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D 7 9 11 08 LA CARTA DEL CORRESPONSAL 32 D 7 LOS DOMINGOS DE Londres TEXTO: EMILI J. BLASCO FOTO: DAVID J. SALAS De vinos en el reino del pub En el lugar donde residió Kipling está la bodega más antigua de Londres, un escondido rincón en pleno centro de la capital británica oda visita a Londres incluye preceptivamente al menos una pinta en un pub. Pero no sólo lo tópico es lo típico. Y al igual que no únicamente de té viven los ingleses- -el café ya ha superado las cifras de ventas en los supermercados- tampoco la cerveza es el único brebaje para las horas que siguen a la salida del trabajo. En el reino de los pubs, una vieja taberna de vinos ocupa un trono especial: Gordon s Wine Bar es la bodega más antigua de Londres. Su peculiar ambiente y su céntrico emplazamiento la convierten en obligada parada para la próxima visita a la capital británica. A la tasca se accede bajando T unas empinadas escaleras desde Villiers Street, la calle que une Charing Cross y Embankment. Enseguida se huele a vino. Unas pocas luces amarillentas, completadas con velas en algunos rincones, aportan una auténtica atmósfera tabernaria. Una sala de techos bajos y abovedados, donde no se cabe de pie, completa el espacio principal donde se despachan los vinos y también raciones de pan y queso y algunas pies (pastelillos de carne) para acompañar el alcohol. Una salida lateral a un callejon abierto permite beber al aire libre si el tiempo londinense no lo impide. El edificio se llama Kipling House porque en él vivió el escri- El Gordon s Wine Bar se ha convertido en la taberna más concurrida de Londres. Imprescindible en su próxima visita tor Rudyard Kipling en la década de 1890, justo cuando la taberna abría sus puertas. Previamente el lugar había sido almacén utilizado por marineros, pue se encontraba a las orillas del Támesis, pero fue transformado en viviendas cuando el río quedó algo más alejado al construirse el Embankment. Los trenes de Charing Cross retumbaban en mis sueños por una parte, el estruendo de Strand por otra, mientras, delante de mis ventanas, el padre Támesis paseaba arriba y abajo con su tráfico recordaría más tarde Kipling. Ahí arriba escribió La luz que se apaga (1891) Y debió de ser buen lugar para la inspiración, pues el autor de El libro de la selva ganaría el Premio Nobel de Literatura en 1907. De no mucho después es Joan Anderson, una anciana que lleva 27 años trabajando en el bar y a quien aún se la puede ver al mediodía limpiando mesas y dando conversación a los clientes. Joan cuenta que se trata del único lugar de Londres donde el sherry, el oporto y el madeira se sirve de barril. Luego, además, hay una gran variedad de vinos que no recuerda, la mayoría no ingleses, por supuesto, aunque a resultas del cambio climático los viñedos en el sur de Inglaterra se están extendiendo. Mrs Anderson se embarca en un larga explicación sobre parentescos: el local es llevado ahora por Luis Gordon, hijo mayor del anterior propietario, que a pesar de su apellido nada tenía que ver con Arthur Gordon, el primer dueño. Este abrió Gordon s Wine Bar en 1890 gracias a una licencia concedida a su familia en el siglo XIV por Eduardo III para la venta de vino. Algunas de las piedras que pueden verse en la de bajas bóvedas datan del siglo XVI. El resumen histórico que facilita la taberna también registra que G. K. Chesterton le encontró su gracia al lugar y que a sus mesas pasó su buen tiempo escribiendo. Hoy se llena tanto que casi no hay ocasión de encontrar un momento de silencio creador. PRESIDENTE DE HONOR Guillermo Luca de Tena PRESIDENTA- EDITORA Catalina Luca de Tena CONSEJERO DELEGADO José Manuel Vargas DIRECTOR GENERAL José Luis Romero DIRECTOR Ángel Expósito Mora DIRECTOR ADJUNTO José Antonio Navas SUBDIRECTOR Alberto Aguirre de Cárcer REDACTOR JEFE Alberto Sotillo D 7