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24- 25 D 7 LOS DOMINGOS DE Tintín viaja a la luna con el profesor Tornasol y el capitán Haddock virá además como trampolín para los nuevos dibujantes que intentan abrirse paso en el mundo de la viñeta. Bruselas celebra además esta semana un cumpleaños muy especial. ¿Se acuerdan de los habitantes del País Maldito? Azules, diminutos, de extravagante personalidad y con un idioma indescifrable, los Pitufos ya esconden canas bajo el sombrero: este 23 de octubre se cumplen 50 años desde que su autor, el bruselense Peyo, imprimiese por primera vez las historias cotidianas de esta pandilla de curiosos personajes en la revista Spirou. Apenas son más altos que tres manzanas pero su gran carisma les llevó al cine en 1975 y dejaron al pequeño público tan fascinado que Peyo acabó una serie de televisión que invadió las pantallas de más de cien países en los años 80. El aniversario de Los Pitufos sirve como excusa estos días para acercarse al Centro Belga del Cómic, donde se exhiben algunos bocetos y las primeras tiras cómicas, y se homenajea a su autor, que es solo uno de los muchos clásicos que salieron de Bélgica en la belicosa década de los años 40. La revistas semanales Tintín y Spirou fueron sin duda la plataforma de muchos de esos clásicos que supieron sortear con humor las dificultades de la Segunda Guerra Mundial. Ambas nacieron en honor a dos personajes que marcaron la infancia de muchos lectores: aquel reportero intrépido que junto a su perro Milú recorrió desde el Congo hasta el Tíbet, y aquel botones del Hotel Moustique desastroso y perpetuamente enfundado en su uniforme que en España tuvo su propia versión de Ibáñez (el botones Sacarino) Las archiconocidas aventuras de Tintín y de Spirou, de los dibujantes belgas Hergé y Franquin, son las que dieron nombre a estas dos revistas, que a su vez crearon escuela y lanzaron a toda una generación de artistas gráficos. A la llamada escuela Marcinelle pertenecieron no sólo Peyo, Hergé y Franquin, sino también Roba (Boule et Bill) y el gran Morris, que supo traer a la Europa de mediados del siglo XX una gran parodia del Oeste americano a través de las historias de Lucky Luke, de su caballo Jolly Jumper, el más listo del mundo y de los cuatro hermanos Dalton. Abrir el baúl de los recuerdos belgas del cómic supone también recordar las aventuras de héroes como Blake y Mortimer (de Edgar E. Jacobs) y de antihéroes como el gafe Gaston Lagaffe (de André Franquin) que nos teletranspor- Spirou, botones del hotel Moustique tan a un mundo de fantasía que permanece muy vivo y que sigue en continuo reciclaje. El noveno arte continúa despertando pasiones entre las nuevas generaciones. Dos ejemplos son Cédric y Garpard, emprendedores y jóvenes promesas de las artes gráficas que, tras haber realizado sus estudios en el reputado Instituto del cómic de Saint Luc, dan con éxito sus primeros pasos en este difícil mundillo en el que los libros de cómic apenas tienen una vida de dos semanas en las librerías La aplastante presencia de las grandes editoriales en las tiendas no ha impedido que Cédric Manche haya encontrado su propia manera de dar a conocer su trabajo y el de los dibujantes independientes de su generación. Cuando se graduó hace ocho años decidió aprovechar las nuevas tecnologías y crear con sus colegas de clase su propia editorial por internet. Aquel proyecto amateur (www. employe- du- moi. org) se ha convertido hoy en una cantera de nuevos creadores en Bélgica. Hemos reemplazado las revistas clásicas como Tintín gracias a internet dice Cédric Manche, quien también edita en libros las mejores tiras del cómic independiente. Así fue como empezó Gaspard Ryelandt, un estudiante precoz que con veinte años está a punto de publicar su primer libro titulado Eclosión que muestra a lo largo de doscientas páginas su pasión por cautivar a través de las imágenes y los gráficos más que de las historias De Tintín a internet Centro belga del cómic Cómo llegar. En pleno corazón de Bruselas (Rue des Sables 20) Metro: Botanique Rogier. Línea 2. Abierto todos los días excepto lunes de 10 a 18 h. Entrada: entre 3 y 7 euros. Dónde dormir. NH Bruselas (Grande Sablon 4) Económico; Auberge de jeunesse Jacques Brel (Rue de la Sablonnière 30) Dónde comer. Au Vieux Bruxelles (cocina tradicional. Buen lugar para disfrutar del plato nacional: mejillones con patatas fritas) Fin du Siècle (carta variada, buena relación calidad precio y buen ambiente) Uno de los murales inspirados en héroes del cómic que adornan Bruselas