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7 12 08 EN PORTADA A la izquierda, una de las lanchas en las que se cree que llegaron los terroristas a Bombay. Sobre estas líneas, uno de los atacantes muertos AP REUTERS Azam El yihadista del siglo XXI (Viene de la página anterior) glesa, Azam era trasladado en un coche policial al hospital de Nair. Medio consciente, según versiones publicadas por los medios locales, abrió los ojos y vio el cuerpo mutilado del compañero con el que llevaba meses entrenando y que había viajado con él desde Pakistán. Entonces suplicó a los agentes que le pusieran suero cuanto antes. El caos se extendía y mientras se trataba de medir la magnitud de las operaciones, llegó la noticia de la muerte de Hemant Karkare, el jefe de la unidad antiterrorista de Bombay y máximo responsable de la persecución de los grupos extremistas hinduistas que en los últimos años han sembrado de cadáveres el país. Karkare falleció de un disparo en el pecho cuando dirigía los primeros momentos de la operación frente al hotel Taj Mahal. Su muerte es una de las claves que explican la teoría de la conspiración en la que cada vez más gente cree. En este ataque han pasado cosas muy extrañas, demasiadas coincidencias a la vez comenta el profesor Ram Puniyani, que echa la vista atrás y culpa a Estados Unidos de habernos llenado el norte de Pakistán de unas madrasas cuyas consecuencias llevamos sufriendo veinte años. Conseguido el objetivo de acabar con los soviéticos en Afganistán, el experimento se les fue de las manos y ahora tenemos este monstruo que ha logrado extenderse por todo el mundo Demasiados ataques simultáneos para tan poca gente, la muerte casi inmediata de Karkare, la detención de Azam- -cuyo origen también podría ser el Faridkot indio y no el paquistaní, ya que hay dos localidades con el mismo nombres a ambos lados de la frontera y esto, unido a que Azam lucía un brazalete hindú, ha arrojado nuevas dudas sobre su procedencia- -y sus posteriores confesiones, el ataque selectivo contra británicos, estadounidenses y judíos... responde, sobre todo en cuanto a los objetivos extranjeros, a los parámetros de libro de Al Qaida. Todo suena demasiado perfecto, ¿no? se pregunta Puniyani en su despacho en el norte de la ciudad desde donde ha seguido la crisis minuto a minuto gracias a la cobertura exhaustiva de los medios indios. Una cobertura que en algunos momentos fue censurada por las autoridades debido a que los terroristas también podían estar viendo la televisión y recibiendo, por tanto, información sobre la marcha de los asaltos. Continúan los interrogatorios, pero las filtraciones a los medios son menos frecuentes. Ya nadie se refiere a Deccan e Muyahidín organización que reivindicó el ataque vía e- mail a las pocas horas del inicio, y sólo la supuesta confesión del único detenido es tenida en cuenta a la hora de buscar explicaciones. Las consecuencias no se han hecho esperar e India se ha visto inmersa en una grave crisis tanto a nivel nacional como, sobre todo, internacional, donde se ha reabierto aun más la brecha con un vecino paquistaní que niega sistemáticamente cualquier implicación y se muestra dispuesto a enviar a sus agentes a India para colaborar en la investigación. El joven gobierno de Zardari- -viudo de Be- Guerra fría con Pakistán En la mochila llevaban siete cargadores con cincuenta balas, ocho granadas de mano, un fusil AK 57, una automática, varios kilos de frutos secos, LSD, cocaína y esteroides nazir Bhutto, a la que asesinaron hace casi un año- -se encuentra desde hace siete días con la soga del terrorismo más apretada al cuello que nunca. Con la frontera afgana al rojo vivo, sólo faltaba un incidente como el de Bombay para desestabilizar aun más a la casi recién nacida democracia paquistaní. El joven Azam forma ya parte de la historia del yihadismo. Aunque finalmente no cumpliera con la orden de combatir hasta el último aliento o de convertirse en un mártir del islam, que traía de Pakistán, su nombre pasa a formar parte de la lista negra que India ha ido elaborando en los últimos años. Está en manos de la Policía y por tanto no figura en esa lista con veinte nombres de supuestos terroristas que Nueva Delhi ha entregado a Islamabad y cuya extradición exige como primera prueba de buena voluntad para iniciar una cooperación conjunta en la lucha contraterrorista. Una cooperación que, si llega algún día, marcará un hito en las relaciones entre dos naciones que en los últimos sesenta años han librado tres guerras. Azam descansa entre rejas. Los cuerpos de sus compañeros muertos, sin embargo, siguen en el depósito de cadáveres ya que ningún cementerio musulmán de la ciudad ha aceptado darles sepultura. Sus sesenta horas de terror han abierto una nueva era en la yihad y las agencias de inteligencia lo saben. El camino ya está abierto y seguro que más de uno ha tomado buena nota de la repercusión que este tipo de acciones llegan a alcanzar. Hace cinco años, cuando abandonó el hogar paterno y la casa de su hermano, el entonces adolescente Azam nunca se hubiera imaginado que su rostro iba a ser tan famoso y tan temido.