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24- 25 D 7 LOS DOMINGOS DE Un afroamericano lee la noticia de la victoria de Obama con el alto skyline de la ciudad de Chicago al fondo diente de esclavos, afro- americana e hija del barrio en el que el nuevo presidente de Estados Unidos se curtió como hombre y como político, haciendo labor social como dirigente comunitario. Como señalan sus biógrafos más tempranos, Obama no cambió el South Side ni logró que reabrieran las empresas que habían cerrado enviando a muchos miles de vecinos a la calle, pero el South Side cambió a Obama para siempre Pero volvamos al metro, que en cuanto abandona el perímetro del Loop empieza a perder su mayoría blanca y la elegancia de los atuendos. Hay que bajarse unas cuantas estaciones antes del final, en Garfield, atravesar la calle y esperar al autobús número 55, el que baja hasta Hyde Park y Kenwood. En la parada ya comprobamos sin mayores indagaciones ni pesquisas que el blanco es una excepción, o en todo caso que la mayoría de los pocos blancos son hispanos. Al igual que el metro es una cala en la pirámide social, también lo es el autobús. Mientras que Garfield y sus inmediaciones son sombrías, con casas de aspecto siniestro, viviendas sociales en muchos casos con las ventanas condenadas por mamparas de madera y tablones, con dinteles ennegrecidos por el humo, gasolineras, sombras ominosas, a medida que el autobús se acerca a Hyde Park aumenta el número de zonas verdes, empieza a salpimentarse la pigmentación del pasaje, y la calidad de las edificaciones mejora a ojos vista. Bajamos en Kenwood, una de esas largas calles de la clase media alta americana, con árboles a los lados, edificios de dos y tres pisos, con luz de ámbar en las ventanas, grajos anunciando obsequiosos e inquietantes el final del día y madres que pasean con sus hijos de la mano. Una joven atleta de piel de leche se niega a dar la información que se le pide amablemente: Sí, sé dónde vive la familia Obama, pero no puedo decírselo. Lo siento Es como si tras el triunfo del candidado negro, o más bien mulato, algunos de los que contribuyeron a su victoria, como esta joven corredora, se hubieran echado sobre los hombros la tarea extra de protegerle, de evitar que un descerebrado, un fanático, un hambriento de fama a cualquier precio, vuelva a provocar un magnicidio y acabe con la gran esperanza que ha vuelto a surgir en Estados Unidos. Pero no todos los vecinos de quien pronto se mudará de Hyde Park a la Casa Blanca desconfían del extranjero, como una madre de familia de aspecto y acento escandinavo, que pasea con sus dos hijos pequeños, que ofrece sin titubear y sin ver conspiraciones donde no las hay, las indicaciones precisas para poder acercarse al domicilio protegido desde hace meses por la policía local y federal, y sobre todo por el servicio secreto, que decidió proporcionar a Obama, incluso cuando luchaba por la designación de- AFP El blanco, una excepción mócrata frente a Hillary Clinton, protección especial. Hyde Park es el barrio donde se asienta la Universidad de Chicago, una de las más prolíficas fábricas de premios Nobel de todos los campus americanos: 16. Allí se encuentra el museo DuSable de la historia afro- americana, en el Washington Park, y la escultura que Henry Moore dedicó a la energía nuclear, pues en la Universidad de Chicago, bajo la batuta de Enrico Fermi, se realizó de forma controlada la primera reacción nuclear sostenida. Siguiendo las huellas del Renacimiento de Harlem, en Nueva York, el South Side experimentó una formidable explosión cultural, sobre todo entre 1930 y 1950, con Hyde Park como núcleo. Desde comienzos del siglo XX, el barrio (como recuerda Mark Grinnell en su historia ilustrada del distrito) fue refugio e incubadora de intelectuales, artistas, novelistas, poetas, y librepensadores Una estirpe en la que Obama encontró donde alimentarse, materia nutricia para su aprendizaje político y sobre todo lo que desde adolescente y joven universitario ansiaba: raíces, una identidad. No es extraño que el South Side, y con él todo Chicago, consideren a Obama uno de los suyos y él mismo reconozca que en Chicago se hizo, se encontró a sí mismo, se curtió como político y dio con el trampolín que, para sorpresa de muchos, le llevará el 20 de enero a la Casa Blanca. A través de las primeras décadas (Pasa a la página siguiente) Uno de los suyos AFP Dicen sus biógrafos que Obama no cambió el South Side ni logró que reabrieran las empresas que habían cerrado, pero el South Side cambió a Obama para siempre