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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE IN MEMORIAM Marpessa Dawn La Eurídice de Orfeo Negro Marpessa fue la belleza gitana perseguida por la Muerte en Orfeo Negro, la racial película con la que Marcel Camus hizo famosos a los brasileños Vinicius de Moraes y Antonio Carlos Jobim POR EDUARDO CHAMORRO ersiguiendo a las sombras en vano, así deja Virgilio en sus Geórgicas al pobre Orfeo tras los pasos más sombríos de Eurídice, perdida por segunda y definitiva vez entre los humos del Hades, de donde la sacara bajo el pacto de no mirarla durante su huida de los Infiernos. Pero Orfeo, enamorado y con la cabeza a pájaros, la miró de nuevo, y así se quedó sin Eurídice para siempre: Hacia atrás de nuevo los crueles hados me llaman, y esconde el sueño mis flotantes ojos. Adiós ya; soy llevada envuelta en las sombras de la inmensa noche, hacia ti, tendiendo, ¡ay! ya no tuya, mis impotentes manos Eurídice tardó siglos en ser otra vez Eurídice, aunque luego lo fue muchas veces, una de ellas en Brasil y en la carne y los encantos de una mujer de belleza a veces asombrosa, y a veces como dormida bajo un muy profundo hechizo, nacida en Pittsburgh, Pennsylvania, el 3 de enero de 1934, y bautizada como Gitana Marpessa Dawn Menor. El zigzagueante camino de esta renovada mujer de Orfeo hacia el amor y el abismo de todos los sueños iba a tener algo de laberinto. Aquella gitana nacida en el Nuevo Mundo viajó a Inglaterra y se hizo actriz de televisión en alguna que otra serie para adolescentes. Después pasó a Francia y cantó y bailó en los clubes nocturnos de donde salió para trabajar como gobernanta hasta que Marcel Camus puso su vista en aquel cuerpo con el que Just Jaeckin ya había comenzado a ensayar sus Enmanuelles. Marcel Camus, del que años después se hablaría mucho y más detenidamente a cuenta de su película Femenino Plural, decidió que ella era la dama más adecuada para ir y venir de entre los muertos según un vértigo ideado y puesto en la escena teatral por el brasileño Vinicius de Moraes bajo el título de Orfeu da Conceiçao, más tarde Orfeu Negro, que fue el título de la película: una celebración de la negritud donde antes reinara Carmen Miranda. Manha de Carnaval en los que el amor y la felicidad se hacen con todo tan sólo para desaparecer más tarde como el rocío de la mañana. Precisamente lo mismo que años después cantaría Marianne Faithfull con los Chieftains: Love is teasing... and it fades away like the morning dew (Se burla el amor... y se evapora como el rocío de la mañana) La película ganó la Palma de Oro en el Festival Internacional de Cannes de 1959 y, un año después, el Oscar al mejor filme en lengua no inglesa. Marcel Camus supo meterse al público en el bolsillo gracias a una brillante combinación del candor antropológico del folklorista con la taimada ingenuidad del campesino tercermundista y P Apoteosis de la bossa nova Y, efectivamente, fue una apoteosis racial, brasileña, colorista y musical. Allí donde Eurídice revisitaba su doble muerte fue donde renació la bossa nova para el público internacional que se rindió a la música de Vinicius de Moraes y de Antonio Carlos Jobin y Luiz Bonfá, autores de los dos temas cruciales de la película: A felicidade y El desdén de los amuletos suburbial, eterno aprendiz de astucias, presa infinita del desdén del destino hacia los amuletos. Porque los amuletos podrían haber salvado a la joven campesina Euridice que llega al carnaval de Río sin, naturalmente, saber que la pasión que su cuerpo y la danza pondrán en el cuerpo del guitarrista Orfeo será la muerte de ambos. Porque la guitarra podría haber servido como la lira de Orfeo, perdida, sustraída, extraviada y puesta de nuevo en su lugar entre cabras y gallinas tan ominosas como son siempre esas pequeñas fieras. Pero, al igual que el encanto de Marpessa Dawn sobre Bruno Mello en el papel de Orfeo alcanzaba una evidencia casi física- -a pesar de su adolescencia- la hermosura de la cimbreante criatura no era menos eficaz a la hora de convocar a la Muerte en la reclamación de su presa para el Hades. Una Muerte absurda, infantil y grotesca, a la que ni siquiera se le podría reprochar su carácter de cartón porque no era sino un saltimbanqui enfundado en un traje de neopreno negro pintarrajeado con los huesos y la mueca de la Muerte. Es lo que se le vino encima a la gitana en París, el pasado 25 de agosto. De gobernanta a Enmanuelle Marpessa Dawn y Breno Mello en una escena de Orfeo Negro ABC