Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
2 11 08 70 ANIVERSARIO comer el bizcocho de chocolate de mi madre en la merienda y subir a un cuartito diminuto en el ático dónde pasábamos horas jugando. La clase era pequeña, teníamos un uniforme con falda plisada gris y camisa azul, parecido al de los chicos. La clase de al lado era la de Constantino, con sólo chicos, y después se añadió la de Irene. La señorita Athinogeni solía estar en el edificio y el director era el señor Potamianos. Otra de nuestras profesoras fue la señorita Theofano Arvanitopulu, que nos enseñaba griego clásico e historia, y que fue quien hizo que Sofía e Irene se interesaran por la arqueología y excavaran en Tatoi, experiencia de la que escribieron dos libros de ediciones muy limitadas Sofía me invitaba con frecuencia a Tatoi, dónde montábamos a caballo y corríamos por la granja. Un lugar precioso. Le encantaban los caballos, y se pasaba el día dibujándolos en su cuaderno. Pero no la recuerdo haciendo travesuras. Sus hermanos sí que eran traviesos, e Irene, la más bromista. Sofía era muy cariñosa, estaba siempre pendiente de los demás. Luego, cuando se fue interna a Alemania, la clase se deshizo y cambiamos de colegio. Perdí el contacto con ella hasta unos meses antes de su primera visita oficial a Grecia en 1998. Un día, estando yo en mi casa en Boston, sonó el teléfono y al contestar oí: Soy Sofía. Al principio no comprendí, pero era ella. Esperaba verme en Atenas, en una recepción en la Embajada de España a la que nos habían invitado a las que fuimos sus compañeras. Recuerdo su curiosidad, su inquietud ante la visita. Ella me preguntaba qué le parecería Grecia, cómo iba a encontrar Tatoi... La Princesa pasaba mucho tiempo con su familia en Tatoi, propiedad que tras un largo y complejo proceso judicial pertenece al Estado heleno, después de haber indemnizado a la Familia Real griega (no a Doña Sofía, que cedió sus derechos a su hermano Constantino) En Tatoi, la Familia Real se sentía alejada del protocolo del Palacio, donde residían sólo el tiempo imprescindible. En esta finca Sofía aprendió a amar la naturaleza, acompañando a la Reina Federica, a quien le encantaba montar a ca (Viene de la página anterior) Amor por la naturaleza La Princesa atiende a un niño en 1961 en la Grecia devastada por la guerra Sus años en Grecia Aprendizaje de una Reina (Viene de la página anterior) cia a italianos, alemanes e ingleses. Esta vuelta a casa fue la vigesimotercera mudanza de la pequeña Princesa Sofía. Se abordó entonces el futuro de la educación de los niños que, con tanta mudanza y cambio de país, hablaban muy bien inglés pero bastante menos griego. De su cuidado se ocupaban la encantadora Mary Athinogeni y la institutriz Miss McNair, Nursie Para la instrucción de los niños se convirtieron en aulas los amplios dormitorios del edificio, una para Sofía y otra para Constantino (Irene era demasiado pequeña, pero acudía a las fiestas escolares) Los demás alumnos de aquel improvisado centro procedían del colegio público de Psijicó y eran de diferentes clases sociales, aunque cuidadosamente seleccionados. La clase de Sofía tenía como profesora a la señora Orsa, y entre sus compañeras se encontraban desde la hija de un almirante, May Panu (su marido, Carolos Papulias, es el actual presidente de la República) hasta la hija del modesto vendedor de madera para chimeneas Angeliki Filipusi y Athiná, cuyo padre había muerto en la guerra. Dafne Filaktopulu Hatzopulu es una mujer abierta y sonriente, que vive la mayor parte del año en Boston con su marido Yorgos, un brillante ingeniero griego que hizo carrera en EE. UU. Con cariño muestra las pequeñas fotos del álbum de su infancia como alumna y mejor amiga de la Princesa Sofía en esa clase. Mis padres eran profesores y vivíamos en una modesta casa de Psijicó. A la Reina la tuteábamos, pero la llamábamos Alteza (en griego Ipsilotati) como si fuera su nombre de pila. Éramos diez alumnas y Sofía se sentaba a mi lado. Nos veíamos también fuera del colegio. Mandaban un coche desde Tatoi (la finca donde residía la mayor parte del año la Familia Real) para recogerme y pasaba horas con ella y los suyos: una familia abierta y amable. Almorzábamos con sus padres, patinábamos en la planta baja. Pero a Sofía le gustaba mucho venir a mi casa, Su Majestad, Siento un gran orgullo y honor de que Nancy y yo podamos contarnos entre sus amigos. Durante muchos años nos hemos sentido muy dichosos de ver cómo madura su maravillosa familia y hoy nada nos agrada más que unirnos a ellos para abrazarla en esta feliz y auspiciosa ocasión. Suyo para siempre Zubin Mehta Director de Orquesta