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9 11 08 LA IMAGEN Y el racismo era ley TEXTO: ALFONSO ARMADA FOTO: MARY ANN CHASTAIN (AP) ace medio siglo, una niña de Carolina del Norte besó en la mejilla a un amigo negro de nueve años llamado Hanover. La policía detuvo al pequeño y un tribunal lo sentenció a 12 años de prisión por intento de violación. Ante el escándalo que se desató, Hanover fue finalmente puesto en libertad. En buena parte del profundo sur a finales del siglo XIX los blancos recurrieron al terrorismo para disuadir a los negros de que votaran. La ley de Lynch servía para poner a los animales en su sitio En el delta del río Misisipí el número de linchamientos creció a comienzos del siglo XX para doblegar a antiguos esclavos que tenían la osadía de hacerse aparceros y trabajadores por cuenta propia, de hacerle la competencia a sus antiguos amos. El terror (que con tan teatral parafernalia enarboló el Ku Klux Klan) como recurso para preservar un orden social injusto. Ann Nixon Cooper es la memoria viva de todo eso. Nacida en Shelbyville, Tennessee, en 1902, tras casarse con un prestigioso dentista de Atlanta, se incorporó a la clase alta negra de Georgia. Pero no pudo votar hasta que cumplió los 63 años. Volvió a hacerlo días antes del pasado martes, y expresó su deseo de ver a Barack Obama convertirse en el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos. A pesar de sus 106 años, el 4 de noviembre se quedó levantada hasta escuchar el sobrio y emocionante discurso de Obama en el parque Grant de Chicago, y se fue a la cama con el corazón caliente. Obama la había hecho doblemente feliz: no sólo vio cumplido su deseo, sino que el presidente- electo hizo de su vida un símbolo. Ella nació justo una generación después de la esclavitud, un tiempo en el que alguien como ella no podía votar por dos razones: por ser mujer y por el color de su piel. Ella estaba allí cuando los autobuses de Montgomery, las hoses de Birmingham manguerazos contra manifestantes negros el puente de Selma la marcha que intentaba llegar a Montgomery, la capital de Georgia en la plegaria de Atlanta donde la gente coreó We shall overcome VENCEREMOS Después de 106 años en Estados Unidos, durante los tiempos mejores y las horas más negras, ella sabe cómo América es capaz de cambiar TEXTO: ALFONSO ARMADA FOTO: REUTERS H