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2- 3 D 7 LOS DOMINGOS DE Cofundador de Sun Microsystems Capitalismo verde Socio de John Doerr y quizás el que más a fondo ha cultivado la obsesión por el capitalismo verde Ha invertido montañas de dinero para investigar la sustitución de la gasolina por etanol y mantiene inversiones en 35 empresas que investigan tecnología punta a favor del medio ambiente Vinod Khosla ABC Brin y Larry Page aún no habían aprendido a cobrar cheques ni afeitarse. Comprar acciones de Google ahora no tiene ningún misterio. Lo tenía entonces. Por eso los que se dieron cuenta a tiempo hicieron una buena obra... y la fortuna de su vida. No es extraño que la inmensa mayoría de los capitalistas aventurados (venture capitalists) que salen en la lista Midas de Forbes vivan cerca de un centro innovador tan potente como Silicon Valley. Estamos hablando de un tipo de inversor muy inquieto y muy curioso. Igual que hay rebeldes sin causa, hay especuladores con ella. Doerr y todos los que como él ganaron mucho dinero con sus tempranas inversiones en empresas como Google o Amazon no se han gastado sus ganancias ni en vino ni en el bingo. Todos ellos han seguido con un ojo puesto en el futuro. Atentos a la novedad. Doerr es hoy un campeón del medio ambiente que habla de tú a tú a Al Gore, del que se ha hecho amigo y al que ha obligado a hacerse socio de su empresa. Está convencido de que la lucha contra el cambio climático es no sólo un imperativo humano y moral, sino el negocio del siglo XXI y quién sabe si del siglo XXII. Invierte como un poseso en nuevas tecnologías y en el mercado de emisiones de carbono y llama a los demás a seguir su ejemplo. A no perder el tren, les dice. A algunos les da específica y obsesivamente por la energía solar, como Andy Bechstosheilm, y otros son intelectuales como el profesor de la Universidad de Stanford, David Cheriton, que para variar se hicieron ricos y no pobres gracias a su fino intelecto. Hay en casi todos ellos una interesante aleación de idealismo y de sentido práctico. Son una especie de iluminados con visión de negocio. De utópicos eficaces. Doerr podría pagar a un Aristóteles contemporáneo para educar a sus hijos, pero prefiere llevarlos a la escuela pública con el argumento de que cree en ella. Sentimental, le gustan las canciones de Elton John y Paul Simon. Es la música que entiende mi generación sentencia. Él, como casi todos los Midas, ronda por arriba o por abajo los cincuenta años. Unos son más hippies, otros salen a navegar, coleccionan arte y tienen palco en la ópera, pero todos tienen en común una rara chispa inconformista, una especie de ardiente impaciencia ante el futuro, que refuerza su aire casual, como de ingenieros despeinados. Casi todos ellos se conocen, se tratan o se ven a menudo. La lista de Midas recorre una tupida red de contactos cuyas circunvoluciones recuerdan las del cerebro humano. Es la inteligencia capitalista en acción, las neuronas pasándose excitadas la señal. John Doerr, que como ya se ha dicho es compadre de Al Gore y ha sido partidario de Hillary Clinton, ha llegado a sugerir a Obama que nombre como comandante en jefe tecnológico a Bill Joy, un cerebro de su propia empresa (la de Doerr) Era un consejo gratis que le daba. Otro fue que no espere demasiado a dar un profundo y rápido impulso a la tecnología verde desde su gobierno. Esa parece ser la receta de Obama para salir no sólo del hoyo energético sino hasta del industrial: si al final los fabricantes de coches de Detroit reciben ayuda del gobierno seguramente será en forma de créditos para producir coches híbridos. No son pocos los que dicen que si realmente ya es imposible hacer negocio fabricando coches sucios- -porque nadie los puede fabricar tan impunemente sucios y con unos costes laborales tan baratos como en el Tercer Mundo- entonces habrá que descubrir la manera de convertir en competitivos los coches limpios. Ese es el futuro. Todo lo demás es volver de cabeza a la mina. Da la impresión de que al ecologismo americano le está sucediendo como en su día les ocurrió a los pantalones vaqueros: que ha pasado en un tiempo récord de ser algo informal y de andar por casa a convertirse en la moda que mueve a las masas y el norte que imanta la brújula de los ricos. El éxito por ejemplo de una marca como Google (don t be evil! frente a la malvada Microsoft demuestra que el (Pasa a la página siguiente) Por un futuro limpio No perder el tren Lawrence Sonsini Wilson Sonsini Goodrich Rosati (Asesoría legal a empresas tecnológicas y de inversión) Es uno de los ejecutivos más poderosos de Silicon Valley y del mundo, aunque alguna vez se han visto cuestionados sus agresivos métodos. A su firma le acompañan tanto la leyenda dorada como la negra AP