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30 11 08 ASÍ LO CONTÓ ABC 30 DE NOVIEMBRE DE 1921. En esa fecha, y tras dos meses de juicio, Henri Landru fue condenado por once asesinatos probados, aunque la policía pensaba que había matado a decenas de mujeres. El 25 de febrero de 1922 murió guillotinado en la cárcel de Versalles. El escritor Enrique Gómez Carrillo cubrió para ABC el juicio El Barba Azul francés C ómo es posible- -pregunta todo el mundo, en los instantes de serenidad filosófica- -que el monstruo que ha matado a una docena de seres humanos, no inspire ni horror, ni repugnancia, ni espanto, sino, al contrario, una especie de simpatía burlona? Acordémonos de Soleilland, el sátiro de Belleville, que, en el fondo, podía invocar tantas circunstancias atenuantes, y que, sin embargo, fue condenado desde el primer día por la opinión pública con verdadero horror. Acordémonos de Vacher, el atropellador de pastoras, que, a pesar de su inconsciencia, convirtióse en el símbolo de la fiera humana. A Landru, lejos de enseñarle los puños, el pueblo le sonríe. Desfile imaginario de las víctimas Vedlas pasar: Esta primera no va sola. Va, acompañada por su hijo, muchacho de diez y ocho años, y no va a en busca de una situación material, sino en busca de amor. Es dueña de un taller que hace buenos negocios. Tiene parientes acomodados, y que la estiman. ¿Por qué, sin embargo, lee con tanto interés los anuncios matrimoniales de los periódicos? Por la terrible razón que hace gritar a la autora de La edad peligrosa ¡Ay de la mujer que, a los cuarenta años, siente aún estremecimientos amorosos... Ella los siente. Ella no vive sino de la esperanza... Así, cuando ve que un monsieur fino, distinguido, sentimental busca un alma que la comprenda, pierde el sueño, pierde el apetito, no piensa sino en él. Poco después de iniciar su idilio, su familia le ha-