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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE Un grupo de desempleados ven pasar la tarde en la localidad granadina de Zagra. En quince días comienza la temporada de la aceituna. Cuando acabe, de nuevo al paro los pastores de la zona, que le han dedicado más de un trovo. He encontrado a media docena. ¿Es suficiente? En realidad, podría ir de puerta en puerta y reclutar al 76 por ciento de la población activa de Zagra. El paro, aquí, no es un accidente del que uno se recupera pasado un tiempo; es una forma de vida. Los datos están en anuarios económicos como el de La Caixa o en los cuadros en excel del Instituto Nacional de Estadística. Según esta fuente, 507 zagreños podrían trabajar, pero sólo 126 pueden presumir de un contrato. El resto va tirando con el PFEA (Programa de Fomento de Empleo Agrario, antes conocido como PER) con subsidios, con la temporada de la aceituna o de la uva, con pequeñas chapuzas o con una economía de subsistencia basada en huertos o en la caza de conejos y perdices. Antonio, el chaval de la moto, tiene 20 años y está esperando a que dentro de unos quince días le llamen para currar en el olivar. Dos o tres meses de tarea, y al dique seco otra vez. Quiero apuntarme a las fuerzas armadas. Pero ni siquiera esa salida está fácil ahora David, 29 años, ha estado empleado en la piscina municipal. El verano hace tiempo que pasó y su horizonte es también la aceituna. Como el de Antonio, 33, que añade un elemento más para el pesimismo: En los últimos meses apenas ha llovido y, cuando lo ha hecho, ha sido de forma torrencial. Los árboles apenas están cargados José Manuel, 37, ni siquiera cobra el paro. Está pendiente de que le toque la lotería del PFEA, que supone una docena de días de trabajo al año, a razón de 750 euros, una ayuda que en estos municipios se aprovecha para mejorar las infraestructuras. Manuel, 55 años, tiene dos hijos que han seguido sus pasos: son albañiles y, como él, están mano sobre mano. Tendré que ir a la aceituna, porque robar, de momento, no sé ironiza. Las instalaciones de la Cooperativa San Lorenzo, a las afueras del pueblo, se pasan gran parte del año habitadas por fantasmas y por Manuel Jiménez, encargado de mantenimiento, que no parece tener miedo a la soledad. Pronto la maquinaria se pondrá en marcha. En la cooperativa residen gran parte de las esperanzas de los zagreños para ir tirando. Los grandes e impolutos depósitos de acero inoxidable esperan la llegada del zumo de aceituna. En una buena temporada sacamos 16 millones de kilos de olivas, lo que supone algo más de 3 millones de litros de aceite comenta Jiménez. Pero este año nos damos con un canto en los dientes si obtenemos 5 ó 6 millones de kilos (1 millón de litros de aceite) A la crisis económica hay que sumar la crisis del cielo, poco generoso con el suelo. No todo el mundo en Zagra vive del campo. Hay dos fábricas textiles que están pasando graves apuros. Manuel Gámiz, gerente de Confecciones Nicassio, firma especializada en pantalones de sport, ha tenido que tragarse una píldora muy amarga. En los buenos tiempos tenía 40 ó 50 personas en plantilla y otras 20 eventuales. Ahora quedamos ocho de la familia. Me he visto obligado a echar a la calle a gente del pueblo a la que conozco de toda la vida se lamenta. Los grandes establecimientos fueron los primeros en dejarnos tirados, pues se van al comprar el género a China o Pakistán, donde les sale más barato. Los clientes que han resisitido notan que han bajado las ventas. Ellos no sacan beneficio, y yo no cobro. Uno me dice: Mira, Manolo, como no me pongas la letra de noche... porque los días los tengo completos. Si quieres servir (Pasa a la página siguiente) Economía de subsistencia Manuel, 55 años, es albañil. Como sus dos hijos. Todos están en el paro y sin cobrar subsidio. Tendré que ir a la aceituna, porque robar, de momento, no sé ironiza