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42- 43 D 7 LOS DOMINGOS DE privadas de la Familia Real) y, dejando escapar la risa, le comentó: Por esa escalera bajábamos deslizándonos por la barandilla Aquella era la Grecia oficial, pero pronto la Reina tuvo también ocasión de familiarizarse con la otra Grecia, a pie de calle, humana, monumental y cargada de historia. Artemis Scumburdis, guía y escritora griega que acompañó a los Reyes durante su visita, recuerda el gran interés de Doña Sofía por cuanto veía y admiraba. Primero en Atenas, y a continuación en Olimpia, uno de los principales santuarios de la antigua Hélade, ciudad famosa por celebrarse en ella los primeros Juegos Olímpicos, por su estadio y por cuanto queda del antiguo esplendor de sus viejos templos. En Olimpia los Reyes visitaron la Academia, y pasearon por el enclave arqueológico y el Museo. Estaba muy contenta y todo le interesaba. Hasta las salas prehistóricas. Me contó lo mucho que le gustaba la arqueología y cómo hizo excavaciones con su hermana y su profesora en Tatoi Una vez concluido el recorrido oficial del viaje, los Reyes se trasladaron a Tesalónica, capital de la región de Macedonia y uno de los más importantes puertos del Egeo. Tras acudir a un acto de homenaje a la comunidad sefardí y recordar el Holocausto, visitaron la Catedral y la Iglesia de Santa Sofía, rodeada de jardines y poseedora de bellos mosaicos. Acudieron también a Vergina, donde se había encontrado la tumba que se cree fue de Filipos de Macedonia, padre de Alejandro Magno. En Tesalónica la Reina no podía por menos que evocar los años de su infancia, cuando toda la Familia Real se desplazaba allí para asistir a las fiestas de San Dimitris, patrón de la ciudad. Antes de partir, la comitiva almorzó al borde del mar, en el restaurante Miami- -en Nea Krini- -especializado en pescado. Isy Revah, entonces cónsul honorario, recuerda a la Reina de lo más contenta, exultante. La Reina ha visitado asimismo varias veces de forma privada la recoleta isla de Patmos, bellísimo lugar donde San Juan escribió el Apocalipsis durante su destierro, uno de los principales lugares de peregrinación cristiana. Isla a la que regresó asimismo recientemente para asistir a la boda de la Princesa Olga, hija de Miguel, con el Príncipe Aimone de Saboya. Doña Sofía ya conocía Rodas, la histórica isla del Dodecaneso, uno de los más históricos enclaves durante las Cruzadas, lugar en el que se establecieron los Caballeros de Olimpia En el actual palacio presidencial, Doña Sofía señaló la gran escalinata que conduce a los despachos y comentó: Por esa escalera bajábamos deslizándonos por la barandilla la Orden de San Juan de Jerusalén y en el que hoy se respiran por sus calles y muros los atávicos aires de aquellos tiempos. Doña Sofía ya había visitado Rodas antes con sus padres. Pero ese año acudió muy especialmente para la inauguración de la Casa de la Lengua de España, situada en el barrio medieval de la ciudad. El ministro de Cultura- -su anfitrión- -aprovechó la ocasión para enseñarle la Acrópolis (fortaleza) del pueblo de Lindos, a donde ambos ascendieron a lomos de sendos burros. La Reina se lo tomó a risa y pidió al resto del séquito que la siguiera, también en burro, ante la sorpresa de los grupos de turistas españoles desprevenidos que la reconocieron durante el recorrido. A menudo los viajes a la capital griega de Doña Sofía suelen estar relacionados con grandes acontecimientos culturales, como la exposi- Atenas Tesalónica ción sobre el Greco de 1999, la de pintura española del siglo XX y la de Dalí en 2002, o la muestra sobre el Taller del Greco (acompañando al estreno de la película sobre el pintor) de este año. La Reina es invitada de honor de tales eventos, que como muy bien saben las autoridades helenas quedan automáticamente potenciados por su presencia. Con paciencia se enfrenta Doña Sofía a las cámaras de quienes se la encuentran en una exposición, en un concierto, junto a algún monumento. Pero la espontaneidad suele vencerla. Y fue así que una noche, a la salida de una inauguración en el Museo de las Cícladas, rodeada por varios agentes de seguridad y mientras le aguardaba el coche oficial, la Reina se paró de golpe ante una anciana que se abrazó con ella. Los escoltas se quedaron sorprendidísimos cuando descubrieron que la Reina abrazaba cariñosamente a una de sus ayas, que llevaba horas esperando pacientemente junto a la puerta. En el primer viaje que hizo a solas a Grecia, se dirigió en primer lugar a rezar a las tumbas de sus padres y, a continuación, tomó el camino de Atenas. Pidió a la comi (Pasa a la página siguiente) FOTOS: ABC autoridades griegas del momento, siempre temerosas de que la llegada del Rey Constantino ocasionara problemas, le habían concedido el derecho de permanecer tan sólo hasta el anochecer. En el entierro la Reina lloraba desconsolada, con el rostro escondido tras un velo negro, sosteniéndose en la mano de su hijo Felipe, y con Don Juan Carlos siempre a su lado. Tras varios intentos fallidos de cursar un viaje oficial a Grecia- -éste era el único país europeo que los Reyes aún no habían visitado- -finalmente éste pudo llevarse a cabo en mayo de 1998. La Reina parecía haber dejado atrás la tristeza y problemas que acompañaron anteriores estancias en su país de origen. Guapísima y sonriente llegó al Palacio Presidencial junto al Rey. Y mientras la Guardia presidencial les presentaban armas, vestida con su tradicional falda blanca plisada y zuecos con pompones, quienes la contemplamos ese día nos dimos cuenta de cómo se le agolpaban los recuerdos en aquellos momentos de emoción. Más tarde, el entonces presidente de la República, Costis Stefanopulos, me comentó que durante la visita la Reina le señaló la gran escalinata que conduce a los despachos (que eran antes las habitaciones Patmos Rodas La Reina durante su visita a los monasterios de Gran Meteora