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30 11 08 ACTUALIDAD Felipe El enamorado tardío Foto del clan de la tortilla con, entre otros, González, Yáñez, Romero, Hermosín, Borbolla y Guerra (arriba a la izquierda) Debajo, los González y Aznar, junto a Rajoy, en el funeral por Calvo- Sotelo. Arriba, Carmen Romero Carmen Romero TEXTO: MAYTE ALCARAZ FOTOS: ABC Y CHEMA BARROSO na dependienta del centro Zoco de Pozuelo en el que, carrito en mano por Caprabo, hace la compra Carmen Romero, habla maravillas de ella. Educada y sonriente. También un matrimonio, vecino de la madrileña calle Pez Volador, donde vivieron los González antes de la victoria de 1982, en un piso de tres habitaciones junto a la ruidosa M- 30, la recuerda con agrado: Era simpática, trabajaba de tarde y el marido viajaba mucho Su vida marcada por los viajes. Su propia boda con González (1969) le pilló al novio en Francia y tuvo Carmen que casarse por poderes con Luis Uruñuela. Ahora, los mentideros y mentirosos de la villa hablan de los constantes viajes de Isidoro (apodo que le puso su mujer) como causa de la separación. Y eso a pesar de que su nueva pareja, Mar García Vaquero, vive en el barrio de Salamanca, a escasos 20 kilómetros de su compañero. Tesis Cuando la otra era ella U desmontada. Los valedores de esa tesis son los mismos que- -sin éxito- -esperan con las lenguas afiladas a que ese motivo acabe con otro matrimonio ex presidencial, distanciado por el Atlántico. Será la maldición de los ex presidentes, esa suerte de jarrón chino, todavía refulgente y valioso- -cotizan en el mercado internacional de los conferenciantes de oro- pero incómodo para su partido. Un ex líder autonómico niega la mayor: Carmen no se ha separado por los viajes ¿Entonces? se repregunta. Avatares de la vida contesta críptico el antaño poderoso socialista. Quizá se trate de los mismos avatares que obligaron al joven Felipe a dejar plantada a su primera novia. Otra Romero, de nombre Concha. Entonces, Carmen era la otra Y no sería la única vez, luego vendría la política, que la postergaría en la vida de su marido. Después, en Sevilla, también la llamarían con sorna la otra cuando decidió presentarse en la lista gaditana del PSOE. La culparon de ir a rebufo del consorte. Y fue la otra cuando la inventaron un affaire con un arquitecto sevillano ya emparejado. En Moncloa imprimió su sello: cambió el piano de Calvo- Sotelo por una guitarra y las cajitas de plata por cerámica. Uno de sus salones estuvo presidido por una foto de 1973 que hizo historia: retrataba en Dos Hermanas al clan de la tortilla que tumbó a históricos socialistas como Llopis para colocar a González. Juventud en ristre lucían el presidente, su mujer, Guerra, Chaves, Yáñez, Borbolla, Hermosín... Ninguno había oído hablar de un niño de 13 años apellidado Zapatero. Cuando llegó Sonsoles Espinosa al palacete invitó a café a Carmen. En mucho, la mujer de Zapatero la ha imitado: cero fotos, cero palabras... hasta que la sevillana saltó a la política. Dicen que se ha arrepentido. Fue muy atacada. Como después Ana Botella. Por ser vos quien sois. Ahora, tan sólo vive para sus nietos a los que lleva a su casa gaditana de Castellar. Eso sí que es un viaje.