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16 11 08 EL LIBRO BIBLIOTECA NUEVA Asesinatos por compasión William Shirer fue corresponsal en Berlín durante el ascenso del nazismo y primeros años de la Segunda Guerra Mundial. La censura le obligó a guardar las crónicas que no pudo publicar en un diario que hoy ve la luz en España como testimonio de aquellos tiempos de infamia. Valga el ejemplo de los testimonios recogidos sobre los asesinatos sistemáticos de discapacitados mentales Berlín, 25 de noviembre (1940) Por fin he podido llegar al fondo de estas muertes por compasión Es una historia diabólica. La Gestapo, con el conocimiento y la aprobación del gobierno alemán, está provocando sistemáticamente la muerte de la población de deficientes mentales del Reich. Cuántos han sido ejecutados probablemente solo lo saben Himmler y un puñado de jerarcas nazis. Un alemán conservador y digno de confianza me dice que calcula que han sido unos cien mil. Para mí, esa cifra es demasiado elevada. Pero es cierto que se cuentan por miles y que el número aumenta a diario. El origen de esta peculiar práctica nazi se remonta al pasado verano después de la caída de Francia, cuando algunos radicales nazis le expusieron la idea a Hitler. Al principio se propuso que el Führer publicara un decreto autorizando que se provocara la muerte de ciertas personas consideradas deficientes mentales. Pero se decidió que esto podía ser malinterpretado si se filtraba la noticia y resultar personalmente embarazoso para Hitler. Al final, Hitler escribió simplemente una carta a la administración de la policía secreta y a las autoridades sanitarias autorizando el Gnadenstoss golpe de gracia en ciertos casos en que se comprobaba que determinadas personas padecían enfermedades mentales o nerviosas de naturaleza incurable. Se afirma que Philipp Bouhler, secretario de Estado en la Cancillería, actuó como intermediario entre Hitler y los extremistas nazis a la hora de elaborar esta solución. En este punto entra en escena el caso Bethel, ya mencionado en estas notas. El doctor Friedrich von Bodelschwingh es un pastor protestante, muy querido por los católicos y los protestantes en el oeste de Alemania. En Bethel, como escribí anteriormente, se encuentra su asilo para niños con deficiencias mentales. Los alemanes me dicen que es una institución modélica en su género, conocida en todo el mundo civilizado. Parece ser que a finales del verano pasado se le pidió al pastor Von Bodelschwingh que entregara a las autoridades algunos de sus casos Título: Diario de Berlín Autor: William Shirer Editorial: Debate Páginas: 528 Precio: 32 Euros más desesperados. Por lo visto él se olió algo del destino que esperaba a esos enfermos y se negó a entregarlos. Las autoridades insistieron. El pastor Von Bodelschwingh se apresuró a ir a Berlín para protestar. Allí se puso en contacto con un famoso cirujano berlinés, amigo personal de Hitler. El cirujano, negándose a dar crédito a semejante historia, se presentó al punto en la Cancillería. El Führer le dijo que no se podía hacer nada. Entonces los dos hombres fueron a ver a Franz Gürtner, el ministro de Justicia. A Gürtner, por lo visto, lo escandalizó más el hecho de que las muertes fueran llevadas a cabo sin la cobertura de una ley escrita que el que se ejecutaran. Sin embargo, accedió a presentar una queja ante Hitler por el asunto. El pastor Von Bodelschwingh regresó a Bethel. Ya allí, el Gauleiter local le ordenó que entregara a algunos de sus internos. De nuevo se negó. Berlín ordenó su arresto, y esta vez fue el Gauleiter quien protestó; el pastor era un hombre sumamente popular en su provincia, y arrestarlo en mitad de la guerra originaría una infinidad de problemas innecesarios. Declinó, pues, ejecutar la orden de arresto. Que la Gestapo asumiera la responsabilidad; él no lo haría. Esto ocurrió inmediatamente antes de la noche del 18 de septiembre. Y a ello siguió el bombardeo del asilo de Bethel. Ahora entiendo por qué algunas personas se preguntaron quién había arrojado las bombas. Últimamente algunos de mis informadores en provincias han llamado mi atención sobre ciertas esquelas peculiares publicadas en los periódicos provinciales. Estas esquelas tienen en común un timbre extraño, y el lugar de la muerte que se señala en ellas co- William Shirer Periodista, escritor. Fue corresponsal de la radio CBS en Berlín, de 1937 a 1940 Cuántos han sido ejecutados lo saben Himmler y un puñado de jerarcas nazis. Un alemán digno de confianza me dice que calcula que han sido unos cien mil El origen de la práctica se remonta al pasado verano después de la caída de Francia. Se propuso un decreto autorizando la muerte de personas consideradas deficientes mentales rresponde a uno de tres sitios: 1) Grafeneck, un castillo solitario situado cerca de Münzingen, a noventa kilómetros al sudeste de Stuttgart; 2) Hartheim, cerca de Linz, sobre el Danubio, y 3) el Instituto Público Sonnenstein de Medicina y Enfermería, situado en Pirna, junto a Dresde. Pues bien: estos tres lugares son, precisamente, los que los alemanes me citan como los principales centros donde se practican las muertes por compasión Me informan también de que los familiares de las infortunadas víctimas, cuando logran que se les faciliten las cenizas- -jamás les entregan los cuerpos- reciben una severa advertencia de la policía secreta para que no pidan explicaciones y no difundan falsos rumores Estas esquelas de provincias tienen, en consecuencia, un significado mucho mayor que el que pudiera tener en otro caso. Reproduciré aquí algunas muy típicas, cambiando los nombres, las fechas y los lugares por razones obvias. Leipziger Neueste Nachrichten, 26 de octubre: Johann Diettrich, soldado en el frente 1914- 1918, poseedor de varias condecoraciones de guerra, nacido el 1 de junio de 1881, fallecido el 23 de septiembre de 1940. Tras semanas de incertidumbre, recibí la increíble noticia de su repentina muerte y cremación en Grafeneck (Württemberg) Del mismo periódico, en octubre: Tras semanas de incertidumbre, el entierro de mi querido hijo Hans, que murió repentinamente el 17 de septiembre en Pirna, tendrá lugar el 10 de octubre Otra: Hemos recibido la increíble noticia de que mi queridísimo hijo, el ingeniero Rudolf Müller, murió súbita e inesperadamente en un lugar próximo a Linz, en el Danubio. La cremación tuvo lugar allí Otra más: Después de haber tenido lugar la cremación, hemos recibido de Grafeneck la triste noticia de la súbita muerte de nuestro querido hijo y hermano Oskar Ried. El entierro de la urna con sus cenizas tendrá lugar en privado en el cementerio de X en cuanto la recibamos Y, por último: Después de semanas de ansiedad e incertidumbre, hemos recibido, el 18 de septiembre, la sorprendente nueva de que nuestra querida Marianne falleció