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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE LO PENSARÉ MAÑANA Enrique González Macho POR E. RODRÍGUEZ MARCHANTE E productor, distribuidor y exhibidor de cine, y por lo tanto no es del todo descabellado que esta semana le dieran un premio en el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva. Lo suyo hubiera sido que ese premio, el Ciudad de Huelva, se lo hubiesen dado a un director o, mejor aún, a un actor... Se baja la guardia, se empieza por premiar a un distribuidor y exhibidor de películas, y cualquier año de estos le acaban dando algún premio a un crítico de cine vivo. Enrique González Macho, como nrique González Macho es un dueño de la distribuidora Alta Films y de los cines Renoir, tiene un curriculum, y había en el escenario del Gran Teatro de Huelva algunos directores, actores o productores que tuvieron el detalle de reconocérselo. Supongo que los que allí estaban eran, claro, sus amigos, pero también una representación de todo el cine español, o sea, el pleno, que es, tal vez sin excepción, con quien habrá trabajado al menos una vez González Macho. Cayetana Guillén, Icíar Bollain, José Luis García Sánchez, Montxo Armendáriz, Carlos Iglesias y Pedro Pérez, presidente de la Fapae... Todos tenían mucho que agradecerle a En- rique González Macho, aunque faltó por allí el primero de todos, el que más agradecimiento le debe a este hombre grande y barbado, que lleva las corbatas con la misma resignación que aquellos a los que les hacía el nudo el juez Roy Bean. Y ese personaje que le debe agradecimiento eterno a Enrique González Macho es el espectador Llegó un día, hace ya más de veinte años, que el espectador se fue al cine y encontró los Renoir. Y los Renoir han sido a eso de ir al cine lo que Arzak o El Bulli a eso de ir al restaurante: variedad, imaginación, espectáculo, riesgo, un menú algo rarito pero interesante y especial... Los Renoir serían las tres estrellas Michelin de nuestras salas, aunque con una diferencia que conviene tener en consideración: nuestro bulli cinematográfico cobra por su menú lo que la fonda del tío Paco. El revoltillo de cine europeo, o la espuma de cine ibeoramerica- no, o el timbal de cine independiente, no son más caros que en otros locales. En el escenario del homenaje se coincidió en señalar que sin González Macho y los Renoir, el cine español, o de los españoles, no hubiera sido el que es, ni habríamos visto las películas que hemos visto, replicantes. ¿Exageración? ¿Alguien piensa que lo dicho es una exageración? Pues entonces es que no ha tenido en su regazo los dos tomos publicados cuando se cumplieron los 20 años de los Renoir (1986- 2006) allí vienen todas las películas proyectadas hasta entonces. Dos ejemplares tremendos, mellizos, con cuerpo de portero de discoteca pero con un gran fondo. Tiene tal tamaño cada tomo, que cualquiera que haya hecho un par de traslados con ellos a cuestas, sabrá realmente cuánto le debe a González Macho. TIRA Y AFLOJA Por César Oroz NO SIEMPRE ES DOMINGO La guerra de los nietos POR XAVIER PERICAY ucho me temo que la doble incompetencia del juez Garzón- -la que le ha llevado esta semana a cerrar la causa contra el franquismo y, sobre todo, la que le llevó en su momento a abrirla- -va a traer consecuencias, y no precisamente agradables. Cuando menos para personas como Carmen Negrín. Carmen Negrín es nieta de Juan Negrín, último presidente de Gobierno de la Segunda República española, lo que equivale a afirmar que existe porque existió su abue- M lo. Es verdad que eso, al cabo, nos ocurre a todos. Sólo que ella, a diferencia de los demás, ha convertido esa ascendencia en su principal razón de ser. Aunque todos tengamos abuelos, y aunque, a priori, todos estos abuelos merezcan- -ellos o su recuerdo- -igual respeto, no todos han sido, claro, presidentes de gobierno. Y menos aun de unos gobiernos como los que presidió, entre 1937 y 1939, Juan Negrín. De ahí que su nieta viva, o parezca vivir exclusivamente para contarlo. Y si digo que la incompetencia del juez va a traer para ella consecuencias es porque Carmen Ne- grín ya no pudo soportar en su día- -hasta el punto de anunciar la presentación de una querella por prevaricación- -que el Pleno de la Audiencia paralizara las exhumaciones ordenadas por Garzón. En realidad, lo que no pudo ni podrá jamás soportar la nieta del presidente es que la historia no se parara en aquellos años en que su abuelo tuvo en sus manos los destinos de la República y en los que todo, empezando por la victoria, parecía aún posible. Porque allí vive ella. En plena guerra. Metida en el archivo de su antepasado, del que no quiere revelar el paradero- -afirma- -para evitar que alguien lo robe o lo queme. ¿Fantasmas? No, la guerra, simplemente. Por eso, tal y como confesaba el domingo en El País en un rapto de lucidez, no se siente capaz de leer todos los documentos que guardaba el abuelo: Es difícil leer a posteriori, sabiendo el final. Sabiendo que termina mal Pues claro. La historia tiene esas cosas. Que los hechos hechos son, y no hay quien los toque. A lo máximo a lo que podemos aspirar es a explicarlos, a interpretarlos, a entenderlos. Nada más. Leer el pasado como si fuese presente, dejarse llevar por sus venturas, hacerse ilusiones, manejar el futuro de entonces como si todavía estuviese por llegar, no lleva a ninguna parte. Aun así, cada cual es muy libre de aferrarse al ayer. Faltaría más. Si algunos nietos de aquellos abuelos quieren seguir jugando a la guerra, ¿quién demonios se lo puede impedir? Pero una cosa es que jueguen ellos y otra muy distinta que pretendan arrastrarnos en la pugna, gracias a la incompetencia de un juez, a todos los demás. Lo primero es una desgracia. Lo segundo, una pesadilla.