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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE Los militares, en la imagen durante un desfile, cumplen el viejo adagio que propugna el compañerismo como fórmula de vida Friol (Lugo) perece como consecuencia de la explosión de una mina al paso de un convoy militar español que estaba compuesto por cinco vehículos tipo BMR. Ella se convierte en la primera mujer militar española que pierde la vida durante una misión de paz en el extranjero. Exhala su último suspiro cerca de la localidad de Shindand. Conducía uno de los blindados. La misión se llamaba Operación Reconstrucción de Afganistán y, como Alonso Ríos y Suárez García, Idoia ansiaba contribuir a la complicada tarea de ordenar este maltratado territorio. Su madre aún no se ha quitado el luto, ni piensa en ello, echa en falta su alegría; su padre, no se adapta a no tenerla. Sus vecinos la recuerdan. Estaba a punto de casarse, y hoy sólo pueden verla en los álbumes de fotos. Casi un bienio antes, el 16 de agosto de 2005, la Brigada de Infantería Ligera Aerotransportable ve cómo favorecer la consolidación de la democracia en un país tiranizado cuesta la vida a 17 hombres, diez de ellos gallegos, y doce de la Brilat. Fallecen al estrellarse cerca de Herat el helicóptero Cougar en el que viajan. Primero se barajan varias hipótesis, incluida la de un posible ataque exterior, pero finalmente se considera un accidente. Esta tragedia es otra que deja viudas, huérfanos y familias destruidas, sin aplacamiento. El teniente Javier González Hernández, de 26 años y madrileño, acababa de contraer matrimonio hacía mes y medio. El sargento José González Bernardino era asturiano, de 31 años, casado y con una hija. El cabo Daniel Abreu Fernández (Vigo) estaba felizmente desposado con una compañera a la que conoció en Kosovo. Tenía 24 años. José Ángel Martínez, ribeirense, se declaraba militar vocacional. Ni siquiera los temores de sus familiares lo frenaban. Adoraba su ocupación, y no despreciaba ninguna oportunidad para demostrarlo. Se fue con solamente 21 años. Isaac Calvo soñaba con enrolarse desde que era pequeño. Pese a su procedencia, la ciudad departa- Las tragedias reales de 12 jóvenes El cabo Rubén Alonso, durante unas maniobras con su unidad ABC Los militares Rubén Alonso y Andrés Suárez formaban parte de un equipo de formación y adiestramiento (OMLT) del ejército afgano, con base en Camp Stone al sur de Herat mental de Ferrol, empapada de la invocación castrense, no existía este oficio en su familia. Independientemente de este detalle, el muchacho tenía claro que su futuro pasaba por seguir esta senda. Así lo hizo, y sus aspiraciones se truncaron trágicamente a los 20 años. Diego González Blanco, orensano de 1978, estaba soltero, pero tenía planes con su novia. Nunca se materializaron. Diego Prado López, originario de Villalba (Lugo) estaba soltero, tenía dos décadas a sus espaldas, e ingresó en el Ejército de Tierra tan pronto alcanzó la mayoría de edad. El militar Iván Vázquez Níñez recién estrenaba los 20. Era de Foz, en Lugo. El soldado Pedro Manuel Sanmartín Pereira, nacido en 1980 y soltero, estaba censado en Barro (Pontevedra) Pablo Iglesias Sánchez era otro lucense del 1983, también soltero. Jesús Casal Rivera tenía 26 años, era de Vigo, pero vivía en Marín, municipio de la provincia de Pontevedra. También estaba soltero. Gonzalo Casalderrey Názara (Pontevedra, 1985) era un chico que había ingresado en el Ejército de Tierra el mismo año de su despedida. La relación de fallecidos de la Brilat, no obstante, la inaugura en 2003 el sargento Luis Puga Gándara. Con 29 años, estaba soltero y había nacido en la localidad alemana de Guiessen, aunque sus lazos estaban en Vigo. Pertenecía a la Unidad de Zapadores y había ingresado en el Ejército en septiembre de 1993. Expiró mientras era intervenido quirúrgicamente por el personal del Escalón Médico Avanzado de la Base España, que nada pudo hacer por su salvación. Recibió un disparo accidental en Diwaniya, al sur de Irak, de un compañero que estaba preparando su armamento. El drama más reciente es del pasado 26 de octubre. Rubén, Juan Andrés y más compañeros ponían rumbo a un cometido que se habría de prolongar seis meses. Movidos por su vocación humanitaria, estaban deseosos de cooperar. En este semestre, cuentan desde el teléfono de prensa de Figueirido, tenían (y los que allí siguen, tienen) derecho a unos breves turnos vacacionales, de unos 15 días, para estar con los suyos. La comunicación con las familias es constante. Se les da un cuadernillo informativo a los parientes, y se les explica la misión, cómo hacer llegar un paquete, giros, telegramas, correspondencia particular, comunicaciones urgentes... aclaran desde la Brilat, y añaden que los soldados disponen efectivamente de servicios de cabinas telefónicas para llamar, y de móviles con cobertura Han vuelto dos ataúdes. Viernes, 14- N. Un soldado orensano relata a ABC que él acudió al Líbano a prestar el mejor de los servicios, y anticipa que volvería a hacerlo. Una pareja, él ferrolano y (Pasa a la página siguiente)