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16 11 08 ACTUALIDAD Óperas en la selva Al desarrollo por el Barroco Los jesuitas hicieron de la música el principal instrumento de su misión evangelizadora. Y hoy la preservación del barroco musical de aquellas misiones sirve para ofrecer una salida a los niños de la calle de Bolivia, integrados en coros y orquestas para la difusión de tan importante legado TEXTO: JUAN LUIS SUÁREZ FOTOS: FERNANDO SANCHO A unque antes de llegar a Bolivia ya conocía algo del barroco misional, del festival de música de Santa Cruz y de la existencia en el Amazonas de orquestas juveniles dedicadas al repertorio barroco, nada me había preparado para lo que descubrí allí: un mundo de belleza natural y de esperanza humana construido en torno a la propia historia, el trabajo duro y la colaboración entre diversos sectores de la sociedad. Muchos niños de la calle son ganados para estas orquestas Santa Cruz de la Sierra, la capital del departamento del mismo nombre, fue fundada en un emplazamiento diferente del que ocupa hoy, como tantas de las ciudades móviles de nuestra América, por el extremeño Ñuflo de Chávez en honor de su pueblo. En los últimos años se ha convertido en el principal foco de desarrollo económico de Bolivia, así como en un imán para la emigración interna. A las pocas horas de aterrizar en el aeropuerto de Viru Viru, nos desplazamos al barrio conocido como Plan 3000, una zona marginal construida en su momento para realojar familias afectadas por una crecida del río Piraí. Después de un corto recorrido por sus calles sin pavimentar nos desviamos de la arteria principal para iniciar una serie de recorridos que nos alejarían cada vez más del mercado central hasta llegar a una pequeña escuela donde tiene su precaria sede la Orquesta Hombres Nuevos. Formada por niños y adolescentes del barrio, en el cual el 60 por ciento de la población vive en la pobreza y el 40 por ciento en la miseria, supone la síntesis de SICOR (www. sicor. org. bo) el Sistema de Coros y Orquestas que dirige desde 1995 Rubén Darío Suárez Arana, y otorga resguardo espiritual y material a una decena de orquestas de todo el departamento de Santa Cruz. La idea de formar orquestas para sacar a los niños de la calle y, poco a poco, ofrecerles un futuro profesional gracias al mundo de la música, surge cuando el párroco de Urubichá pide a mitad de los años 90 a Rubén Darío Suárez que convoque a los jóvenes guarayos de su pueblo con la intención de rescatar la tradición barroca del lugar. Así nació el Coro y Orquesta de Urubichá- -los franciscanos habían fundado y evangelizado Urubichá en el siglo XIX replicando el sistema musical que tanto éxito había dado a los jesuitas en la misma región- -que es ahora mismo uno de los más destacados de este sistema de recuperación cultural y promoción social. Los jóvenes de Uru- bichá ya participaron en el primer festival de música barroca Misiones de Chiquitos que desde hace más de una década se celebra los años pares en las antiguas misiones jesuíticas de Santa Cruz y en la propia capital. El Festival lo organiza APAC, la Asociación Pro Arte y Cultura (http: www. festivalesapac. com) una institución sin ánimo de lucro, dirigida por Cecilia Kenning de Mansilla y formada por voluntarios que, además, apoya el trabajo de las diversas orquestas juveniles de la capital así como las repartidas por la Chiquitanía y por el departamento de El Beni. El repertorio de estas orquestas parte de la propia tradición musical boliviana, es decir, del llamado barroco misional, un fenómeno arquitectónico, social y musical que surge gracias a la fusión de las prácticas de los misioneros jesuitas en los siglos XVII y XVIII y de las adaptaciones y aportaciones de los pueblos chiquitanos y moxeños de la zona. Sin embargo, las propias orquestas han decidido ampliar este repertorio para afrontar algunas grandes composiciones de la música clásica universal. De esta forma, preparan poco a poco a sus integrantes para que puedan desarrollar una carrera profesional en el mundo de la música, ya sea como profesores o intérpretes. En realidad, los misioneros jesuitas llegaron a esta zona de la América española con el claro objetivo de hacer de la música el instrumento principal de su labor evangelizadora. Así se inició uno de los procesos culturales más interesantes de la época moderna. Los jesuitas fundaron varios asentamientos y crearon, junto a los chiquitanos y moxeños, un completo sistema de vida en el que la arquitectura, el urbanismo, el trabajo, la comunidad y, sobre todo, la música, sirvieron como vehículo para la consecución de una vida armónica con sus propias tradiciones, la naturaleza y Dios. Una vida verdaderamente religiosa en el sentido etimológico de la palabra. El experimento se vio interrumpido con la expulsión de los jesuitas