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2- 3 D 7 LOS DOMINGOS DE Padre e hijo con los compañeros del brigada: celebraban las bodas de plata ahí, en sus enseñanzas, en sus consejos. En su determinación de llegar a ser subteniente. Pero primero- -me explica- -que me den el 10 de julio los galones de sargento Será justo dos días antes de que cumpla los 25, fecha en la que su padre, veinticinco años atrás, había conquistado el mismo empleo. El pasado 7 de junio, cumpleaños del brigada, Luis Conde celebró las bodas de plata en la academia de suboficiales de Talarn (Lérida) con Iván y con Lourdes, que los retrató juntos, los dos de uniforme, mientras el padre se llenaba de orgullo con el hijo militar ante los compañeros que no veía desde hacía años. Se nos ha quedado pendiente la foto de los dos con el uniforme azul de gala por Santa Bárbara dice la viuda del artillero. En cambio, sí le dio tiempo al brigada a inculcarle a Iván la importancia del estudio, el afán de superación, la imperiosa necesidad de manejar el inglés como si fuera su propia lengua, y la informática con soltura... Bien sabía él, hijo de un pastor, de la trascendencia de imponerse y conquistar metas. Tenía miedo de que me acostumbrara a vivir como soldado raso, sin más aspiraciones, y que no intentara progresar, que me quedara aperruñado como él dice (el presente se cuela de forma reiterada, aún es pronto para el callo de la ausencia) Le hervía la sangre con eso, pero no sólo conmigo, sino con toda la tropa. ¡La de veces que los animaba a tirar para adelante! Era superior a sus fuerzas que la gente se conformara con un sueldo para más o menos vivir, renovando contratos, y luego, a los 45, a la calle. ¿Y qué haces entonces? Casado, con hijos, sin apenas posibilidades de empleo... Por eso nos insistía en que uno no se puede conformar con el Dios dirá, que hay que ponerse metas y alcanzarlas. Más que nunca, yo quiero ser un buen militar porque lo quiero yo y porque lo quería mi padre Las misiones en el extranjero voluntarias las ha descartado. A mi novia, Verónica, le da algo si me voy seis meses; pero si el Ejército me manda, iré encantado, aunque no podría dar otro palo a mi familia, no sabes lo que te puede pasar, y con la mala suerte que tengo... Mi novia me pregunta a veces ¿y si te mandan fuera? Pues voy y ya está, le digo, porque yo hice un juramento y lo que juro lo cumplo, que no soy un hombre de decir cosas con la boca pequeña. A nosotros nos preparan para ir a la guerra o para lo que tu país te requiera, eso va con el juramento a la bandera, porque has jurado defenderla donde sea y eso es inamovible. Con el asesinato de mi padre el sentimiento, antes que la obligación, de darlo todo no ha cambiado ni un ápice. Mi novia tampoco ha cambiado, aunque ahora tiene más ansias de que llegue el día de la entrega de despachos... Ella se tiene que dar cuenta de que es la profesión que yo he elegido, que, como todas, tiene sus pros y sus contras. Mi padre me decía que el trabajo no son dos días, sino toda una vida, y no puedes estar en una profesión que no te gusta porque lo único que vas a tener es amargura. Por eso debemos hacer lo que te satisfaga y hacerlo bien, con un sueldo fijo que te permita sacar adelante a una familia. Porque quién le iba a decir a mi padre que le iba a tocar a él. Se juntaron muchas cosas, mucha mala suerte... No tenía miedo, sabía que era una profesión difícil, pero no tenía miedo. Eso de cambiar de costumbres por evitar riesgos... Yo tampoco, ni pienso. Por eso le he dicho a Verónica que ella se centre, acabe su carrera, y que mi vida es esta y si hay que hacer o ir a donde sea, se apechuga y ya está Desde la cuna El veranillo de San Miguel no afloja esta mañana de domingo y por la ventana de la casa de la viuda de Conde se ven transeúntes en mangas de camisa. Iván está un poco apurado porque ha encargado una tarta de cumpleaños para su madre y le van a cerrar la pastelería. Otra excusa, al fin dulce, para compartir orfandad con el resto de la familia, y para pedir un deseo. Suena el teléfono. Es Mari Mar Blanco. Y Lourdes le dice ¡cuántas ganas tenía de hablar contigo! ¿Sabes? Dicen que nos parecemos mucho en el carácter Y entonces Lourdes sonríe. Como cuando recuerda a Iván con dos años subido a los carros de combate en el cuartel de Astorga, el primer destino del padre como sargento. Hoy, 22 años después, Iván dice que España espera de él que cumpla con mi deber, que es el defenderla y mantener su unidad y mira al futuro de un Ejército moderno, flexible, bien instruido, capacitado para cualquier misión y cualquier requerimiento. Ese debe ser su objetivo. Habrá que acudir a más misio (Pasa a la página siguiente) Iván Conde prepara su uniforme militar sobre la cama de sus padres