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23 11 08 LA IMAGEN Guardián de la ley y el orden TEXTO: ALBERTO SOTILLO FOTO: DAVID FURST (AFP) ste barbudo afgano no es un talibán, ni un forajido, ni un pistolero, ni un terrorista. Es un guardián de las fuerzas del orden, un flamante miembro de la Policía Nacional Afgana encargado de velar por la seguridad en las montañas de Sebari, en la nada recomendable provincia de Jost, junto a la región de Waziristán, en teoría paquistaní, en la práctica territorio sin ley. Este barbudo afgano es el encargado de velar por la ley y el orden en el lugar probablemente más peligroso del mundo. Es un muchacho joven, pero en Afganistán cada día que pasa deja surcos en la piel. El padre de este muchacho apenas podrá recordar que en los días de su infancia su país vivía en paz, cuando Afganistán era un paraíso hippy y una frágil Monarquía. Después vinieron los enloquecidos experimentos del Partido Comunista Afgano. Tan enloquecidos, que la URSS decidió invadir el país con el supuesto objetivo de meter en vereda a aquellos chiflados a lo Pol Pot. Luego llegó la guerra contra los soviéticos, la guerra civil entre muyahidines, la guerra de todos contra todos, la invasión talibán, la guerra de los talibanes contra muyahidines, la invasión de EE. UU. y la actual guerra de los talibanes contra la OTAN. El padre de este barbudo ha vivido 30 años en guerra. Y nuestro barbudo ni siquiera imagina que exista un mundo en el que la gente se muera de vieja en su cama. Y ahora a este muchacho, que ha pasado del oscurantismo talibán al experimento de la OTAN, le ponen un kalashnikov en la mano y le cuentan que es un guardián del orden en una tierra sin ley ni lógica. No parece que responda a la tipología del bobby británico, del gendarme francés o de nuestra guardia civil. Pero es que el muchacho ha crecido en un entorno de cotidiana violencia y fanatismo, en una región minada por Al Qaida, sin más orientación política que las cambiantes decisiones adoptadas por su jefe de tribu, que será muy probablemente quien le ha aconsejado que- -por el momento- -se haga policía. Ni se le pasa por la imaginación que pueda ser un luchador de la democracia afgana. Palabras huecas en aquella tierra. Está al servicio de su clan, y no conoce más ley que la de la supervivencia en una guerra eterna. E Un policía afgano posa con su rifle en un puesto de observación de las montañas de Sebari