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19 10 08 EN PORTADA Crash El fin de los brujos del dinero POR EMILI J. BLASCO (LONDRES) NOELIA SASTRE (NUEVA YORK) l humor inglés es la única arma que queda en la City londinense para encarar tiempos de desgracia. Pregunta: ¿cómo definirías el optimismo? Respuesta: un banquero que plancha sus cinco camisas el domingo. El temor al despido, la incertidumbre de si uno tendrá trabajo dentro de dos o tres días, se ha apoderado de la mayoría del casi medio millón de personas que diariamente trabajan en la City, el barrio más antiguo de Londres, y de los cien mil empleados en Canary Wharf, el nuevo distrito de rascacielos al este de la ciudad, dedicado también a los servicios financieros. Las previsiones indican que hasta una sexta parte de esa nutrida fuerza de trabajo podría perder su empleo el próximo año. Cierres de la noche a la mañana como el de Lehman Brothers, que ha dejado en la calle a unas 3.000 personas, pueden ocurrir en cualquier momento. A Jaime Falcones, que trabaja en Morgan Stanley, le tocó muy de cerca esa bancarrota, porque los de Lehman trabajaban al lado de su oficina y entre ellos había unos cuantos amigos suyos españoles. Algunos encontraron trabajo de inmediato en otros bancos de aquí, pero muchos se han marchado a Madrid y Barcelona comenta. Permanecer sin trabajo en Londres, donde la carestía de la vida es muy alta, es simplemente imposible. El día del cierre de Lehman Brothers hubo fiestas en los bares E próximos, a los que acudían los empleados después de recoger sus bártulos en la oficina. El servicio de uno de los pubs, All Bar One, recuerda que hubo gente que llegó a gastar más de 700 euros en champán. Era una forma de liberar un estrés que los colegas de otras compañías que han tenido la suerte de conservar su trabajo no han podido descargar. Es que ni te puedes plantear qué va a ser de tu vida si te quedas en la calle; la gente no para de trabajar y no piensa en otra cosa hasta que llegue lo peor reconoce Javier Muñoz, de Merrill Lynch. ¿Y en Nueva York? Caras serias. De preocupación. De angustia e incertidumbre. No sonríe nadie en el distrito financiero de Wall Street. Ni el veterano directivo con chófer, ni el moderno ejecutivo con impecable traje de Tom Ford, ni los vendedores de perritos calientes. Muchos se quedarán sin trabajo. No hablan. La consigna habitual entre los tiburones del downtown normalmente reacios a cualquier comentario, es ahora una orden. Lo siento. Acabo de llegar de Washington. Hemos colaborado con el Departamento del Tesoro en el diseño del plan de rescate y nos han prohibido hablar con la Prensa dice un analista de Morgan Stanley. ¿Ni siquiera una pregunta personal? Ni siquiera El único que se presta a hablar es un recién licenciado de 23 años, cuyas ilusiones han acabado en saco roto. Al menos de momento. Nos habla, pero a condición de que no demos su nombre. Trabaja desde ha- No comment Íñigo de Luisa, Javier Gazulla, Nayke García y Juan Carlos Machuca junto a la Bolsa de Londres DAVID J. SALAS