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38- 39 D 7 LOS DOMINGOS DE TEXTO ENRIQUE MENESES l Príncipe y la Princesa sólo recibieron, de toda la Prensa internacional, al enviado especial de Blanco y Negro Enrique Meneses, momentos antes de partir para Atenas, donde el pueblo heleno debía recibirlos el mismo día al grito de ¡Kalos Horisate! ¡Bienvenidos! con un entusiasmo desbordante. Las once de la mañana del 15 de septiembre, en Lausana. Ante la puerta del hotel Beaurivage, donde se aloja la Familia Real griega, varias docenas de periodistas y fotógrafos aguardamos la llegada del Príncipe Don Juan Carlos. Rumores nos indican que el Mercedes azul que utiliza S. A. ha salido ya de la casa de su abuela, Su Majestad la Reina Victoria, donde habita. Como se ignora todo el programa de los jóvenes novios, los periodistas han dejado sus automóviles en posición de arranque. La noche anterior el Príncipe Don Juan Carlos logró escapar a la persecución merced a la velocidad. De repente, el automóvil llega. La Prensa se precipita hacia el Príncipe. ¿Qué os pasó anoche? -pregunta Don Juan Carlos con ironía al ver a los fotógrafos- ¿No pudisteis mantener los ciento diez? -Nos lo impidió la Policía- -explica un colega americano. ¡Vaya, hombre! Ya era hora de que viera un periodista español- -me dice Don Juan Carlos, tendiéndome la mano- Oye, tenemos que hacer algo especial para Blanco y Negro pero, con toda esta gente, lo veo muy difícil. ¿Qué tal te desmarcas jugando al fútbol? Algunos periodistas que entienden algo de español intentan comprender el sentido de la conversación, sin lograrlo. -A las tres salimos para Atenas. Tenemos poco tiempo para hacer algo exclusivo. Mira, cuando llegue Frías el duque de Frías al aeropuerto de Ginebra, dile que te haga entrar en el restaurante. Quedamos de acuerdo. El Príncipe se dirige hacia el interior del hotel, donde saluda a varias personalidades que le aguardaban, y entra en el ascensor. Antes de cerrar la puerta, nos dice: Ahora os traigo a la novia, porque a mí me tenéis ya muy visto Un cuarto de hora más tarde, el Rey Pablo y la Reina Federica bajan de sus apartamentos, acompañados del Príncipe Don Juan Carlos y de la Princesa Sofía. -Vamos a donde haya sol- -dice Don Juan Carlos. Mientras posan ante los fotógrafos, el Príncipe le dice a su novia: -Mira más hacia ese fotógrafo con bigote, porque es compatriota mío. La Princesa me sonríe. Ya es un poco española. De repente aparece E Una de las fotos de la sesión concedida en exclusiva a ByN en Lausana. A la derecha, Don Juan Carlos escribe a su novia ENRIQUE MENESES ABC Un periodista español Don Juan Carlos, con el brazo en cabestrillo, en vísperas de su boda a la izquierda, y en una recepción en Atenas, a la derecha el Rey Pablo haciendo grandes gestos con las manos. ¡Basta de fotos! ¡Tenemos que salir para Ginebra! Ya estamos retrasados. Entonces comienzan las carreras entre los automóviles de la Prensa y los de la Familia Real griega, por la carretera de Lausana a Ginebra. En el aeropuerto, el coronel griego que pilota el avión real se impacienta: No podremos salir para Atenas a la hora prevista Por fin llegan los primeros automóviles de la comitiva. -No llegarás nunca a tener mi edad, si conduces como lo has hecho ahora en la carretera- -dice una voz femenina detrás de mí. Me vuelvo para ver quién hizo el comentario. Es la Reina. Lo ha dicho en un tono tan maternal, que todos se ríen. -Prometo enmendarme, Majestad- -respondo. Don Juan Carlos se acerca acompañado de una muchacha española, y la presenta a su abuela. La joven hace una reverencia ante la Reina. -Se llama Montserrat Slobec y es profesora de español en una escuela de Ginebra. Tenía muchas ganas de saludarte, abuela. Entre tanto, los demás miembros de las dos Familias Reales suben por la escalinata que lleva al restaurante del aeropuerto. -Detrás viene Frías- -susurra Don Juan Carlos a mi oído- Dile que estoy de acuerdo en que vengas un rato al salón. Los fotógrafos empiezan a colarse hacia el comedor. Uno de ABC Tenemos que hacer algo especial para Blanco y Negro pero, con toda esta gente, lo veo muy difícil. ¿Qué tal te desmarcas jugando al fútbol? le dijo Don Juan Carlos al enviado de ByN Enrique Meneses En el estrecho balcón cabemos apenas los tres. Don Juan Carlos saca una pitillera de oro. Esta pitillera la reconozco yo exclama alegre la Princesa Sofía. Me la regalaste hace un par de meses dice Don Juan Carlos ellos da un empujón a la Reina Federica. Esta se vuelve rápidamente: -Ni un fotógrafo en el comedor; por favor, no quiero fotografías mientras almorzamos. La Policía parlamenta con el dueño del local, que se ofrece a servir a los fotógrafos en la terraza. Mientras mis colegas hacen la última intentona, el duque de Frías ha llegado. Nadie se fija en él. Aprovecho para avisarle de mis intenciones y del acuerdo hecho con Don Juan Carlos. Pocos instantes después, un inspector de la Policía suiza se acerca a mí con discreción. -Señor Meneses, puede usted subir; pero no lleve flash ni demasiadas máquinas. Sugiero que tome una sola. Aproveche un momento de inatención general, y suba. La exclusiva Los periodistas se van instalando en las mesas de la terraza mientras converso con Montserrat Slobec. Ésta se ofrece a guardarme las máquinas que no utilizaré. Echo una mirada alrededor mío. Nadie me observa. Rápidamente me meto en el interior del edificio.