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26 10 08 HORIZONTES Beirut TEXTO y FOTOS: SUSANA GAVIÑA Cruce de religiones Beirut ha sido y sigue siendo una de las ciudades más fascinantes de Oriente. Castigada por la guerra, se recompone una y otra vez para mostrar sus contrastes culturales y religiosos S Desde una de las entradas de la iglesia greco- ortodoxa de San Jorge se puede ver la mezquita construida por el asesinado Hariri on los últimos días del Ramadán, la celebración más importante de los musulmanes, cuando nos adentramos en el populoso y comercial barrio de Hamra, en Beirut. La calle principal, del mismo nombre, está adornada con multitud de lucecitas que recuerdan a las fiestas navideñas. La celebración, en ese aspecto, no dista tanto de la de otros cultos. El broche lo pondrán dos días de fiesta, en la que no faltan los fuegos artificiales lanzados desde la Corniche, el paseo marítimo que recorre seis kilómetros de la costa beirutí. Los niños, ajenos a conflictos armados o tal vez demasiado acostumbrados a ellos, lo celebran paradójicamente con ruidosos petardos. Mientras tanto, los chicos y chicas- -con o sin el pañuelo musulmán- -se reúnen, por sexos, en pequeños grupos para charlar o fumar narguile (pipa de agua) junto al mar. También en esta zona se encuentran numerosos restaurantes y terrazas desde las que se pueden observar las Rocas de las Palomas. A pesar de que la guerra ha vertebrado la historia pasada y reciente de este país, y que el conflicto pervive de manera latente, aunque a veces regale una tregua, Beirut y su habitantes se muestran afables y comunicativos. Están acostumbrados a resistir y levantarse una y otra vez, colocando ellos mismos los cristales de su cotidianidad reventados por los estallidos de las bombas. La considerada un día Suiza de Oriente sigue brillando con luz propia y curando sus heridas, algunas de ellas todavía, como la fantasmagórica presencia del Hotel Holliday Inn, en pie para dar testimonio de algo que no se puede, no se debe olvidar, la guerra civil. Mientras en la parte musulmana se celebra el Ramadán, en la otra parte de la ciudad- -una ciudad que se levanta sobre restos fenicios y que ha sido conquistada por romanos, árabes y otomanos, y en la que actualmente viven alrededor de un millón de habitantes (todo el país sólo alcanza los cuatro millones) -no hay vestigios de fiesta y la vida discurre con normalidad. Es la parte cristiana. Entre uno y otro lado se encuentra el downtown, o centro de la ciudad, testigo de grandes enfrentamientos durante la guerra civil que duró tres lustros y que ha sido reconstruido en los últimos años para convertirse, según sus propios habitantes, en un escenario de cartón piedra donde abundan restaurantes y terrazas. También aquí se encuentran los edificios institucionales como el Parlamento, y el Instituto Cervantes. El punto de encuentro es la Place de L Etoile (la Plaza de la Estrella) en cuyas proximidades conviven templos de distintos credos: la catedral greco- ortodoxa San Jorge, en cuyas paredes interiores se