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24- 25 D 7 LOS DOMINGOS DE La plaza Dealey (izqda) zona cero del magnicidio. Se conserva tal y como era en 1963. Sobre estas líneas, Kennedy poco antes de ser asesinado Harvey Oswald era en los 60 la Texas School Book Depository. Tras el asesinato, el condado de Dallas lo adquirió para instalar sus oficinas. Hoy sigue cumpliendo funciones administrativas, pero desde 1989 el celebérrimo sexto piso lo ocupa el el Sixth Floor Museum. Revolotean por los alrededores una raza propicia a la veta desquiciada de la sociedad estadounidense (y alguna otra) los vendedores de teorías conspiratorias. Tipos de mirada alucinada y ademanes furtivos aseguran al visitante que conocen la verdad oculta del magnicidio. Sorteada la barrera de iluminados, encontramos si no la verdad, arrobas de información. El museo retrata hasta la minucia el antes, el durante y el después. Más de 400 fotografías, 45 minutos de vídeos y todo tipo de objetos, incluida la maqueta de la Dealey Plaza realizada por el FBI y utilizada por la Comisión Warren, conviven en una atmósfera de sepulcro laico. Un cristal blindado protege un rincón con unas cuantas cajas de cartón amontonadas y una ventana. El nido del francotirador De ahí partieron las balas de la ignominia. Una señora que acaba de ver un vídeo sobre JFK sonríe entre lágrimas. Esta reacción tan emotiva es, en mi opinión, el reflejo de una sociedad donde abunda el idealismo, una candidez anclada en la mitología del presidente honesto; visitar el museo es, para El arquitecto Philip Johnson diseñó el John Fitzgerald Kennedy Memorial como un cenotafio minimalista, cuyas nítidas líneas invitaran a la reflexión. El vacío manda muchos, un homenaje a la esperanza, el sueño americano en formato líder explica Gabriel Guillén, profesor de la Southern Methodist University de Dallas. Alrededor de la ventana fatal, el contexto. Comienza la exposición con el retrato de una época tan cool como complicada. Los disturbios raciales, la guerra de Vietnam o el glamour de la que para muchos fue la auténtica familia real estadounidense. Llega después la vorágine de la crisis. Las primeras investigaciones, la insólita muerte de Oswald, la reacción política y ciudadana, la respuesta mundial, el dolor. Y, finalmente, el legado de Kennedy, un sueño cercenado, pero también realzado, por la tragedia. Luis Jiménez, un turista español, exulta tras la visita: Me gusta cómo recrean la época y, sobre todo, la cantidad de documentación; me parece muy valiente, no eluden ninguna posibilidad Este coraje expositivo culmina en el epílogo del museo. Un gran panel resume las principales teorías conspiratorias. La mafia, Fidel Castro, los anticastristas, los comunistas, la ultraderecha, la CIA... La verdad quizá esté ahí, pero, como aquella carta que el protagonista del magistral relato de Conan Doyle escondía en el lugar más visible de la casa, no somos capaces de distinguirla entre tanta información. ¿Volverá a suceder? ¿Estará alguien repartiendo las cartas para emborronar el siguiente capítulo de la historia de EE. UU. Kennedy rompió fronteras. Fue un mito en vida, un superhéroe, igual que Obama. Y como tal, su vida corre peligro recuerda Guillén, que, sin embargo, matiza: La gente de Dallas lo comenta, algunos incluso bromean, tal vez para desdramatizar. Pero lo hacen de pasada, sin darle muchas vueltas. La clase media de EE. UU. tiene cosas mejores en las que pensar. Empezando por su hipoteca Ojalá ningún otro 22 de noviembre les cambie el ánimo.