Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
5 10 08 EL LIBRO BIBLIOTECA NUEVA Eliminar a Fidel Castro Weiner traza en este libro la historia de la CIA desde su fundación tras la Segunda Guerra Mundial hasta su colapso tras la guerra de Irak. El relato trepidante y documentado de una realidad que superar a cualquier ficción. En el pasaje que reproducimos, se narra cómo en la crisis de los misiles en Cuba se barajó desde un ataque a las tropas soviéticas hasta la eliminación de Fidel Castro a CIA se había engañado al pensar que los soviéticos jamás enviarían armas nucleares a Cuba. Pero ahora que había visto los misiles, seguía sin ser capaz de captar la mentalidad soviética. No puedo entender su punto de vista- -se lamentaba el presidente Kennedy el 16 de octubre- ¡Maldita sea! es un misterio para mí. No conozco lo suficiente sobre la Unión Soviética. Kennedy ordenó que se prepararan tres planes de ataque: uno, destruir los silos de misiles nucleares con la fuerza aérea o los jets de la marina; dos, organizar un ataque aéreo de mucha mayor envergadura; tres, invadir y conquistar Cuba. Sin duda vamos a hacer el número uno- -dijo- Vamos a quitar de ahí esos misiles. La reunión terminó a la una de la tarde, después de que Bobby Kennedy abogara por la invasión a gran escala. Luego la conversación pasó a girar sobre la guerra secreta. Tenemos una lista de opciones de sabotaje, señor presidente- -dijo Bundy- Presumo que está usted a favor del sabotaje. Y ciertamente lo estaba. Se autorizó a diez equipos de cinco agentes de la Operación Mangosta a infiltrarse en Cuba en submarino. Sus órdenes eran volar barcos soviéticos poniendo minas submarinas en puertos cubanos, atacar tres silos de misiles tierra- aire con ametralladoras y morteros, y quizá buscar las lanzaderas de los misiles nucleares. Los Kennedy estaban cambiando radicalmente, y la CIA era su instrumento más directo. El presidente salió de la reunión dejando dos opciones militares sobre la mesa: un ataque sorpresa a Cuba y una invasión a gran escala. Sus palabras de despedida fueron una petición para ver a McCone a la mañana siguiente, antes de partir en un viaje de campaña electoral a Connecticut. El general Carter, McNamara, Bundy y unos cuantos más se quedaron. El subdirector de la central de inteligencia, Marshall Carter, tenía 61 años y era un hombre bajo, rechoncho, calvo y de afilada lengua. Había sido jefe de estado mayor del NORAD, el Mando de Defen- L Título: Legado de Cenizas. La historia de la CIA Autor: Tim Weiner Editorial: Debate Páginas: 728 Precio: 35,90 Euros sa Aérea norteamericano, durante el mandato de Eisenhower. Conocía las estrategias nucleares de Estados Unidos. Ahora, con el presidente fuera de la sala, el hombre de la CIA expresó en voz alta su más profundo temor: Irrumpes allí con un ataque sorpresa- -dijo Carter- Eliminas todos los misiles. Pero ese no es el final, es solo el comienzo Él creía que iba a ser el primer día de la Tercera Guerra Mundial. A las once de la mañana del jueves 18 de octubre, McCone y Art Lundahl fueron a la Casa Blanca con nuevas fotos del U- 2. En ellas se mostraba un nuevo conjunto de misiles de mayor tamaño, cada uno de ellos con un alcance de 3.500 kilómetros, capaces de alcanzar todas las ciudades estadounidenses importantes salvo Seattle. McCone dijo que las bases de misiles estaban controladas por tropas soviéticas; McNamara señaló que un ataque aéreo sorpresa a las bases mataría a varios centenares de soviéticos. Atacarles representaría un acto de guerra contra Moscú, no contra La Habana. Aquel día, McCone obtuvo dos votos en favor de su argumento del bloqueo respaldado por la amenaza de un ataque. Uno fue el de Eisenhower; el otro, el de Robert Kennedy; ambos habían adoptado ahora la postura de McCone. Seguían estando en minoría, pero al menos cuestionaban la tendencia general. El presidente, sentado a solas en el Despacho Oval cerca de la medianoche, se dijo a sí mismo, hablando directamente a los micrófonos ocultos, que obviamente las opiniones se han apartado de las ventajas de un primer ataque Ahora bien, ¿qué hacemos ma- Tim Weiner Periodista. Premio Pulitzer por su trabajo sobre misiones secretas relacionadas con la seguridad Kennedy ordenó que se prepararan tres planes: uno, destruir los silos de misiles nucleares; dos, organizar un ataque aéreo de mucha mayor envergadura; tres, invadir Cuba McNamara señaló que un ataque sorpresa a las bases mataría a varios centenares de soviéticos. Atacarles representaría un acto de guerra contra Moscú, no contra La Habana ñana por la mañana, cuando esos ocho barcos sigan su ruta? -preguntó el presidente Kennedy- ¿Tenemos claro- -un momento de silencio, una risita nerviosa- -cómo vamos a reaccionar? Nadie lo sabía. Se hizo otro breve silencio. Disparándoles al timón, ¿no? dijo McCone. La reunión terminó. Kennedy firmó la declaración de cuarentena. A continuación, él y su hermano se quedaron a solas durante unos minutos en la sala del gabinete. Bueno, parece que esto va a ser malo de verdad. Pero, por otra parte, lo cierto es que no hay otra opción- -dijo el presidente- Si se lo toman por la tremenda... ¡Dios mío! ¿qué coño harán después? Su hermano le dijo: No había otra opción. Quiero decir que, de haber tomado otra, te habrían recusado El presidente estuvo de acuerdo: Sí, me habrían recusado La primera parte de la estrategia de McCone estaba funcionando; la cuarentena de los cargamentos soviéticos se mantendría. Pero la segunda parte iba a ser mucho más difícil. Como él mismo no dejaba de recordar al presidente, los misiles seguían estando ahí; las cabezas nucleares estaban ocultas en algún lugar de la isla, y el peligro aumentaba. ¿Y qué otro camino hay? -preguntó el presidente- La alternativa es que realicemos el ataque aéreo o la invasión. Pero todavía tenemos que afrontar el hecho de que, si les invadimos, para cuando lleguemos a los silos, después de una lucha muy sangrienta, nos encontraremos con eso, con que nos estarán apuntando. Así que todo sigue reduciéndose a la cuestión de si van a disparar o no los misiles. Eso es correcto dijo McCone. Entonces la mente del presidente pasó repentinamente de la diplomacia a la guerra. Quiero decir que, aparte de la diplomática- -dijo Kennedy- no hay otra acción que podamos emprender, la cual no nos libra inmediatamente de ellos. La otra vía, creo, sería una combinación de un ataque aéreo y una probable invasión, lo que significa que tendríamos que realizar