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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE Javier Lusarreta Hace veinte años un accidente de coche le dejó en un coma profundo durante quince días y cuatro meses más en una fase que llaman coma vigil. Abría los ojos, fijaba la mirada, era consciente de lo que le rodeaba, pero ni hablaba ni andaba. Tardó un año en caminar. Los neurólogos y los centros más especializados de España y Reino Unido no lograron que volviera a ser él mismo. Pero sin fisioterapia no habría recuperado ninguna capacidad. Digan lo que digan los médicos, hoy lo único efectivo es la rehabilitación dice su madre Javier rodeado por Cristina López, directora del Centro Lescer y su fisioterapeuta dos de su accidente de coche son retazos hilados por otros. Por eso, sabe que hace cuatro años, un demonio que se dio a la fuga le sacó de la carretera y la dejó allí tirada. Salió despedida del coche y terminó en la UVI del Hospital de Getafe (Madrid) Hoy vive gracias a esa ambulancia providencial que pasaba por aquella rotonda maldita el día de su accidente. Entonces tenía 25 años, un novio, una tienda de ropa y una vida por delante apunta María, su madre. Ahora con 29 años está empezando a vivir otra vez. Sin amigos, sin su negocio y sin su novio de siempre. A él no le gustaba la nueva Beatriz. Un se te cae la baba o siéntate bien, porque estás torcida bastaron para que el temperamento de Beatriz le hiciera decir adiós a una relación de años. Del 14 de junio al 6 de agosto de 2004, sus padres pensaban cada día que sería el último. Cuarenta y cinco días con los ojos cerrados, llena de cables, sin conocer a nadie hasta que empezó a mover las manos. Si se le hurga en su memoria se acuerda del daño que le hacía el fisioterapeuta cuando le manipulaba el brazo, y quizá del rumor del hospital. En realidad, esos recuerdos no pertenecen a esos 45 días en los que estaba más en otro mundo. Son de una fase de coma llamada estado de mínima consciencia que se prolongó durante meses. Entonces, Beatriz empezaba a tener respuestas visuales y motoras, quería empezar a hablar y moverse, aunque no pudiera. Ella también tuvo que aprender a hablar y a caminar. Fue una labor de años, con pequeños avances que sabían a triunfos. Empezó en el Hospital Ramón y Cajal. Un año después, cuando aún estaba en silla de ruedas, le dijeron que ya no podían hacer nada por ella. Después, acabó en el Centro Lescer, una institución dedicada al tratamiento del daño cerebral. El tesón de Beatriz y de Miguel, su fisioterapeuta, lograron el resto. Todavía camina y habla con dificultad. Los milagros no existen y estos pacientes lo han aprendido a fuerza de toparse con la realidad. Sólo existe el trabajo, el esfuerzo diario con sus terapeutas. Saben que sin rehabilitación no hay esperanza, aunque esta atención no esté apenas reflejada en el Sistema Nacional de Salud. El reaprendizaje varía en función del área del cerebro dañada y las capacidades afectadas. Las lesiones por traumatismo tienen mejor pronóstico que por privación de oxígeno, por ejemplo. Todo depende la causa del coma, de la gravedad y localización de las lesiones apunta Jesús Porta, de la Sociedad Española de Neurología. Cada caso es único y el lema es no tirar nunca la toalla. Si alguien ha seguido minuciosamente esa consigna son los padres de Marta. Llevan veinte años dedicados a mejorar su calidad de vida. Han creado un nuevo futuro en torno a su hija en la que cada actividad se interpreta como una oportunidad de rehabilitación. Marta es uno de esos casos de mal pronóstico. Un accidente de moto le llevó a la mesa de operaciones. Tras el batacazo estaba consciente, incluso bromeaba con su padre mientras esperaba la intervención. Los problemas llegaron en el quirófano: un fallo en la anestesia le privó a su cerebro del oxígeno necesario, hace diez años. Aquella chica de 18 años se despertó de un coma profundo que duró un mes. Estuvo ocho años sin hablar y quince sin caminar, pese al trabajo intensivo de la familia y sus terapeutas. Después de veinte años aún necesita apoyo para caminar por sus problemas de equilibrio y habla con dificultad. Su memoria tampoco funciona como debe, ha quedado limitada a sus 18 años de vida. Nos dicen que es milagroso lo que hemos conseguido. Yo solo sé que nunca hemos abandonado y nunca lo haremos por pequeños que sean los progresos Las primeras respuestas Jesús Neira entró en coma el 6 de agosto tras una paliza. El 11 de octubre empezó a despertarse ABC