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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE LO PENSARÉ MAÑANA Cómo descifrar a David Lynch POR E. RODRÍGUEZ MARCHANTE upongo que esto que voy a decir a continuación hará que salten de alegría todos aquellos que desprecian a David Lynch: se acaba de publicar en castellano su libro de pensamientos Catching the big fish con el cromático título de Atrapa el pez dorado Los que ya aprecian y admiran al director de Inland Empire no necesitan leerlo. Disfrutarán, presumirán y se consolidará su admiración leyéndolo, pero necesitar, lo que se dice necesitar, sólo lo necesitan leer aquellos que ven el cine de David Lynch con la misma cara de S desconcierto que si vieran a un monje budista con un hierro 4 en el Masters de Augusta. Pues ha de saber todo aquel que dude de la precisión filosófica del cine enrevesado de Lynch que en Atrapa el pez dorado encontrará todas las teclas necesarias para descifrar los grandes enigmas que encierran sus más abisales películas. No es banal que este libro de pensamientos arranque con una dedicatoria: A su santidad Maharishi Mahesh Yogui y que en su introducción se revele que las ideas son como peces, que hay peces grandes y peces pequeños, peces de aguas superficiales y de aguas profundas y que, para él, el cine y la pintura han sido el modo o la excusa para zambullirse a fondo en busca del gran pez. Sin excesivo ánimo de trivializar la búsqueda de Lynch, digamos que quizá su mayor y mejor ejemplar pescado sea Isabella Rossellini. Se encabeza cada revelador capítulo con una leyenda de los libros sagrados del hinduismo Upanishads Leyendas certeras, poéticas, deslumbrantes, como Sería más fácil enrollar el cielo entero como una pequeña tela que obtener la felicidad verdadera sin conocer el Yo Queda aclarado, pues, que David Lynch ha hecho ambas cosas, la fácil, enrollar el cielo como si fuera un pañuelo, y la difícil, obtener la felicidad tras conocer el Yo. He hallado cierto consuelo al enterarme de que mi desencuentro con parte de su cine se deba, tal vez, a que él estaba conociéndose mientras que yo lo suponía en otra actividad, no sé, más prosaica. De mí puedo decir que no tuve problemas, creo, para pescarle la idea en El hombre elefante o en Una historia verdadera pero que me gasté una pequeña fortuna en ver repetidas veces Mulholland drive hasta que di con el Yo, o sea, con el Él. Y ahora, tal y como Lynch lo explica en su libro, comprendo que fue un dinero bien invertido. Así lo dice: Mulholland drive iba a ser una serie para televisión, pero el tipo de la ABC que debía aprobar el proyecto sorprendentemente se aburrió, y lo rechazó. Para convertirlo en película... me puse a meditar y a los diez minutos, ¡chas! Pesqué las ideas, que me llegaron como un collar de perlas... Cómo pretender, luego, conseguir esas perlas por el módico precio de una sola entrada. En Carretera perdida y en Inland Empire ya no he conseguido ensartar ni una uña de nácar. TIRA Y AFLOJA Por César Oroz NO SIEMPRE ES DOMINGO El semen catalán POR XAVIER PERICAY ecididamente, los catalanes tienen la negra. Lo comprobé hace unos días leyendo el periódico. Nada más tropezar con el titular de la noticia, dirigí la mirada hacia el sumario y, en efecto, ahí estaba Cataluña. Encabezando las estadísticas. Y esta vez no se trataba del fracaso escolar. Ni de la red de Cercanías. Ni de la imparable decadencia de Barcelona, otrora ciudad olímpica. No, se trataba de algo mucho más grave y sustancial. Estábamos, estamos, ante la más que probable extinción D de la raza. Catalana, por supuesto. El caso es que el Instituto Marquès, junto a unos sesenta centros de reproducción asistida, ha realizado un estudio sobre la fertilidad de los jóvenes españoles en el que han participado más de 1.200 varones de entre 18 y 30 años. Y el caso es que el estudio ha arrojado unos resultados tremendos. Por un lado, parece que la calidad del semen de nuestros jóvenes deja mucho que desear. Vaya, que, puestos en el trance de concebir, lo tienen crudo, dado que más de la mitad no alcanzan el umbral de normalidad fijado por la OMS. La culpa, según los expertos, es de la contaminación y sus efectos. Pero no de los efectos sobre los propios jóvenes, sino sobre sus madres cuando los estaban gestando. En fin, que a los pobres no les queda más remedio que acarrear su falta de normalidad desde la cuna. ¿Y saben qué Comunidad se lleva la palma? Pues sí, Cataluña. Y, aun cuando no se la lleve en solitario- -la Comunidad Valenciana posee unos porcentajes idénticos- lo hace a una gran distancia de sus perseguidores. Y sobre todo de uno de ellos, la Comunidad de Madrid, ese fantasma omnipresente en los sueños de tantos catalanes, que se halla a ocho puntos. Supongo que se hacen cargo de lo que todo esto representa. Si esa dificultad en la concepción no se remedia, tarde o temprano podemos quedarnos sin catalanes. Por supuesto, no se me escapa que existen otras formas de procrear, a cuál más sofisticada. Y que incluso tenemos la adopción como recurso. Por no hablar de la inmigración, que lleva ya mucho tiempo engrosando nuestras cifras de población. Hay otros métodos, sí. Pero que nadie se llame a engaño: no estamos ante el mismo fenómeno, ni conceptiva ni conceptualmente. Cataluña ha sufrido ya a lo largo de su historia muchos implantes no deseados y, sin embargo, ha salido adelante. ¿Por qué? Porque en aquel entonces los catalanes seguían engendrando catalanes. Naturalmente. Ahora esto se acaba. Poco a poco, pero se acaba. ¿Qué proyecto de país puede levantarse con semejante perspectiva? ¿Qué derechos históricos pueden aducirse si lo pasado no va a guardar ya relación ninguna con lo presente? ¿Qué balanzas fiscales pueden sacarse a relucir? Dios los coja confesados.