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16 11 08 LA IMAGEN (Viene de la página anterior) ciones democráticas que iban a inaugurar una nueva era, y que, en palabras de la periodista belga Colette Braeckman, especialista en la región, han podido repetir en la localidad congoleña de Kiwanja el mismo error cometido por los cascos azules de los Países Bajos en la localidad de Srebrenica durante los coletazos finales de la limpieza étnica de BosniaHerzegovina: contemplar cómo la población que tenían la obligación de proteger era eliminada de forma sistemática mientras las tropas de las Naciones Unidas se cruzaban de brazos sin disparar más que para protegerse a sí mismos. Un crimen del que han sido acusadas tanto las fuerzas de Nkunda como las del Ejército congoleño. El epicentro del nuevo terremoto desencadenado por ambiciones territoriales, mineras, de influencia política (la larga sombra de los intereses franceses y estadounidenses se vuelven a ver las largas caras al este de Congo) se desarrolla en toda su aplastante tragedia en la provincia de Kivu Norte, en torno a la ciudad de Goma, donde 250.000 personas han huido de sus hogares. Mientras la Unión Europea- -que sí aportó contingentes armados y con un mandato específico durante las elecciones del año 2005 (la legión española tuvo una participación destacada en Kinshasa) -ha decidido posponer cualquier envío de unidades que den un espaldarazo a los casos azules desplegados sobre el terreno, y en el Consejo de Seguridad se archivan las condenas y las instancias, Intermón Oxfam denuncia un brutal aumento de agresiones, violaciones y trabajos forzados contra una población que padece todas las extorsiones imaginables, tanto de las guerrillas como de los soldados y policías que debían protegerles y se convierten con harta frecuencia en sus peores verdugos. Según Oxfam, localidades como Kibati, Kanyabayonga, Sake y Minova, en torno a Goma, la hermosa villa junto al lago Kivu- -que en períodos menos turbulentos servía como base para visitar a los hoy amenazados gorilas de montaña- han sido las más castigadas, con asesinatos, violaciones y reclutamiento de niños soldados, otra de las plagas regionales a las que no se sustraen ni guerrillas ni gobiernos. Esta región, en la que también se encuentra toda la belleza del mundo, sigue siendo el infierno cotidiano de los otros Intereses occidentales Campo de refugiados en Kibati, a poco más de un kilómetro del frente