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26 10 08 LA IMAGEN Un colega con el Wall Street TEXTO: ALBERTO SOTILLO FOTO: EMMANUEL DUNAND (AFP) l primer objetivo que debe cumplir un aspirante a presidente de Estados Unidos es convencer a sus compatriotas de que él es un norteamericano medio, corriente y moliente, que bien puede salir a tomar una cerveza con Joe el fontanero, jugar en la bolera del barrio y no desentonar en un restaurante de comida rápida, partido de baloncesto, barbacoa con los vecinos o fiesta de cumpleaños de los niños. Bien mirado, ningún presidente norteamericano ha sido ese ideal ciudadano medio. Ni lo fue el hacendado George Washington, ni lo es el hijo del poder George W. Bush. Pero bien que han sabido disimularlo. Tampoco McCain y Obama son discretos personajes corrientes y molientes. Pero se esfuerzan por parecer ese ciudadano ideal que exige el escenario del momento. Hoy profesor, mañana currante, al otro militar, hombre de negocios, actor de cine, campesino, estudiante o, simplemente, John Doe, Juan Nadie: quien mejor os parezca. Obama tiene una gran facilidad para aparecer como un colega en ambientes informales. Baila con cierto garbo rapero (aunque la bailona de la familia es su mujer Michelle) y siempre sabe dar esa imagen de arrolladora juventud dispuesta a abrir una nueva etapa en nuestras vidas, que buena falta nos hace. La imagen es elocuente: el candidato choca el puño con el de un chaval de cinco años, hijo del jefe de Comunicación de su campaña, Robbert Gibbs. Un gesto de quien aún se siente colega, marchoso, un chaval, un matao de la peña. Pero obsérvese que no es un tebeo de Flash Gordon lo que Obama sostiene en su mano izquierda, sino el Wall Street Journal, la Biblia de los negocios de Nueva York. No es exactamente una lectura para el colegamen. Ahí se delata el candidato. Es un diario conservador, aconsejable para gentes que usan cinco trajes diferentes a la semana, imprescindible para señores del poder y las finanzas. Un mundo con el que el aspirante está mucho más familiarizado que con la peña de juventud. Pero para ganar unas elecciones hay que contar un convincente relato. Y todo relato necesita un personaje. Y el personaje pide identificación con su público. Y todo eso es lo que día a día dan los candidatos: esos geniales actores para todos los públicos. E