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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE Mijaíl Prójorov, níquel y juergas Fue presidente hasta 2007 de Norilski Nikel la factoría de níquel y paladio más importante del planeta. Ahora es uno de sus accionistas, junto con Potanin y Deripaska. Posee la empresa de inversiones Onexim. Su fortuna asciende a 21.500 millones de euros. Hasta el año pasado, organizaba con frencuencia juergas en la estación de esquí francesa de Courchevel con prostitutas de lujo reclutadas en Moscú PETRÓLEO, NUEVO MISIL NUCLEAR POR ALBERTO SOTILLO a URSS basaba su condición de superpotencia en los cohetes nucleares. La Rusia de Putin aspira a recuperar el añorado estatus de gran potencia a través del gas y el petróleo. Rusia es el sexto país con mayores reservas de crudo (un 6 del total) Y en 2007 produjo 650.700 millones de metros cúbicos de gas, su principal activo e instrumento para asentar su influencia exterior, sobre todo en Europa su principal cliente. El día en que Rusia quiera cerrar el grifo del gas los inviernos en el Viejo Continente pueden ser peligrosamente fríos. Además, Rusia mantiene un monopolio casi total en la distribución y reexportación del gas de Asia Central. Lo que le concede una influencia esencial en la fijación de tarifas y le convierte en el guardían del tesoro gasístico que calienta a Europa. Sus grandes empresas energéticas, como Gazprom y Lukoil, no pierden ocasión de invertir en el exterior. Tienen dinero y una insaciable ambición por expandir un negocio vinculado al poder. Pero el Kremlin no permite que empresas extranjeras inviertan en ámbitos estratégicos de la industria energética rusa. Cualquier intento europeo por acceder al gas de Asia Central a través de inversiones en las redes de distribución en suelo ruso será tajantemente vetado. La persecución y encierro en una cárcel de Siberia del antiguo magnate del petróleo, Vladimir Jodorkovski, tuvo mucho que ver con el supuesto intento de vender parte del capital de Yukos, el gigante ruso de hidrocarburos, a la petrolera norteamericana Exxon. Al igual que el trazado de oleoductos y los sueños de algunas potencias occidentales por encontrar vías de acceso a los hidrocarburos de Asia Central han tenido también también bastante que ver con la reciente guerra de Osetia del Sur. Gas y petróleo en Rusia son negocio y poder, indisolublemente unidos, a través de la estatal Gazprom o de los magnates protegidos por el Kremlin. Cualquier oportunidad de expandir el negocio de sus empresas energéticas en el exterior es no sólo una ocasión para ganar dinero, sino para ejer- Rusia aspira a recuperar su estatus de gran potencia con el gas y el crudo que usa como nuevas armas atómicas cer una influencia política añorada tras la desaparición de la URSS. Sabido es que Rusia tiene una tarifa diferente para el gas que vende a cada país de lo que considera su área de influencia. Cuanta más influencia, tarifa más ventajosa. Aunque tampoco parece muy coherente que Ucrania aspire a ingresar en la OTAN y en la UE y, a la vez, a disfrutar de una esencial rebaja en el precio del gas ruso. Si Ucrania ingresa en la Alianza y en la UE, tendrá que pagar el combustible a precio de mercado. No tendría sentido que se quejase de ser sometida a chantaje por desembolsar lo que pagan los demás países de Europa occidental. Sería tan absurdo como si Polonia se marchase de la Unión Europa, pero exigiese seguir recibiendo ayudas económicas de los fondos de cohesión. Antes de la crisis de diciembre de 2005 y enero de 2006, Ucrania pagaba el gas ruso a 50 dólares los mil metros cúbicos, cuando en Europa occidental se pagaba a 250 dólares. Desde entonces, Rusia no ha dejado de subir paulatinamente sus tarifas. Lo hizo incluso cuando en Ucrania gobernaba el prorruso Víctor Yanukovich. Hoy Rusia vende su gas a Ucrania a 179 dólares, y advierte que en tres años impondrá el precio de mercado sin rebaja que valga. Ucrania a duras penas puede hacer frente a ese pago y mantiene con su vecino una deuda de 2.400 millones de dólares. Incluso a la hasta ahora incondicional Bielorrusia se le dio el susto del siglo cuando se le triplicó el precio del gas, que hoy paga a 125 dólares. Desde entonces, el pequeño déspota de opereta que gobierna ese país, Alexander Lukashenko, se ha sentido algo menos prorruso y ha comenzado a explorar vías de acercamiento a la UE. A ver si aquí hay algo más que rascar. A su aliada, protegida y empobrecida Armenia le vende el gas a 110 dólares, pero también con la advertencia de que el precio no va a dejar de subir. Rusia utiliza sus hidrocarburos como instrumento de poder, pero necesita liquidez como el que más. Se muere por expandir su negocio, pero no siempre es fácil extender una empresa de la que se sospecha que sus activos operan como los misiles nucleares del viejo imperio. L REUTERS Román Abramóvich, un museo de arte para su mujer Antiguo dueño de la petrolera Sibneft, por consejo de Putin vendió la compañía a Gazprom hace dos años. Su fortuna se calcula en unos 23.000 millones de dólares, la tercera mayor de Rusia. Propietario del equipo de fútbol londinense Chelsea desde 2003. Ha sido gobernador de la remota región de Chukotka. Le ha montado un despampanante museo de arte contemporáneo a su esposa, la modelo Dasha Zhúkova informativa. Mordashov y el primer ministro ruso siguen hoy reuniéndose con regularidad. El magnate Potanin, de 47 años, no es el más rico de Rusia- -21.500 millones de dólares- -pero sí uno de los más avezados. Fue viceprimer ministro de Economía con Yeltsin. Y hoy dirige el consorcio Interros y posee el 30 de las acciones de Norilski Nikel. Fue él quien puso de moda la costumbre de invitar a conciertos privados a estrellas del pop. George Michael se embolsó tres millones de dólares por cantar durante menos de una hora. Socio de Potanin fue Prójorov- -21.500 millones de dólares- -también un gran aficionado a los saraos... pero con estrépito y escándalo. Se hicieron legendarias sus juergas en la estación francesa de esquí de Courchevel con prostitutas de lujo reclutadas en Moscú. Fue detenido por la policía francesa bajo sospecha de proxenetismo y corrupción de menores, pero fue pronto puesto en libertad. Fue un niño prodigio de las finanzas. Hasta 2007 fue presidente de Norilski Nikel. Ahora es uno de sus accionistas (25 junto con Potanin y Deripaska. Muy influyente es el potentado Usmánov, 55 años, 13.300 millones de dólares, y con una condena a sus espaldas de 6 años de cárcel, dicen que por extorsión. Fue puesto en libertad en 1986. Trabajó en Gazprom como consejero. Y la fortuna le sonrió en 2005, cuando entró en el consorcio Metallinvest, del que ahora es el mayor accionista. Compró el diario Kommersant hace dos años y es también accionista del Arsenal (24 y patrocinador del Dínamo de Moscú. Loco por el deporte, está casado con Irina Viner, entrenadora de la selección rusa de gimnasia. Tuvo el detalle de comprar la colección de arte de la soprano Galina Vishnévskaya, viuda del violonchelista Mstislav Rostropóvich, por la que pagó 72 millones de dólares, y de donarla al palacio de Constantino de San Petersburgo, una de las residencias oficiales del presidente ruso. En una nota del Kremlin se puntualizó que se encontrará la forma de recompensar a este mecenas Junto con Potanin y Deripaska, Usmánov se propone ahora crear el mayor consorcio minerometalúrgico del mundo. Y nos queda Rodiónov, quien se define como el más pobre de los oligarcas Tiene 47 años. Fue presidente del disuelto Bank Imperial y posee ahora una editorial y acciones de numerosas empresas. Ha sido siempre una especie de cerebro en la sombra para la élite rusa y maestro de ceremonias, ya que sus fiestas también fueron sonadas. La encargada de animarlas es su segunda esposa, Olga, una bella ex modelo. Rodiónov acaba de poner en la calle un álbum de fotografías eróticas de ella bajo el título El Libro de Olga Las instantáneas han sido realizadas por la fotógrafa francesa Bettina Rheims. Sube la factura del gas ¿Por qué cayó Jodorkovski?