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23 11 08 HORIZONTES Dallas POR ÁNGEL PEÑA tractivo, diferente. Y muy poderoso. Demasiado poderoso. Eso pensaban algunos de John Fitzgerald Kennedy. Y eso mismo piensan otros tantos de Obama. Sostiene la tradición política de EE. UU. que el sistema no digiere bien ciertos aires de cambio. Y que, llegados a cierto punto, las desavenencias se resuelven a tiros. Ayer se cumplieron 45 años del asesinato de JFK en Dallas, y EE. UU. se pregunta si Obama entroncará en el linaje de ilustres asesinados que van desde Lincoln a Kennedy y Luther King. Alienta el debate la fascinación por el magnicidio, especie de suerte suprema de una cultura de violencia en las raíces fundacionales de EE. UU. Y, por si faltara material inflamable, Dallas recuerda aquel 22 de noviembre de 1963 con una precisión en la que despunta algo parecido al sentimiento de culpa. Ciudad próspera como pocas en EE. UU. primero como ruta de tránsito del ganado, después por sus yacimientos petrolíferos, hoy por la racional gestión de todo lo anterior, Dallas es a menudo mal comprendida. Al escuchar su nombre, muchos se limitan a torcer el gesto: la metrópolis de los paletos del sur, los nuevos ricos del petrodólar. La ciudad no esconde el famoso orgullo tejano, a veces quizás demasiado directo, pero también acoge algunos de los mejores museos Expiación de un magnicidio Esta ciudad texana recuerda el asesinato de John Fitzgerald Kennedy un 22 de noviembre de 1963- -hace exactamente 45 años- -con una precisión y una dolorida memoria en las que despunta algo parecido al sentimiento de culpa A Unos turistas se asoman a la ventana desde la que partieron las balas de la ignominia y centros educativos del país. Sin embargo, arrastra un estigma que no ayuda a cicatrizar el hecho de que aquí, tenía que ser aquí, fuera asesinado JFK. La Plaza Dealey sería la zona cero de ese estigma. Pero el prólogo nos aleja un par de manzanas. El JFK Memorial Plaza es, más que un monumento, un desagravio pe- AP Pistas Cómo llegar: No es fácil ni barato volar a Dallas- Forth Worth. Pero si el problema no son las horas en el avión y las esperas en los aeropuertos, se pueden encontrar buenas ofertas con escalas. KLM, por ejemplo, ofrecía este verano un Madrid- Amsterdam- Dallas por menos de 500 euros. Dónde dormir The Adolfus (1321 commerce street, teléfono 214 742- 8200. www. hoteladolphus. com) Un lujoso hotel en el downtown con mucho encanto y elevados precios. También en el downtown, el West End Hotel (1015 Elm Street teléfono 214- 742- 5678) resulta más asequible. Aunque la opción más barata es alojarse en alguno de los múltiples moteles de las afueras; la cadena Days Inn (www. daysinn. com) tiene varios establecimientos en la zona y ofrece ciertas garantías (algunos moteles pueden traer sorpresas muy desagradables) con habitaciones por unos 50 dólares, aunque el precio depende de la distancia de la ciudad. No espere lujos ni compañía especialmente elegante. Dónde comer: El Dakota Steakhouse (600 North Akard Street, en pleno downtown, tfno: 214 740- 4001, www. dakotasrestaurant. com) cocina excelentes steaks los famosos filetes tejanos que nadie que viaje a Dallas puede dejar de probar. Un solo plato, que suele incluir cantidades ingentes de patatas, un plato de judías y otras múltiples guarniciones, puede satisfacer el estómago de cualquier ser humano de fuera de Texas. Por razones geográficas obvias, Texas venera la comida mexicana; el Iron Cactus (1520 Main St, tfno: 214 749- 4766, www. ironcactus. com) es un buen ejemplo. renne en pleno downtown El arquitecto Philip Johnson lo diseñó como un cenotafio minimalista, cuyas nítidas líneas invitaran a la reflexión. Su estructura sin techo representa la libertad del espíritu de Kennedy. En el interior, tras un breve paseo de baldosas de hormigón, una sala apenas adornada por discretas columnas blancas contiene el núcleo del homenaje: un escueto cuadrado de granito con el nombre de la víctima. Nada más. A algún espectador menos zen le puede parecer soso. Su avidez de detalles se verá saciada en la zona cero La Plaza Dealey se conserva igual que en 1963. Como entonces, el césped y los árboles suavizan el duro esqueleto del downtown Pero la explosión de sensaciones llega al cruzar la plaza: en la Elm Street, a unos pocos metros del lugar en el que JFK fue tiroteado, se alza el Moby Dick de la Historia norteamericana. Epicentro del culto al magnicidio, el edificio de ladrillos rojos desde cuyo sexto piso disparó Lee