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24- 25 D 7 LOS DOMINGOS DE Misión de San Juan, un remanso de paz en San Antonio do- -se establecieron a orillas del río San Antonio. Fray Antonio de Olivares fundó en 1718 la primera, San Antonio de Valero, más tarde rebautizada como El Álamo. Le siguieron, pocos años después, las de Concepción, San Juan de Capistrano, San Francisco de la Espada y San José. De la expansión del conjunto surgiría la actual ciudad de San Antonio. Una vez reforzados los muros para repeler las acometidas de las tribus indias más beligerantes, como los apaches y los comanches, los misioneros se centraron en la evangelización del resto. Y, con la cruz, trajeron el idioma, los cultivos europeos y, lo que resultaría decisivo para la futura iconografía tejana, el ganado. El pastoreo en aquella tierra indómita imponía un carácter fuerte y un dominio absoluto de la cabal- gadura, elemento imprescindible del vasto paisaje. Surgió entonces la figura del vaquero, cuyos aperos y códigos morales han perdurado, evolucionados, hasta hoy. Por supuesto, ha llovido mucho desde entonces, pero las misiones aún constituyen el principal atractivo de San Antonio. El Sistema Nacional de Parques las gestiona todas... menos El Álamo. Porque El Álamo es especial, un mito que desde 1905 cuidan con mimo las damas de la Fundación Daughter of the Republic of Texas. El Álamo es el altar en el que la sangre antigua y la nueva se derramaron juntas en sacrificio cruento que engendró el mito. Cuando la misión de San Antonio de Valero se clausuró en 1793, los religiosos repartieron sus tierras entre los indios. A principios de siglo XIX, los soldados de la compañía española de San Carlos de Parras se acuartelaron en la antigua misión, a la que rebautizaron como El Álamo. Y, tras el colapso del virreinato, llegaron las tropas de México. Los nuevos conquistadores convivieron en paz con los descendientes de los españoles y con la nueva ola de colonos procedentes de EE. UU. hasta la llegada al poder en México del general Santa Ana. Alertado por la imparable expansión estadounidense, el general comenzó a imponer trabas a la inmigración anglo. Los tejanos viejos hicieron causa común con los estadounidenses y se rebelaron. El general reaccionó poniéndose en cabeza de un ejército de 4.000 hombres. Dos centenares escasos de rebeldes se atrincheraron en El Álamo, donde mantuvieron una épica resistencia de 13 días. Murieron todos. Pero el espíritu de aquellos héroes impulsó a las tropas tejanas reunidas por Samuel Houston, que, al grito de recordad El Álamo derrotaron a los mexicanos pocos días después. Texas proclamó su independencia y, nueve años después, en 1845, se incorporó a EE. UU. Finalmente, los gringos se salieron con la suya. Aunque hay que reconocer que no olvidan a sus antiguos aliados. En todas las alusiones al mito aparece el sacrificio de los tejanos de sangre española. Empezando por el gran centro de peregrinación. El escenario de la batalla de 1836 es hoy un espectacular museo. Pese a la ferocidad de los soldados de Santa Ana, se conservan los principales edificios, las acequias y parte de los jardines exteriores. En la visita al Álamo el hito más emocionante es el muro en el que aparecen grabados los nombres de los mártires. Allí, entre ilustres del parnaso estadounidense, surgen los Juan Seguín, Gregorio Esparza y compañía: sangre antigua del otro lado del océano. La huella española es patente también en el paseo por el resto de las misiones. La Misión Trail, una ruta de unos 20 kilómetros entre las calles de la ciudad, las conecta todas. A diferencia de El Álamo, estas cuatro misiones siguen funcionando como parroquias católicas. Comparten el estilo sobrio del colonialismo español, con pinceladas barrocas y mudéjares que conviven con la aportación de los indios autóctonos. Pero cada una ofrece un matiz diferente. San José quizá sea la más espectacular. La mayor parte ha sido restaurada, incluida la cúpula que se yergue contra el cielo tejano como su gran seña de identidad. Concepción se mantiene esbelta y sana, con su cúpula de piedra y los frescos de la biblioteca en buen estado. San Juan tiene su gran baza en el sendero natural que la circunda, un remanso de paz. Y San Francisco presume de la acequia que, tres siglos después, sigue regando los campos de los descendientes de los primeros moradores. 0 Km 100 N Oklahoma Arkansas Texas San Antonio MÉXICO EE. UU. GOLFO DE MÉXICO Pistas Cómo llegar. El aeropuerto de San Antonio no está muy bien conectado con los españoles y, aunque se pueden realizar múltiples enlaces, suele resultar caro y pesado. Una buena alternativa es volar a los aeropuertos de Houston o Dallas- Forth Wort y completar el trayecto a San Antonio por carretera. Dónde dormir. El Marriot Rivercenter, con magníficos accesos a las zonas más de moda de la ciudad. Menos glamourosa pero bastante más asequible es la opción de los moteles, todo un mito en EEUU; el Alamo Inn, céntrico y cómodo, es un buen ejemplo. Dónde comer. Los restaurantes del River Walk aseguran un ambiente agradable, sobre todo por la noche. Para un buen steak, el JW s Steakhouse (Tel: 210- 554- 6804) aunque un tanto caro. Otra posibilidad es probar la muy popular comida mexicana en el Casio Rio (430 tfno: 210- 225- 6718) Luisiana Nuevo México