15 días, por dos delitos de amenazas y otro de resistencia a E Una llamada alertó a los agentes. En Mourente, un hombre estaba importunando a la que había sido su mujer, e intimidándola. Una dotación se trasladó urgentemente a esta parroquia de Pontevedra, y la acosada les informó, a su llegada, de que el provocador ya se había largado. La agraviada relató que esta persona le rompía las plantas, contó que no era la primera vez que tenía problemas, y explicó que en este último engarce había agitado incluso con desprecio y rudeza un fouciño (hoz en castellano) Los