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12 10 08 FIRMAS La crisis nos deja la incómoda sensación de que no se han hecho los deberes en ninguno de los centros de poder DE SAN BERNARDO PUNTO Y SEGUIDO Dos problemas POR PILAR CERNUDA n el grupo de amigas recordamos de vez en cuando lo que cuenta con mucha gracia una conocida. Un día se plantó ante el marido y, harta, le espetó: O la moto o yo La respuesta del marido fue inmediata: la moto. La historia acabó en divorcio, claro. Viene al caso porque también en política hay que saber echar órdagos. No se puede decir alegremente o haces esto o rompo la baraja, a no ser que seas capaz de asumir las consecuencias de que el de enfrente prefiera romperla. Rajoy debería reflexionar sobre las relaciones del PP con UPN, a punto de quebrarse, lo que provoca euforia en Ferraz. Es evidente que Miguel Sanz barre para casa, que quiere E mantenerse en el gobierno y que no desea romper con el PSOE, porque es el partido que le garantiza la permanencia, aparte de buenos dineros para Navarra. Pero dicho esto, la mayoría de los navarro, s que siempre han votado PP y luego votaron UPN, ven con buenos ojos que el precio a pagar sea la abstención ante unos Presupuestos en los que Navarra sale muy bien parada. Rajoy se sorprendería si supiera cuántos son los navarros muy pp que respaldan a Sanz y que se sienten profundamente incómodos por la posición del PP nacional cuando amenaza con la ruptura si Sanz no se aviene a aceptar su criterio ante los Presupuestos. Allá Rajoy, pero se equivoca si cree que en Navarra el PP puede barrer a UPN. Eso era antes. La UPN de Sanz y Barcina tiene bastante más apoyo social del que piensan en la calle Génova. A fin de cuentas, gracias al pacto entre UPN y PSOE la ikurriña no ondea en la sede de la presidencia, en Pamplona se sigue con tranquilidad el debate sobre el plan Ibarretxe y no se ha creado el órgano común vasco- navarro por el que claman los nacionalistas más radicales. ¿Qué hay que abstenerse ante los Presupuestos? Pues que pregunten a los votantes de UPN si creen que es un precio excesivamente caro. Al resto de los españoles, aunque también a los navarros, lo que nos angustia es la crisis, que alcanza cotas inimaginables. Dos problemas nos aquejan. Uno, se ha repetido hasta la saciedad, la falta de confianza. El segundo, el desconocimiento. Sólo los que conocen bien el mundo de las finanzas y de la banca son capaces de comprender lo que ocurre; solo ellos saben del alcance de las transacciones internacionales, iniciativas de alto riesgo e inventos financieros que tenían como objetivo solucionar los problemas originados por la falta de seguridad de operaciones anteriores. La falta de confianza es difícil recuperarla, pero en cambio el desconocimiento se cura, no hay más que preguntar, indagar... y echarle codos al asunto, estudiar. Al final la conclusión es siempre la misma: aquí hay millones de personas que van a pagar la irresponsabilidad de unos cuantos que se han enriquecido de forma salvaje y que han jugado con nuestros depósitos bancarios y créditos a su propia conveniencia. Ahora se ha inyectado una exageradísima cantidad de dinero a las entidades en peligro para que dejen de estarlo, lo que es de agradecer porque si no hubiera sido así hoy estaríamos hablando de quiebras masivas. Pero es evidente que los políticos que han tomado esas decisiones están obligados a ser vigilantes con el destino de los miles de millones de euros, libras y dólares que llegan estos días a las entidades financieras, porque lo que no se podría admitir de ninguna manera es que esos docenas de miles de millones de euros, libras y dólares sirvieran para que los superbancos y superempresas salieran del atolladero sin que el dinero llegara a las pequeñas y medianas empresas, de manera que pudieran sacar cabeza y salir adelante. Esto es lo que nos preocupa, más que los dimes y diretes políticos. Los optimistas, que los hay, afirman que de todas las crisis se sale fortalecido, porque se ponen en marcha medidas para eliminar los errores cometidos y reforzar los mecanismos de control. Ojalá. La crisis lo contamina todo. Y nos deja la sensación incómoda de que no se han hecho bien los deberes en ninguno de los centros de poder