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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE ÁNGEL CÓRDOBA víctima de la gripe el 15 de septiembre en Pirna. La cremación se efectuó allí. Ahora que hemos recibido la urna, tendrá lugar en privado su entierro en el terreno familiar Esta última esquela está firmada el 5 de octubre, lo que indica que las autoridades tardaron tres semanas en entregar las cenizas. Me han informado de que en los periódicos de Leipzig se han publicado veinticuatro esquelas de este tipo en la primera quincena del último mes. Me llama la atención en la segunda de estas últimas esquelas la frase: Después de haber tenido lugar la cremación hemos recibido la triste noticia de la súbita muerte Y me sorprende asimismo la expresión empleada en las dos primeras: Tras semanas de incertidumbre se produjo la repentina muerte tanto como el empleo de calificativos como increíble noticia o sorprendente nueva No es extraño que estas frases suenen muy sospechosas para los alemanes acostumbrados a leer entre líneas sus fuertemente censurados periódicos. ¿Es natural una muerte que se produce tras semanas de incertidumbre ¿Y por qué se produce antes la cremación de los cuerpos y posteriormente se comunica la defunción a los familiares? ¿Por qué, en todo caso, se procede a la cremación? ¿Por qué no son enviados los cuerpos a los hogares, como se ha- ce habitualmente? Hace pocos días tuve ocasión de ver la carta impresa que reciben las familias de las víctimas. Dice así: Lamentamos comunicarle que su- -que recientemente fue transferido a nuestra institución por orden ministerial, falleció inesperadamente el- -de- Todos nuestros esfuerzos médicos por impedirlo resultaron por desgracia inútiles. A la vista de su grave e incurable dolencia, su muerte, que le ha librado de un internamiento de por vida en una institución asistencial, debe ser considerada una liberación. Dado el peligro de contagio existente aquí, nos vemos obligados por orden de la policía a proceder de inmediato a la cremación del cadáver Hasta para el más crédulo de los alemanes, esta difícilmente puede ser vista como una carta tranquilizadora, por lo que algunos de ellos, después de recibirla, han viajado al solitario castillo de Grafeneck, según parece, para hacer unas cuantas indagaciones. Allí han encontrado el lugar vigilado por hombres con el uniforme negro de las SS, que les han prohibido la entrada. Señales recién pintadas en todas las carreteras y caminos que conducen a la desolada finca anunciaban: Seuchengefahr! ¡No pasar! ¡Peligro de epidemia! Campesinos espantados que viven allí cerca me han contado cómo de pronto los hombres de las SS ocuparon el lugar y acordonaron la finca. Afirman haber oído camiones en los terrenos del castillo, pero solo de noche. Me aseguraron que Grafeneck jamás había sido empleado antes como hospital. Me dicen que otros familiares han solicitado detalles en las instalaciones de Hartheim, cerca de Linz. Les han dicho que desistieran y que, si hablaban, se enfrentarían a duros castigos. Obviamente, algunos de ellos han tenido suficiente valor para publicar estas esquelas, esperando sin duda atraer la atención del público hacia este criminal asunto. Oigo que la Gestapo ha prohibido ahora que se incluyan en los periódicos, de la misma manera que Hitler, después de las fuertes pérdidas navales en Noruega, prohibió que los familiares publicaran esquelas de los marineros ahogados. Un alemán, X, me dijo ayer que los parientes se apresuran ahora a sacar a sus familiares de los hospi- Me llaman la atención sobre ciertas esquelas en las que se señala como lugares de la muerte los centros en los que se teme que se practiquen las muertes por compasión A finales del verano pasado se le pidió al pastor Von Bodelschwingh que entregara algunos de sus casos más desesperados. Por lo visto se olió el destino que les esperaba tales privados y de las garras de las autoridades. Afirma que lo que está haciendo la Gestapo es dar muerte a personas que padecen solo dolencias temporales e incluso meras crisis nerviosas. Lo que aún no veo claro es el motivo de estos asesinatos. Los propios alemanes me sugieren tres: 1. Que lo hacen para ahorrar alimentos. 2. Que tienen por objeto experimentar con nuevos gases letales y rayos de la muerte. 3. Que son, meramente, el resultado de las ideas extremistas nazis, y de su decisión de poner en práctica sus ideas eugenésicas y sociales. El primer motivo es, obviamente, absurdo, puesto que la muerte de cien mil personas no ahorrará una cantidad significativa de alimentos para una nación que cuenta con ochenta millones de habitantes. Aparte de que hoy por hoy no se da en Alemania una escasez aguda de víveres. El segundo motivo es posible, aunque dudo que sea cierto. Se han empleado gases letales para quitar de en medio a estos infortunados, pero, en cualquier caso, la experimentación fue solo incidental. Muchos alemanes con los que he hablado piensan que tal vez se haya utilizado algún nuevo gas que desfigura el cuerpo Pero no he podido obtener ninguna prueba de ello. Para mí, el más probable es el tercer motivo.