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22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE ce ver que el hidalgo que la ha seducido no podrá casarse con ella, puesto que está casado con otra. Ya es tarde, el veneno de la eterna romanza ha penetrado en su sangre. Por no abandonar a su cheri, rompe con sus parientes, con sus amigos, abandona su comercio, saca sus valores del banco y se aleja de su barrio. El 27 de enero de 1915, unos antiguos clientes encuentran en la calle a su hijo, quien les dice que va a ver a su madre, que se halla en una casa de campo en compañía de su novio. Luego, nadie vuelve a verlos, ni a él, ni a ella. Pero tres meses más tarde Landru vende los muebles y las acciones de la viuda, y la esposa legítima de Landru ostenta una cadena y un reloj de la infeliz mujer. La tercera víctima, madame Guillin, es una matrona fuerte, activa, práctica, inteligente, una de esas francesas que, según la típica expresión parisiense, ne se laissent pas faire. No hay más que ver su retrato y examinar su porte altivo, su mirada clara, su sonrisa vanidosa, para advertir que se trata de una mujer muy segura de sí misma. El fiscal ha dicho que su ignorancia era absoluta, y que ni siquiera sabía firmar. A lo que Landru, siempre fino, ha contestado: -Yo no me atrevería a hablar así de una dama. El fiscal, implacable, ha agregado: -Sus cincuenta años pasados, ella trataba de ocultarlos reduciéndolos a treinta. Y Landru, algo nervioso, ha vuelto a decir: -Jamás hablaría yo de tal modo de una mujer. En el cuaderno acusador, al lado del nombre de la Guillin, hay Sonrisa vanidosa una fecha, un día de agosto del año 1915. Nada más. Esa fecha, dice la Justicia, es la del asesinato. Pero Landru, frío e irónico, murmura acariciándose las barbas: ¡Qué afición a lo melodramático... -La viuda Heon es la cuarta alondra atraída por los espejismos del anuncio matrimonial- -dice el presidente de la Audiencia de Versalles. ¡Pobre alondra marchita, pobre criatura inconsciente que, después de enterrar a un marido, a un amante y a media docena de hijos legítimos e ilegítimos, todavía sueña, a los cincuenta años, en una nueva vida, en nuevos amores, tal vez hasta en nuevas maternidades! Sus vecinas, que la observan todas las mañanas cuando se pone las gafas para leer muy atentamente los anuncios en que los señores bien parecidos ofrecen sus corazones y sus manos a las señoras con fortuna no pueden contener sus risas. Pero ella es sentimental, ella ha tenido sueños anunciadores de venturas indefinidas; ella sabe, por una nigromántica del Havre, que, gracias a la influencia de Saturno, su vida terminará en el esplendor y en la ventura. -Estaba convencida de ello- -dice en son de burla una portera. Y agrega con acento de escepticismo pariense: -Así es todo lo que anuncian las adivinadoras. No; desgraciadamente, no todo es así. Porque esta vez las predicciones sibilinas se cumplieron. Cuando madame Heon murió, nadie sabe de qué manera, en la quinta de Gambais, creíase, en efecto, gracias a los halagos de su amante, dueña del amor y de la fortuna... Mañana continuaremos presenciando este fúnebre desfile. Arriba, Henri Landru durante una sesión de la vista del proceso. En la otra página, una imagen de la película sobre el monstruoso personaje realizada por Claude Chabrol. ABC dio cumplida cuenta a sus lectores del desarrollo del juicio. A la derecha, un chiste de Xaudaró publicado en las últimas jornadas del mismo COMENTARIOS POLICIACOS. El guardia: -No hay policía como la de Madrid. ¡Fijarsus! A Landru lo cogieron, pero no se han encontrao las once víztimas... El policía: ¡Y aquí no se escapa ni una víctima... ¡Eso, lo pues decir mu alto!