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24- 25 D 7 LOS DOMINGOS DE Trípoli MAR MEDITERRÁNEO LÍBANO Beirut Baabda Sadya Zahlah SIRIA Nabatye 0 Km 40 N ABC ISRAEL Los musulmanes celebran en la Corniche el final del Ramadán con fuegos artificiales y petardos pueden ver frescos heridos por las balas; el templo cristiano maronita también dedicado a San Jorge, o la iglesia greco- católica de San Elías. Más al este se puede ver la mezquita financiada por el millonario y candidato a la presidencia Rafiq Hariri, asesinado en 2005. Su tumba y la de sus guardaespaldas se puede visitar en un pabellón anexo. Desde la explanada de los Mártires se vislumbra la calle que sirvió de frontera durante la guerra civil entre la zona cristiana y la musulmana: la línea verde, que hoy ya no existe. Aunque las diferencias son evidentes. Basta adentrarse en el barrio de Gemmayzeh para encontrase con una imagen de un santo resguardada en una urna, o el sello de una cruz estampado en la pared. Frente a la ruinas de otros barrios, aquí se puede disfrutar de una arquitectura con reminiscencias de art decó. Es a este barrio, menos castigado por la violencia, donde muchos eligen trasladarse en busca de una seguridad no del todo cierta. Y es que la estabilidad del país se cimenta sobre un frágil sistema de cuotas religiosas, un juego de equilibrios en el que también toman parte los numerosos palestinos obligados a exilarse y que aquí son ciudadanos que no pueden acceder a cualquier puesto de trabajo ni tampoco a la nacionalidad. En la actualidad el gobierno del Líbano está dirigido por los grupos religiosos con más representación entre la población. El presidente es cristiano maronita; el primer ministro, musulmán suní, mientras que el portavoz de la asamblea es musulmán chií. En cifras generales, el 43 de la población del país es cristiana- -maronitas (23 y ortodoxos y católicos (20 frente al 59 musulmán- -suníes (20 chiíes (32 y dru- Pistas Cómo llegar: No existen vuelos directos a Beirut por lo que es preciso enlazar. Vía París se puede volar con Air France, y si prefiere Roma, con Alitalia. El aeropuerto está a 10 kilómetros de la ciudad y no hay autobuses. Es necesario coger un taxi, que costará unos 20 euros. Dónde comer: Karam, en el downtown, y Mandaloun- Sur- Mer en la Corniche, ofrecen típicos platos libaneses. Un lugar con mucho sabor, y que no deben perderse, es el Gemmayzeh Café, en la rue Gouraud. Se puede comer y por la noche escuchar música en vivo. Dónde dormir: En Beirut hay magníficos hoteles, algunos de ellos, como el Albergo, situado en el barrio de Achrafieh, son cita obligada para visitar al menos su terraza que ofrece una espectacular vista aunque el precio por pernoctar es alto. En el centro se encuentra el Phoenicia Hotel, destrozado durante la guerra civil y posteriormente renovado. También se pueden encontrar hoteles de precio medio más asequibles en Hamra. En el barrio de Gemmayzeh no es extraño encontrarse con santos colocados a modo de pequeños altares, y con señales en las paredes que identifican claramente la orientación religiosa de la zona sos (7 El resto, un 1 pertenece a otras minorías. Pero además de las diferencias religiosas, Beirut es una ciudad de contrastes donde conviven las viejas tradiciones con lo más contemporáneo, y donde se dan la mano Oriente y Occidente. Quizá ahí radique la clave de la fascinación que muchos sienten al visitar esta ciudad. En ella se puede fumar un narguilea y acudir a las tiendas más sofisticadas y caras, o encontrarse de repente en un atasco de carísimos coches, conducidos por jóvenes que salen de marcha. Y, de nuevo, otra paradoja: aparcamientos de lujo se sitúan a los pies de edificios devastados por la guerra. Pero, sobre todo, para disfrutar de Beirut es imprescindible pasear por sus calles. Si opta por el taxi, súbase a ser posible en uno compartido. Son aquellos que ofre- cen un service un traslado por el precio fijo de 2.000 liras libanesas, un euro al cambio. La condición: que el taxista vaya en la dirección deseada por el cliente. Con un gesto asentirá y le invitará a subir junto al resto de pasajeros que irá dejando a lo largo del trayecto. Son menos elegantes que los taxis oficiales pero más interesantes, si lo que uno busca es integrarse con la cultura del lugar.