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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE Beatriz Ávalos Un conductor la echó de la carretera hace cuatro años. Tenía veintinueve años. Lo peor fueron los daños en la cabeza. Tardó cuarenta y cinco días en abrir por primera vez los ojos y más de un año en caminar. Sus terapeutas dicen que su evolución ha sido espectacular. Pero a Beatriz aún le cuesta hablar con claridad y moverse sin dificultad. La factura del coma no fue solo física: ha tenido que renunciar a su negocio de ropa, a su novio y a su anterior vida Beatriz trabaja en una cinta de ejercicios del Centro Lescer para mejorar su marcha Coma El despertar más difícil Como el profesor Jesús Neira, empezaron a despertarse poco a poco. Primero movieron una mano, después abrieron los ojos y esbozaron una sonrisa. Pero la pesadilla no terminó al despertar. La vida tras un coma es un duro camino que tiene como compañeras de travesía secuelas muy graves TEXTO: NURIA RAMÍREZ DE CASTRO FOTOS: SIGEFREDO ada mañana, cuando Minnie Smith se despierta junto a la cama de su hija, le saluda con un Hola, ¿cómo estás? Es una rutina que repite desde hace más de siete años, el tiempo que Christa Lilly lleva en estado vegetativo en su casa de Denver, en Estados Unidos. Era una pregunta sin respuesta hasta que un día Christa alteró la rutina familiar con un: Estoy bien Estas dos palabras dbye Lenin que ayudan a la confusión. La realidad es otra bien distinta. Muchos sobreviven tras pasar por un estado de pérdida de conciencia profunda conocido como coma, pero casi siempre con graves secuelas físicas, psíquicas y, cuanto menos, emocionales. La recuperación es muy lenta. El caso más reciente es el del profesor Jesús Neira, en coma desde que una paliza por defender a una mujer le robó la consciencia. Estaba en un coma profundo desde el pasado 6 de agosto, hasta que hace dos C fueron el principio de tres días de consciencia. Esta es una historia real. Ocurrió el pasado mes de marzo y es uno de esos casos que avivan la esperanza en el coma. Casos de personas que despiertan de un estado vegetativo como si hubiera sido un mal sueño. Abren los ojos y comienzan a hablar, como si nada hubiera ocurrido. Son las mismas historias que atrapan el interés del cine, de películas como Hable con ella o Goo- semanas empezó a mover las manos y a responder con monosílabos. Desde entonces apenas ha habido progresos. Su evolución es lenta pero favorable reza el parte médico del viernes. Su despertar parecía el final de la pesadilla. Pero Neira sólo ha dado el primer paso en un recorrido, donde los milagros se cuentan con los dedos de una mano. He aquí cuatro de esas historias sin final feliz. Cuatro rostros de los 30.000 menores de 25 años que cada año sufren un traumatismo craneoencefálico en España. Cuatro vidas resucitadas a los que el coma les ha pasado factura. Álvaro no recuerda nada de aquella noche de invierno de hace tres años en la que se empotró contra un camión. Unas copas de más o quizá un despiste hizo que su amigo perdiera el control del coche. A él no le ocurrió nada, pero a Álvaro el impacto le sumió en un sueño profundo del que no despertó en siete semanas. Cada día desde el accidente un tropel de amigos y familiares le hacían su propia rehabilitación. Le leían, le contaban chistes, los resultados de los últimos partidos de fútbol, incluso ju (Pasa a la página siguientes)