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12 10 08 ACTUALIDAD ESPAÑOLES EN GUINEA La autora sostiene que la independencia de Guinea Ecuatorial fue demasiado temprana para que disfrutara de los potenciales beneficios de la transición democrática en España a descolonización y consiguiente aparición del estado de Guinea Ecuatorial fue un proceso largo y complejo, que se inició al menos una década antes. Fueron en gran medida las presiones internacionales, sabiamente impulsadas y aprovechadas por los nacionalistas guineanos, las que encontraron receptividad en los diplomáticos del Ministerio de Asuntos Exteriores español. El Ministerio de la Presidencia, a cargo de las colonias, sólo pudo intentar manipular el proceso, pero no impedir el resultado de la independencia, como sí lo hiciera para el Sáhara Occidental. Detrás quedaba una década en la que, a la represión de los años cincuenta, siguió un intento de incorporar a los colonizados al propio aparato colonial y a los planes de desarrollo que se aprobaban por aquel entonces en la metrópoli. En 1964 se estableció un Régimen de Autonomía para Guinea, en el que algunas de las élites nacionalistas pudieron disfrutar de ciertas responsabilidades políticas, y la población de algunas libertades aun desconocidas en la propia metrópoli. El proceso de independencia, sin embargo, se demos- L Alicia Campos Serrano. Investigadora de la Universidad Autónoma de Madrid, autora de De colonia a estado: Guinea Ecuatorial 1955- 1968 tró para entonces imparable, y entre 1967 y 1968 se llevó a cabo un traspaso de poderes a la manera británica, a través de una Conferencia Constitucional. A pesar del carácter negociado de la retirada española, el resultado se parecería más al de las violentas descolonizaciones lusófonas, que al de la mayoría de los estados de África Occidental. En los meses siguientes a la independencia, gran parte del aparato burocrático, y de la economía colonial se desmanteló, y los colonos españoles se marcharon del territorio. Y es que el ganador de las elecciones previas a la independencia, Macías Nguema, había vencido sin el apoyo de ninguna de las dos facciones del gobierno franquista que se habían disputado el control del proceso, con un discurso abiertamente anticolonial y antiespañolista. Por su parte, el Gobierno español se mostró mezquino y poco generoso en los tratados de cooperación económica firmados con su ex- colonia, a la que no garantizó un mercado favorable para los productos guineanos, ni el sostenimiento inicial de los presupuestos del nuevo estado. Lo que surgió de todo ello fue más hijo del colonialismo franquis- Saludo de los jugadores en la inauguración del nuevo estadio de Santa Isabel, la actual Malabo M. HERNÁNDEZ- SANJUÁN WE ARE HERE! FILMS ta que de la constitución liberal surgida de la Conferencia Constitucional. La situación de terror permanente que el gobierno de Macías impuso sobre la población, y la desaparición por asesinato o exilio de la pequeña élite económica e intelectual del país, situó a Guinea en niveles extremos de pobreza, y consolidó el miedo como forma de control político. La independencia en 1968 fue demasiado temprana para que Guinea disfrutara de los potenciales beneficios de la transición democrática en España: mientras la antigua metrópoli se libraba de la dictadura, en Guinea se extremaba la negación de derechos políticos y económicos a la población. Cuando en 1979 Obiang Nguema dio un golpe palaciego a su tío y se hizo con el poder en Malabo, el Gobierno español se aprestó a apoyarle como posible hacedor de la transición democrática guineana, obviando que el sobrino había sido responsable directo de la represión política de la etapa anterior. La ayuda española se convirtió en los años ochenta en la fuente más importante de recursos del Estado, de servicios sociales, y hasta de salarios al margen de la administración. El nuevo contexto creado por el fin de la Guerra Fría y la crisis financiera del estado en toda África también afectaría a las relaciones entre Guinea Ecuatorial y España: ésta se mostró más comprometida entonces con el cambio político, llegando a condicionar su ayuda al respeto de las reglas del juego democrático. Las presiones externas y la incipiente reorganización de grupos políticos de oposición en el país, contribuyeron al reconocimiento del multipartidismo y la celebración de elecciones más o menos abiertas, como las municipales de 1995. La explotación de petróleo desde mediados de los noventa, sin embargo, ha empoderado enormemente al dictador, y ha hecho desaparecer las presiones anteriores. España ha perdido tanto su capacidad de presión a través de la ayuda, como la voluntad política de contribuir a las libertades democráticas de los guineanos. Y ha optado en los últimos tiempos por respaldar abiertamente al Gobierno de Obiang, con una mezcla de argumentos de interés nacional, y de actitudes racistas no confesadas. Queda así cada vez más patente a los ojos de muchos guineanos, que los deseables cambios políticos y económicos, si llegan, lo harán al margen de la antigua metrópoli.