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26 10 08 FIRMAS El amigo Sarkozy hace un par de semanas se pronunció en contra de que Zapatero asistiera a la cumbre mundial AFP PUNTO Y SEGUIDO De invitados e invitaciones POR PILAR CERNUDA asta la saciedad se ha comentado estos días, pero es tan insólito ver a un presidente haciendo toda clase de gestiones para que le inviten a acudir a una reunión a la que no ha sido invitado que, inevitablemente, esa situación provoca que uno se pregunte si es bueno que finalmente asista a un encuentro en el que la etiqueta de colado no se la quita nadie. Es evidente que todos deseamos que Zapatero acuda a la cumbre de Washington, que defienda nuestros intereses ante los grandes que a través de él se pueda oír la voz española, pero así... A nadie le gusta la imagen del que remueve Roma con Santiago para conse- H guir que le inviten a una fiesta, una celebración, un almuerzo o una recepción en la que no contaban con él, y en cierto sentido provoca cierta humillación ver al presidente de uno llamando a tantas puertas, pidiendo que le inviten, que le inviten, que le inviten. Por encima de todo está que el resultado final sea positivo para España, pero hubiera sido preferible que se nos evitara esa incomodidad de seguir las peripecias de nuestro presidente buscando la tarjeta que le abra la puerta que le han cerrado en las narices. Y no se la ha cerrado George W. Bush, ojo, el propio Nikolas Sarkozy, el amigo Sarkozy, bien que dijo hace dos semanas que a Washington tenían que ir los países del G- 8 y los del G- 5. No mencionó a España para nada, sólo se acordó de nosotros cuando el gobierno español empezó a moverse para ver si conseguía billete para Washington. Y nos preguntamos muchos: ¿Zapatero ha hecho bien los deberes? ¿Por qué se duele de no ser invitado a donde quiere ser invitado si estos cuatro años se ha dedicado a meter el dedo en el ojo de quienes de verdad pisan fuerte, mientras coqueteaba con los que más incomodan a los que de verdad pisan fuerte? De esos polvos llegan ahora estos lodos. Ha pasado sin pena ni gloria el 25 de octubre, la fecha en que Ibarretxe iba a celebrar su discutida y anticonstitucional consulta. Los humos del lendakari se bajaron cuando el Constitucional- -esta vez sí- -actuó con la diligencia debida y puso pie en pared contra el plan Ibarretxe. Desde entonces, desde el mes de septiembre, el lendakari ha dejado de enredar, pero probablemente no se debe a su sentido de Estado, sino a que en su propio partido empiezan a escucharse voces preocupadas por las cosas de Ibarretxe y, a cinco meses de las elecciones, al lendakari le conviene ser prudente. No vaya a ser que no le designen candidato nuevamente, lo que podría ocurrir si se mantuviera en su postura; porque si bien es cierto que en el PNV nadie quiere moverse porque recuerdan la escisión que les costó sangre, sudor y lágrimas, también es cierto que cuentan con datos que indican que han perdido prédica en la sociedad vasca. Aunque esos datos afirmen que todavía están en condiciones de seguir en el gobierno, digan lo que digan Patxi López y José Blanco, que están muy seguros de que habrá cambio de color en el futuro gobierno vasco. Vaya semana de disgustos. En UPN hay ánimo de aprovechar la oportunidad de reconducir las relaciones con el PP para que no se rompan definitivamente, lo que sería perjudicial para la propia UPN y para el PP; y en el PP incluso los que estaban en una posición más intransigente respecto a Miguel Sanz empiezan a recoger velas, precisamente por el perjuicio que tendría la ruptura. Curiosamente, se mantiene la cordialidad entre Rajoy y Sanz- -con matices- -y la de Cospedal con Barcina, que es nueva, apenas se conocían hasta que se han visto obligadas a reunirse para ver cómo se podían enderezar las cosas Fin de semana que marca el fin de la carrera de Llamazares como máximo responsable de Izquierda Unida. En el PSOE no están muy contentos con su marcha, y lógico: cualquier otro coordinador o coordinadora será mejor que Llamazares, que ha puesto a IU bajo mínimos... y ha llenado de votos la cestita del PSOE. Los socialistas deberían levantarle un monumento.