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2 11 08 70 ANIVERSARIO La Familia Real posa al completo en el verano de 2007 en el Palacio de Marivent, de Palma de Mallorca, punto de encuentro en las vacaciones estivales ERNESTO AGUDO PUNTO Y SEGUIDO Señora POR PILAR CERNUDA on todo respeto a S. M. el Rey, Doña Sofía no es una profesional, aunque al parecer así la definió Don Juan Carlos a José Luis de Vilallonga. La Reina es una mujer educada desde la cuna, alta cuna, para representar a su Casa Real y formar parte en el futuro de una Real Casa, pero su forma de ser va mucho más allá de lo que marcaron las directrices que recibió desde sus primeros años de vida. Es extrovertida, espontánea, con una ternura que emociona; madraza, divertida y con un sentido de Estado que para sí quisieran los dirigentes políticos que más presumen de defender España con uñas y dientes. Sentido del Estado español, pues la Reina se siente española aunque, como Melina Mercouri, puede decir nací griega Nació, pero se ha hecho española por matrimonio y porque vibra con el nombre de España, con su himno, su bandera, sus personalidades y su cultura. ¿Profesional? Los profesionales cumplen su deber con la cabeza; la Reina Sofía cumple su deber con el corazón. No fue fácil el principio. Desconocía muchas cosas de España y de los españoles, transformaba su inseguridad en timidez y la timidez tenía apariencia de distanciamiento. Ese distanciamiento se advertía más al lado del Rey, espontáneo, C cercano y extrovertido. Costó conocer a la Reina, siempre en segundo plano, volcada en sus hijos, en su madre y hermanos, probablemente porque era consciente de que no acababa de ser aceptada por unos españoles que, primero, habían recibido la Monarquía con recelo y, segundo, una vez que Don Juan Carlos logró su confianza y admiración, la figura de la Reina quedaba desdibujada ante un Monarca de arrolladora personalidad. Esta periodista la descubrió en el primer viaje oficial de los Reyes a EE. UU. en 1977. La Reina, por primera y única vez en su vida, celebró una rueda de prensa en Blair House con las columnistas más destacadas de ese país, algunas de ellas de conocida lengua viperina. Preguntaron a fondo y a degüello, sin piedad, y Doña Sofía se las ganó con su sinceridad, su espontaneidad, su naturalidad. Sabía que, si las conquistaba, la imagen de la nueva España calaría en los comentarios de aquellas mujeres, que seguían a diario millones de ciudadanos estadounidenses. Y desplegó todo su encanto y su sabiduría para que comprendieran mejor lo que sucedía en su país. Porque España es su país. Meses después del encuentro de Blair House, el entonces presidente panameño Demetrio Lakas recibió a los Reyes a pie de la escalerilla del avión y dio dos besos de bienveni- da a Doña Sofía mientras le decía que estaba encantado de recibir a una compatriota, pues eres de Grecia como yo La Reina, sonriente pero con firmeza, le respondió que ella era española. Y lo es. Con los años ha logrado que los españoles sepan cómo respira, cómo se mueve y qué le emociona. Y ha logrado que se la sienta muy cercana, muy de todos, como de andar por casa. Es la primera en acudir a donde hace falta consuelo, se conocen sus actividades culturales, humanitarias y de cooperación nacional e internacional. Su Fundación igual promueve microcréditos que levanta escuelas o crea un centro integral de Alzheimer; los grandes empresarios y banqueros se conmueven ante su entusiasmo y se dejan sablear con gusto. Sus amigos saben hasta qué punto es detallista: le encanta hacer pequeños regalos- -le entusiasman los mercadillos, aunque para su desgracia los frecuenta poco en España- -y está al tanto de lo que entusiasma a cada uno de sus nietos, a los que mima abiertamente porque, como dice, para educarlos ya están sus padres. Le sorprenden las cosas que se cuentan de ella- -se entera de todas- -y a veces no disimula que algunas de ellas le preocupan, como cuando la presentan como una madre que pretende interferir en las decisiones más importantes que deben tomar sus hijos. Los adora, y se le nota, como se le nota que adora al Rey, y que se siente feliz al ejercer de abuela. Llega a los 70 años queriendo y sintiéndose querida. Setenta años ya. Podríamos apostar que Doña Sofía vive la mejor etapa de su vida.