Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE LO PENSARÉ MAÑANA Maradona y Obama POR E. RODRÍGUEZ MARCHANTE os de los lugares de mayor impacto mundial y que emiten las más claras y rotundas señales de poderío y autoridad acaban de ser ocupados por dos personajes extraordinarios: Barack Obama entra en la Casa Blanca y Diego Armando Maradona, en la selección de fútbol argentina. Uno como presidente y otro como entrenador. Supongo que ambas cosas no pueden ni deben tratarse a la vez, o sea, que vamos a ponernos las botas. Maradona es la personificación del balón, la materialización mis- D ma del cuero, y de hecho hasta ha ido remodelándose físicamente con el tiempo hasta ser su viva imagen. Y la cuestión no es si sabrá o no sabrá dirigir esa máquina de jugar al fútbol que es siempre la selección argentina, pues su talento futbolístico está mucho más allá de cualquier duda, sino estas otras: ¿podrá quedarse en su lugar (el banquillo) sin molestar, menospreciar o agredir a los del banquillo de al lado? ¿Se empeñará en tirar él mismo las faltas? ¿Aguantará la presión sin caer en sus malas costumbres (y me refiero, esencialmente, a ésa de irse a Cuba una temporada a arreglar el mundo con su amigo, el dictador Fidel) Maradona ha sido para el fútbol su mejor paisaje, su más hermoso atajo hasta llegar a la perfección y al arte, alguien que ha sublimado verbos tan prosaicos como chutar regatear correr pasar golear hasta convertirlos en pura poesía: no creo que haya mucha más belleza, emoción ni precisión en un soneto de Garcilaso que en el gol que Maradona les recitó a los ingleses. También ha sido para el fútbol un paisaje infernal, una pesadilla, una caída en picado, una insoportable resaca... Pero el tiempo está con él, y una selección de sus mejores momentos y goles siempre quedará encima, sobreimpresionará y hará desaparecer todos esos manchurrones de palabra y obra que subyacen en la complicada orografía de su vida. El entrenador de una selección nacional de fútbol es también, en cierto modo, un embajador del país, y en el caso de Argentina, donde el fútbol es un termómetro social, una bitácora, una veleta, el fiel de una balanza, pues más aún. En Argentina (o en Brasil) se hace fútbol como en el viejo Hollywood se hacía el cine: para que lo vea y sueñe el resto del mundo. Hay que esperar y desear que a partir de ahora ese gran espectáculo no se traslade del césped al banquillo, y que el tunante y caprichoso Maradona no desplace al otro, al brillante, al grande, y que sepa manejar con prudencia y sabiduría el enorme talento de algunos de los jugadores argentinos, como Messi o Agüero, en vez de achatarlos. Si se observa su gestualidad, su traza histriónica o si se escucha su verborrea, la cosa es para preocuparse. Aunque, francamente, como hemos elegido hablar de Maradona y no de Obama, ¿de qué hay que preocuparse? TIRA Y AFLOJA Por César Oroz NO SIEMPRE ES DOMINGO ¡Anda la osa! POR XAVIER PERICAY unque el refrán los asocie y hasta parezca que los hermana, no hay que darle crédito: el hombre y el oso, cuanto más alejados el uno del otro, más hermosos. Hasta el punto de que no existe mejor oso para el hombre que el de peluche. O que el de Canadá, sobre todo si vive en una reserva y no se exhibe más que en contadas ocasiones y, a ser posible, sedado. Cualquier intento de convivencia entre las dos especies está condenado al fracaso. Y, si no, que se lo pregunten a ese cazador leridano A que fue atacado no hace mucho por una osa en el valle de Arán mientras participaba en una cacería, y no precisamente osera. Bien es verdad que, al decir de la asociación ecologista Ipcena, la culpa de que el cazador recibiera un mordisco y un zarpazo no la tuvo la osa, sino el propio cazador, por no comportarse como es debido. Según la asociación, todo cazador debería saber que, en presencia de un oso, hay que hacer la esfinge. Nada de gritos ni de aspavientos. Quieto ahí, muchacho, calladito estás más mono; y a esperar que escampe. De lo contrario... Pe- ro, más allá de esa inversión entre víctima y verdugo- -a la que tan acostumbrados nos tienen, por cierto, determinados sujetos y colectivos cuando la violencia la ejerce el nacionalismo- lo más relevante de las declaraciones del portavoz de Ipcena es la apostilla: El animal, de todos modos, no tuvo intención de matar; si no, el hombre no lo habría contado O sea que, encima, hay que darle las gracias. ¡Anda la osa! Por lo demás, la bestia en cuestión ni siquiera es autóctona. Proviene de Eslovenia y, junto a una decena de congéneres, fue trasladada en 2006 hasta el Pirineo por nuestros vecinos franceses, de común acuerdo con el Gobierno español y su franquicia catalana. Vaya, que muy bien podríamos habérnosla ahorrado. Habría bastado con no caer en la tentación de restituir lo que llevaba décadas extinguido o en vías de extinción. En realidad, con el llamado oso ibérico hemos actuado exactamente igual que con la lengua. Cuando menos a tenor de lo ocurrido en algunas zonas de Navarra, donde la simple existencia de un topónimo vascuence, real o inventado, se ha erigido en razón más que suficiente para justificar el aprendizaje y la difusión de una lengua que llevaba siglos desaparecida de la región. Pero no todo es importación en lo tocante a esta especie animal. En la cordillera Cantábrica, en los límites entre Castilla y León, Galicia y Asturias, también tenemos ejemplares autóctonos. Y la población, para desespero de los lugareños y alegría de los conservacionistas, no para de crecer. Milagros de la discriminación positiva. Lo que nunca se nos ocurrirá, me temo, es convertir al ser humano en especie protegida.