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24- 25 D 7 LOS DOMINGOS DE Un rifeño pasea al amanecer por la carretera que lleva de Chauen a Ketama, en la cordillera del Rif, en una de cuyas aldeas nació Chukri europeos que apenas tenían referencias del vecino del sur. Con el paso de los años, los libros de Chukri funcionaron como referencias para acercarse a la realidad de la región rifeña o las ciudades de Larache, Tetuán y, sobre todo, Tánger. Son guías poco oficiales pero muy reales. En la urbe del estrecho de Gibraltar todavía es fácil toparse con muchos lugares que el lector podía creer imaginarios pero que resultan ser de verdad, como el Zoco Chico con sus cafés, donde algunos viejos camareros aún recuerdan al escritor, o el Makina, un tugurio asomado al puerto desde los callejones de la medina. Conocí a Chukri en una asociación de estudiantes de izquierda que teníamos en Arcila. Nos reuníamos en casas, con poco dinero y tomábamos vino y algo de kif mientras hablábamos de todo recuerda el hispanista Larbi Elharti de esos años en los que el libro circulaba sólo de manera clandestina. Ha pasado casi una década desde que en 1999 se levantara la prohibición a El pan desnudo y, aunque en Marruecos ya se han editado en árabe las obras completas de Chukri, su figura no está del todo restaurada reconoce Hassan Najmi, director del Libro en el Ministerio de Cultura. Chukri no ha sido todavía elevado a la categoría del escritor del Pan Más que por su lenguaje, Najmi sospecha que lo que más dolió al poder establecido, y lo que les llevó a censurar a Chukri, era el retrato que había sacado a la luz del Marruecos más pordiosero. No es difícil encontrarse por Tánger a gente que cree que el escritor no se cansó nunca de violar a su propia ciudad. Tampoco es difícil comprobar que lo que dejó escrito se acerca mucho a la realidad, al menos a su realidad. La hachuma (lo vergonzoso) tenía y sigue teniendo su peso en la sociedad marroquí, pero Chukri parecía ignorarla. Es único en la literatura marroquí por lograr acercar el árabe clásico a la calle de una manera sencilla, oral dice el hispanista Elharti. Eligió escribir de otra manera en un contexto marcado por los límites y la autocensura: no hagas esto, no hagas lo otro, no digas esto... añade Najmi. Pero él ha comprendido como nadie la doble personalidad de la sociedad marroquí. Esa sociedad que hace de todo a la sombra de casa, escondida, por la noche... es la misma sociedad que censura la libertad de hablar, escribir, amar y soñar. Mohamed Chukri tuvo el coraje de decirles a todos la verdad Fue el niño del cuento de Hans Christian Andersen que se atrevió a decir delante de todos que el emperador estaba desnudo explica de manera gráfica el director del Libro. ¿Has traído lo que hay que traer para entrevistar a Chukri? Esto fue lo primero que le preguntó el escritor a este periodista al encontrarse ambos cara a cara en febrero de 2003. El reportero, que había sido advertido por anteriores entrevistadores, asintió y alargó la bolsa de plástico con un par de botellas. Ya se podía encender la grabadora, colocada junto al vaso de ginebra o vodka en el comedor del Hotel Ritz, que a menudo hacía las veces de oficina y que en Tánger nada tiene que ver con el establecimiento de lujo que algún viajero pueda imaginarse. La cita, que empezó renqueante y con cierta tensión, se alargó. Chukri pidió un par de horas para otro compromiso. La conversación siguió después mientras el escritor era fotografiado en el ático del centro de la ciudad donde vivía y donde el alcohol hizo estragos a pesar de que el informador le insistía en que tenía 250 kilómetros por delante hasta regresar a la capital. Vuelve a verme dijo al final con la voz rota. Para combatir el efecto de las copas fue necesario que el periodista diera un paseo bajando por el mítico hotel Minzah y atravesara la medina hasta llegar a la Kasbah. Y vuelta a recoger el coche junto a casa de Chukri pensando ya en otra jornada tangerina con él. Pero no hubo más citas, ni más alcohol, ni más retratos. Nueve meses después, el 15 de noviembre de 2003, Mohamed Chukri, un hombre libre como lo califica Elharti, murió mientras seguía viviendo a contracorriente. Él lo sabía y asumió sus consecuencias desde el primer renglón hasta sus últimos días en un hospital de Rabat. Ceuta MARRUECOS Tánger ÁFRICA Briech Arcila OCÉANO ATLÁNTICO Tetuán Zinat N Larache Derdara En Tánger es fácil toparse con muchos lugares que el lector podía creer imaginarios, como el Zoco Chico con sus cafés, o el Makina, un tugurio asomado al puerto Casa del escritor, que aparece en una foto playera en sus años mozos