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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE LO PENSARÉ MAÑANA Premios literarios POR E. RODRÍQUEZ MARCHANTE l principio, me asusté: acababan de dar un premio literario y el ganador no era Millás. Tras unos segundos de desconcierto, se me aclaró el asunto y el universo volvió a su orden: no se lo daban porque ya lo había ganado en la edición anterior. Durante unos instantes había sentido el vértigo del que pierde pie. Y que no se entienda esto como una adoración extrema y enloquecida hacia ese enorme escritor que es Millás, no. Se le admira, claro está, pero no hasta el punto de negar la hipótesis de que qui- A zá en alguna que otra ocasión haya otro escritor por ahí que se merezca ganar tal o cual premio antes, incluso, de que se lo concedan a Millás. Si esto ocurriera, se acabaría asumiendo, pero, ya digo, no sin ese punto de vértigo del que pierde pie y se cae de, pongamos, un guindo. Literariamente hablando Y ahora hablaré más por intuición que por experiencia, pues todavía no le he birlado a Millás (ni a nadie) ninguno de sus premios: qué útil ha de ser, literariamente hablando, que uno sepa de antemano cuál es el premio que va a ganar, porque así se puede ceñir convenientemente al tema y bordarlo. Me explico: que te van a dar, por ejemplo, el premio Pluma Blanca al mejor cuento infantil y social, pues ya eliges como protagonista a un niño, o mejor, a una niña, o muy pobre o muy rica; que el premio que te espera es el de Renfe al mejor artículo de trenes, pues, ¡chucuchú! ahí estás, con el cuento de aquella vez que viajaste en tercera desde tu pueblo a la capital y te enamoraste de la foto que llevaba en la carpeta una niña con coleta; que vas a ser el próximo ganador del Certamen Medias Enteras, pues masajeas las piernas de Marlene Dietrich con un artículo en el que dejas caer a Heinrich Mann, al profesor Umrat, a Sternberg, a Lola- Lola y, a Der blaue Engel así, en su alemán original, para darle pote al premio... Una cierta previsión y una bue- na agenda por parte del escritor y articulista redunda, como se ve, en el prestigio y el jaez del premio literario, pero también es importante que los premios literarios vigilen sus tiempos y sus modos: no se le puede dar un premio a un escritor, pongamos por caso a Millás, mientras que está recogiendo otro. No queda bien. Y tampoco es de buen tono adelantar las fechas sólo para asegurarse libre y en buena disposición al premiado. Lo mejor, llegado el caso, sería que el propio escritor, o sea, Millás, advirtiera al empezar el año las fechas que tiene libres para recoger sus premios, y de ese modo se evitarían la aglomeración y ese efecto pila o acopio tan indecoroso. Además, así, por qué no decirlo, tal vez podríamos apuntarnos alguno al artículo de la Pluma Blanca, al de los trenes o al de las piernas de señora con algo lejanamente parecido a un aval. TIRA Y AFLOJA Por César Oroz NO SIEMPRE ES DOMINGO La realidad desmembrada POR XAVIER PERICAY H ay quien se ha alegrado de que el Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados no recoja exactamente las palabras pronunciadas por Bibiana Aído el 9 de junio de 2008 en la Comisión de Igualdad, en su primera comparecencia como ministra. Seguro que las recuerdan: Estoy convencida de que el compromiso con la igualdad de los miembros y miembras de esta Comisión... Esto fue lo que dijo y lo que tanta polvareda levantó en los días siguientes. Pues bien, en la versión impresa en el Diario de Sesiones, de aquel binomio supuestamente igualitario no queda más que el primer miembro. O sea, los miembros. Como les contaba al principio, hay quien se ha alegrado de ello. No veo por qué. ¿Porque ha prevalecido el sentido común? ¿Porque se han impuesto la gramática y el diccionario? Tal vez. Pero, en último término, lo que uno espera encontrar en un Diario de Sesiones no es nada de eso, sino lo manifestado por sus señorías en sus intervenciones. De cuanto efectivamente fue dicho en su momento, en la transcripción sólo deberían supri- mirse los dejos locales y, a lo sumo, algún que otro recurso confirmativo. Nada más. Toda palabra pronunciada es portadora de sentido. Y no digamos ya si lo pronunciado posee una premeditada carga simbólica. La primera lección que puede sacarse de este desmembramiento afecta al mañana. Un Diario de Sesiones ejerce una función notarial. En él se guarda lo dicho oficialmente en la Cámara. Y si algo no figura en él es porque el propio interesado solicitó que se retirara- -lo que no fue el caso- No se me escapa que esa función la ejercen también los medios, y que en las hemerotecas hallará, quien así lo desee, las miembras volanderas. Pero se trata, al cabo, de un pobre consuelo, pues no deja de resultar paradójico, y hasta grotesco, que los medios reflejen una realidad que el propio órgano de comunicación del Congreso ha hurtado a sus lec- tores presentes y futuros. Y todavía puede sacarse otra lección, más importante si cabe, de este desmembramiento. El binomio al que recurrió la ministra es una muestra modélica de corrección política. Como lo es la existencia misma de su Ministerio- -y quién sabe si su propia existencia- Puestos a denunciar la absurda vacuidad de esta clase de lenguaje, nada mejor que la propia Comisión para hacerlo. Y, por supuesto, nada mejor que la propia sesión del 9 de junio. Si algún miembro de la Comisión hubiera dicho entonces, por ejemplo: Esto que usted llama, señora ministra, los miembros y miembras de esta Comisión los responsables del Diario de Sesiones no habrían tenido más remedio que recoger íntegramente sus palabras y, de paso, las de la ministra. Y la política, correcta o no, habría salido ganando.