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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE Cinco alumnas, de las doscientas que ya se han graduado en la escuela de belleza de Rodríguez, en una clase ra los dos centenares de mujeres que han pasado por su escuela de belleza de Kabul la loca aventura de Rodríguez ha sido la única posibilidad de poder saborear un resquicio de libertad. Porque Debbie les ha dado la oportunidad de valerse por sí mismas, de ser independientes económicamente en un país donde tras el régimen talibán las cosas apenas si han cambiado para ellas; les ha ofrecido, entre tintes y fijador de permanente, la esperanza de otra vida. Y todo eso solo está en la mano y en la imaginación de las grandes mujeres que hacen muescas a la Historia. Cuando regresé a mi casa tras haber ayudado en las labores de rescate del World Trade Center- -me cuenta- -no podía dejar de mirar los reportajes televisivos sobre Afganistán. Me conmocionaron sobre todo las imágenes de los talibanes ejecutando mujeres en el estadio Ghazi de Kabul. Tenía la sensación, allí en Holland, junto a mi marido, de estar llevando una vida casi tan reprimida como la de aquellas mujeres. Entonces me enteré de que la ONG con la que había ido a Nueva York estaba preparando para el año siguiente el envío de un equipo a Kabul. Hice todo lo posible por ir, mi marido me lo prohibió, pero escondí mi pasaporte y mi billete en la caja fuerte de mi madre- -Loise Turner, otra heroína que siempre ha apoyado sus locuras y de la que aprendió el oficio de peluquera cuando a los 15 años empezó a trabajar en su salón- Vivir con un marido maltratador- -enfatiza- -es como vivir en prisión o realmente como no vivir. He vivido con más miedo estando con él que viviendo en Afganistán. Alejarme de sus garras y marcharme a Kabul fue una liberación. Cualquier persona que haya estado en las manos de un maltratador sabrá de lo que hablo Su idea de crear una escuela de belleza en Kabul después de aquel primer viaje con fines sanitarios a Afganistán fue cuajando a su regreso a Estados Unidos. Dice con entusiasmo que tanto su madre, como sus hijos, Noah y Zachary- -que ya estaban en la universidad- y sus numerosas clientas del salón de Holland la animaban a conseguir su sueño. Pidió a distintas marcas de cosmética ayuda y la inundaron de productos. Así que en marzo de 2003 estaba de vuelta en un país en guerra. Allí su plan recibiría el apoyo de una pequeña ong, fundada en 1996 por la norteamericana Mary MacMakin, que ayudaba a las viudas de tanta guerra y que apenas sobrevivían de pedir lismosna. Habíamos decidido que las primeras mujeres a las que queríamos ayudar a mejorar fueran peluqueras que estaban en activo. Un colaborador dedicó varios días a deambular por las calles embarradas en busca de salones de belleza. Había entregado numerosas invitaciones para ¡una reunión de peluqueras en Kabul! y dudábamos si las mujeres que buscábamos serían capaces de alejarse de sus maridos y sus padres para acudir a una cita como aquella. ¡Llegaron una treintena de mujeres! La mayoría vestía burkas azules, unas cuantas lo llevaban de color amarillo pálido y muy pocas iban vestidas con ropa normal, pero cubrían sus cabezas con pañuelos oscuros. Cuando las tuve delante, y antes de empezar el proceso de selección que llevaríamos a cabo, les pedí que me contaran cosas sobre ellas. Fue como descorchar una botella. Sus historias, las tristísimas historias de las mujeres afganas, empezaron a manar al instante Una llevaba ocho años sin salir de su casa, otra relató su vida durante 15 años bajo un burka y cómo no podía resistir la luz del sol cuando se lo quitó al fin, cómo se sobrevive a un matrimonio arreglado cuando se tienen doce años y tu marido cincuenta, cómo logras simular la virginidad perdida en una violación cuando tu madre ha conseguido el compromiso de que seas primera esposa y la familia quiere ver sangre durante la ceremonia de consumación, de qué manera es posible sobrevivir cuando tu vida no vale nada, cuando no tienes La tragedia vestida con burka FOTOS: ABC Les pedí a mis primeras treinta alumnas que me contarán cosas de ellas. Fue como descorchar una botella de la que manó las tristísimas historias de las mujeres afganas derechos... cuando para el día de la boda a la que debes ir sin un solo pelo tienes que arrancarte el vello púbico aunque sea tirando con chicle... De tener una moneda de diez centavos por cada lágrima derramada en la escuela, seríamos millonarias. Las mujeres afganas- -sonríe- -no permiten que nadie llore solo Deborah explica que la mayoría de las afganas que no estaban casadas no tenían permitido cortarse el pelo: largas cabelleras, tez blanca, ojos claros y gran estatura, pero con carne, son distintivos de belleza en Afganistán. Es curioso- -apostilla- -cómo algo tan aparentemente superficial como es la belleza ha podido ayudar a mujeres en una situación tan terrible. Doscientas mujeres han salido graduadas de la escuela y la mayoría de ellas está trabajando en salones o tiene su propio salón. A través de nuestra escuela de belleza las hemos dado una herramienta con la que poder ayudar a sus familias económicamente y poder tener otras opciones. La vida es muy dura en Afganistán. Intentas ser normal, llevar un negocio sin electricidad, sin agua caliente, bajo las bombas... El estrés lo contagiaba todo. Ni un día era tranquilo; la cosa más sencilla, allí era una dificultad casi irresoluble. Eso también crea problemas en un matrimonio y el mío no fue una excepción. Allí casarse es difícil porque hombres y mujeres no se mezclan. Así que estaba muchas veces sola en mi cuarto, ya que no me estaba permitido ir al salón donde estaba mi marido con otros hombres, y si iba con mi marido a algún sitio me tenía que meter en el cuarto reservado a las mujeres, que no hablaban inglés. Hacia el final de mi matrimonio, mi marido se enroló a las órdenes de un señor de la guerra muy peligroso que también resultó una amenaza para mí. Y lo que al principio fue gran protección acabó volviéndose en mi contra Hasta el punto de que cuando le hablo de volver a Kabul pronostica que de hacerlo podría ir a la cárcel o ser víctima de un crimen de honor por abandonar a su marido. De manera que no tuvo más remedio que dejar atrás su Cabul Coffe House que abrió para tener un lugar donde no sentirse sola y su peluquería Oasis Salon en pleno centro de la capital, el medio de lograr fondos para la escuela. He firmado con Sony para hacer una película con mi vida- -anuncia- -y parte del dinero servirá para abrir otra escuela en Kabul. Sé que nada hará libres a las mujeres afganas pero no puedo tirar la toalla. Afganistán está mucho peor que en 2002. Las cosas se han agravado para mujeres y extranjeros. No tenemos la menor oportunidad de ganar esa guerra Nuestra cita hoy, 4 de noviembre, se retrasa. Debbie va a votar. Ni se me ocurre preguntarle por su elección. Pero sé que un republicano, ni siquiera un veterano de guerra como McCain, se atreve con Michigan. Y Rodríguez, aunque sólo fuera en eso, no iba a ser la excepción.