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12 10 08 EN PORTADA Militares La muerte no es el final POR VIRGINIA RÓDENAS FOTOS: JAIME GARCÍA ABC ¿Juráis por Dios o prometéis por vuestra conciencia y honor, cumplir fielmente vuestras obligaciones militares, guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, obedecer y respetar al Rey y a vuestros jefes, no abandonarlos nunca y, si preciso fuera, entregar vuestra vida en defensa de España? (Juramento a la bandera) H onor y gloria a los que dieron su vida por la patria ¿Y? En la casa del barrio de San Lorenzo donde vivía el brigada Luis Conde de la Cruz con su mujer Lourdes y su hijo Iván, la muerte desnuda y brutal, sin grandilocuencia, descompone la rutina familiar, arranca de cuajo esos planes mínimos inmediatos- ¿quién descargará ahora las fotos del último viaje? y ahoga en sollozos contenidos la conversación en vísperas del aniversario. Porque el pasado lunes el brigada tenía que haberse sentado a la mesa con su mujer y su hijo para celebrar el 24 aniversario de su boda- nos casamos cuando era alumno de la academia -y el 44 cumpleaños de su esposa. Pero la normalidad se ha hecho añicos. Por eso, como si la urgencia pudiera acorralar tanta pena, Lourdes trajina por la casa con premura; abre y cierra álbumes, abre y cierra cajones... ¡Hay tantas cosas a medias! El padre ya estaba moviendo los hilos para dar, en julio, él mismo al chico el despacho de sargento ¿Qué mayor honor y gloria podía haber para Iván Conde Rodao? El mayor orgullo para el padre muerto. Y qué consuelo para Lourdes fue llevar en los funerales el traje beige claro que el brigada le había regalado. A Luis y a mí no nos gustaban ni el negro, ni los velatorios... Lo dice justificándose, como justifica que no romperse las vestiduras en público no fuera falta de amor. ¡Cómo es posible tanta miseria! Segovia, una ciudad pequeña, San Lorenzo, un barrio pequeño... Y ese mal endémico del cotilleo inmisericorde. ¡Y tú como vienes así! me cuenta la viuda que le dijo una mujer que entró en la capilla ardiente de la Academia de Artillería. Ataviada con una chaqueta, unos pantalones vaqueros, unas zapatillas de deporte, su indumentaria era la de una superviviente recién llegada del terror. El avío, sin más, tras horas deambulando por Santoña, sin saber, llamando a los hospitales porque no la dejaron subir a la ambulancia con su marido mortalmente herido a pesar de ser la esposa y de ser sanitario, intentando escapar del olor a gas cuando tras la explosión les conminaban a meterse otra vez en la residencia, a volver a la misma habitación que habían abandonado a toda prisa para no ser cazados como conejos, luego pidiendo que no la dejaran sola porque temía desplomarse en cualquier momento mientras el perímetro de seguridad se iba haciendo cada vez más extenso y su espacio vital más pequeño, sin que se le fuera de la cabeza por qué no la habían dejado subirse a la maldita ambulancia, ¡después de que sólo había sido capaz de tomarle el pulso al brigada! y de advertirle al capitán ATS herido cuando llegue la ambulancia, mi marido es el primero en la evacuación porque está más grave que tú y de ver llegar a los servicios de urgencia y de ver cómo se llevaban a Conde el primero, que ella jamás hubiera consentido otra cosa... Sin aliento. ¿Y tú quién eres? la asaltó otra paisana en la Academia de Segovia ante el cadáver de su marido. ¡Y ya no pude más! Y me salí Como las lágrimas. La mañana del pasado domingo, 12 días después del atentado, las voces seguían golpeando la cabeza de Lourdes. La pena se hace más ancha y más poderosa cada día. Ella lo siente así. E Iván presiente que el padre está Conde y su hijo en la academia de Talarn, el pasado 7 de junio Quiero ser un buen militar porque lo quiero yo y porque lo quería mi padre. Y, ahora, con más tesón, si cabe. Él temía que me quedara aperruñado su afán era que me superara